Nos miden por productividad, por la duración de la estancia y por el tiempo hasta la finalización del gráfico. Precisión de la documentación. Completar la medida. Asistencia. Puntuaciones de satisfacción. Uso del conjunto de recursos hospitalarios. Ad infinitum. Algunos nos miden y se miden por el vehículo que conducen, por la casa que compraron, por los billetes que acumularon.
Aunque busco cumplir con estos temas, no pierdo de vista que mi trabajo se resume mejor así: trabajo para mi paciente.
Si me ves molesto y te preguntas por qué la falta de atención me altera; si me oyes tenso en una conversación o soy un tanto distante, intentando mantener el decoro profesional; si me ves caminando rápido por el pasillo durante el turno de guardia, casi corriendo; si ves que evito las conversaciones largas en las horas pico de mi turno... por favor, entiende.
Hay una métrica vital que sigo. Soy médico de emergencias. En algunos lugares geográficos nos llaman hospitalistas. Por favor, entiende que nos especializamos en el cuidado de personas muy graves. A veces, hasta podríamos decir: "nuestro paciente común y corriente está intentando morir activamente". Nuestro paciente suele correr el riesgo de deteriorarse rápidamente, a menudo, hasta el punto de perder la vida. Nuestro trabajo es esforzarnos al máximo para mantenerlo a salvo. Esta tarea y desafío se enfrenta en cada turno, y para el equipo que toma la guardia a las 20 horas, sucede noche tras noche.
Así que mientras que la sanidad supervisa sus propios indicadores de rendimiento, según la industria, por elección yo me autosuperviso. El índice en el que me centro es una métrica autoasignada y elegida por uno mismo. Lo llamo: métrica de uno. Y prefiero cero, aunque no siempre lo consigo.
No deseo que uno, ni un solo paciente asignado a mi cuidado, sufra injustificadamente o fallezca en una muerte innecesaria, o que lo haga mal, si es que hay algo que pueda hacer para evitarlo. A veces, la enfermedad ya está avanzada cuando recibimos pacientes; a veces, la Parca nos gana.
Sin embargo, si es posible, si se pudiera hacer algo para rescatar a una persona que se ha presentado ante nosotros para recibir cuidados, el deber me corresponde. Y, al a vez, espero que todos pensemos igual y pongamos todo el esfuerzo de forma diligente. Al menos, que la muerte no ocurra por falta de esfuerzo o de cuidado.
Así que, por favor, entiéndeme. Ten paciencia conmigo. No es por mi ego ni por el tuyo, ni porque crea que soy inteligente, ni por un número, un porcentaje o una métrica. Es porque el tiempo es fundamental y la vida humana es valiosa.
No me gustaría que ninguna familia organizara un funeral que, de otro modo, no habría tenido que hacer. No quiero que un joven pierda a la chica de sus sueños y a la madre de sus hijos pequeños, ni quiero que una señora mayor pierda a su amor del instituto, con quien ha estado más décadas de las que tengo por edad.
Esto es lo que me motiva. Este es mi deber... hacia mis pacientes y sus familias. Un paciente es una persona, igual que yo, e importa para alguien, más de lo que podríamos imaginar. Cuando su fuerza vital se extingue, no hay forma de recuperarla. Ni siquiera la IA puede.
No queremos perder (innecesariamente) a ninguno de ellos.
Esta es mi métrica.
La métrica de uno.