Medical News

/ Published on December 5, 2006

Centroamérica

La nutrición infantil eleva el crecimiento económico

La autora es la Directora del Departamento de Desarrollo Humano, Oficina Regional para América Latina y el Caribe, del Banco Mundial.

Evangeline Javier 
 
Una niña afectada por la desnutrición durante sus dos primeros años sufrirá un daño irreparable durante toda su vida que afectará su capacidad de aprendizaje, habilidades como adulto, y su incorporación al proceso de desarrollo del país.

En América Central, una de las regiones del mundo con mayor prevalencia de desnutrición, esta condición contribuye directamente al aumento de la pobreza y, en el largo plazo, afecta en forma negativa el crecimiento económico del país hasta en 3 por ciento de su PIB anual.

El reciente informe del Banco Mundial titulado La Revalorización del Papel Fundamental de la Nutrición para el Desarrollo indica que la desnutrición continúa siendo uno de los problemas más graves del mundo: alrededor del 30 por ciento de la población infantil está desnutrida, contribuyendo al 60 por ciento de la mortalidad a través de enfermedades comunes, como el paludismo y la diarrea.

Según hallazgos de otro informe reciente del Banco Mundial Desafíos de Salud en Centro América: Diagnóstico de la Situación e Implicaciones Estratégicas, el problema reviste mucha más gravedad en Centroamérica, especialmente en Honduras, Nicaragua, Guatemala y El Salvador, en donde el progreso en la reducción de las tasas de desnutrición se ha mantenido estancadas por más de una década.

¿Qué se puede hacer para bajar las alarmantes tasas de desnutrición en América Central? Hay cinco elementos claves para lograr esto: prevención, focalización, educación, acción y medición.

La prevención es prioritaria. La única alternativa para reducir la tasa de desnutrición crónica es a través de medidas preventivas. Las acciones más importantes incluyen el monitoreo regular del peso y talla de niños para detectar problemas de malnutrición cuando éstos son aún prevenibles, y el establecimiento de lazos directos con el sistema de salud para armar un sistema de alerta e intervención temprana.

La focalización de esfuerzos debe dirigirse a mujeres embarazadas y a niños durante los primeros 24 meses de su vida. Un niño empieza a desnutrirse desde la etapa de gestación, y el problema se vuelve irreversible después de los dos años.

La educación a las madres sobre prácticas de higiene, así como la importancia de la lactancia exclusiva y de adoptar prácticas adecuadas de nutrición es fundamental. Varios países de la región están implementando programas, combinando estos tres elementos, y la evidencia de su impacto está demostrando que la estrategia tiene mucho potencial.

Esta estrategia se implementa a nivel comunitario involucrando a madres directamente en la promoción del crecimiento saludable de los niños. Este tipo de estrategia comunitaria ya demostró tener un impacto positivo sobre el conocimiento, actitudes y comportamientos de las madres en relación a la nutrición y cuidado del niño y a la demanda de servicios de salud.

La acción inmediata por medio de estrategias que permitan prevenir la desnutrición de los menores de dos años es urgente. Las preocupantes tasas de desnutrición crónica en algunos países de la región y el bajo progreso alcanzado durante la última década exigen intervenciones efectivas en el corto plazo. La experiencia ganada hasta el momento ha demostrado que las iniciativas implementadas por las comunidades tienen un gran potencial para atacar el problema de la desnutrición y son más efectivos en términos de costos. El costo unitario de dichas iniciativas es sustancialmente inferior a esquemas menos efectivos como la provisión de alimentos y, a la vez, su impacto es considerablemente más alto.

Medir el impacto de las iniciativas para prevenir la desnutrición crónica es un aspecto fundamental de la estrategia general. En países como los centroamericanos, en donde el fenómeno es preocupante especialmente en zonas rurales y entre comunidades indígenas, es necesario contar con sistemas que permitan hacer un monitoreo permanente del progreso logrado.

Resultados iniciales del programa Hondureño AIN-C demuestran que las mujeres al cuidado de niños en el AIN-C tenían practicas mejores que mujeres fuera del programa. Eran más propensas a tener sus niños con inmunizaciones completas, dar lactancia materna exclusiva durante los primeros seis meses, a no haber usado biberones, a conservar e interpretar tarjetas de control de crecimiento y a recibir suplementación con hierro para sus niños mayores de cuatro meses.

También tenían mejores conocimientos con respecto a reconocer signos de peligro de deshidratación e infecciones respiratorias agudas, en saber cómo estimular el apetito del niño para asegurarse de que coma bien y en saber cómo tratar un episodio de diarrea. Finalmente, el programa es costo-efectivo con un costo anual recurrente por niño menor de tres años de US$ 6.00.

Una estrategia con mucho potencial que combina estos cinco elementos es el modelo comunitario de atención integral a la niñez -AIN-C (Atención Integral en la Comunidad). Modelos como los implementados en Honduras, Guatemala o El Salvador, que siguen los principios arriba mencionados, han sido reconocidos como eficaces en función de los costos. Son estrategias basadas en la comunidad y desarrolladas por voluntarios (madres y padres), por promotoras de salud y el resto del equipo local de salud.

Los trabajadores comunitarios son voluntarios que orientan a las madres sobre el cuidado de sus niños pequeños y las derivan a servicios de asistencia médica primaria para inmunizaciones, suplemento de micronutrientes, y otros apoyos claves. Este tipo de estrategia comunitaria ya demostró impacto positivo sobre el conocimiento, actitudes y prácticas de comportamientos de las madres relacionadas a la nutrición y cuidado del niño; sobre la demanda de servicios de salud y sobre las tasas de desnutrición crónica. Recientes resultados de una evaluación de un programa comunitario en Madagascar demuestran impactos significativos en la reducción de la desnutrición crónica.

Mejorar el estado nutricional y de salud de niños menores y mujeres embarazadas constituye el punto de partida para superar uno de los mayores obstáculos para la acumulación de capital humano y para romper la transmisión intergeneracional de pobreza. Teniendo en cuenta la gran magnitud de los retos, es necesario que la sociedad y la comunidad internacional sigan sumando esfuerzos con los gobiernos para el logro de este objetivo. Prevenir la desnutrición crónica a través de estrategias integrales como las mencionadas anteriormente es parte de la agenda de desarrollo humano que apoya el Banco Mundial.

Con el fin de compartir experiencias de países e incentivar a gobiernos y sociedades a tomar acciones concretas para reducir la desnutrición en la región, se llevó a cabo el Taller de Trabajo Combatiendo la Desnutrición Crónica en Centro América en la ciudad de Tegucigalpa, entre los días 27 de noviembre y primero de diciembre. Dicho taller, en el cual cada país de Centroamérica estuvo representado, contó con la presencia de la Primera Dama de Honduras, Xiomara Castro de Zelaya; la Primera Dama de Guatemala, Wendy de Berger, y expertos nacionales e internacionales en el tema. Asimismo, sirvió como un foro para diseminar los logros alcanzados a la fecha en estrategias comunitarias para enfrentar la desnutrición, analizando preguntas claves en la operación de este tipo de programas, y compartiendo prácticas exitosas, con el objetivo de identificar posibles mejoras a los programas que ya están en marcha.