Héctor Mario Lavalle
El número de juicios contra el cuerpo médico aumenta en progresión geométrica. Según ADRA, cada 5 médicos 1 está enjuiciado (cifra ésta en la que no estamos totalmente de acuerdo, pero que no se aleja demasiado de la realidad).
Este nueva situación, que complica la ya compleja vida de los profesionales, produjo entre los afectados una serie de reacciones que van desde la repercusión en su salud hasta la creación de medios de defensa. Entre éstos se encuentra la práctica de la medicina defensiva.
Se entiende por tal el número exagerado o hipertrofia de solicitud de análisis de laboratorio, de exámenes por imágenes, de interconsultas y derivaciones, mayor cantidad de días de internación, exagerada medicación, dilación de cirugías, mayor número de exámenes instrumentales, etcétera, que el médico realiza en forma consciente o inconsciente.
Esta sobreprestación se realiza con la creencia de que ante un litigio, tendría el médico una mejor posición frente al Juez, ya que piensa que al indicar todo tipo de estudios, quedaría clara su preocupación por el paciente.
Pero estos comportamientos no implican mayor calidad de medicina. Por supuesto que en oportunidades es muy fina la línea que separa lo necesario de lo superfluo.
Dio el alerta la American Medical Asociacion, cuando publicó en plena euforia de los juicios en EE.UU. (1984) que la medicina defensiva ocasionaba gastos por 15.000.000.000 de dólares anuales.
Impresionado por la magnitud de la cifra, por cinco años realicé una encuesta entre 600 médicos para medir (en Capital Federal, Rosario, Paraná, Corrientes, San Juan, Mendoza, Córdoba y Chaco) la incidencia en nuestro país de la medicina defensiva. La encuesta arrojó que el 70% de los médicos practicaba medicina defensiva de una u otra forma.
Si pensamos que alrededor del 20% de los médicos practica una medicina burocrática y que de los restantes, el 70% realiza medicina defensiva, obtendremos 67.200 médicos con actividad diaria frente a pacientes. Aquí no hacemos diferencias entre actividad privada y hospitalaria. Demos por cierto que cada médico atiende un promedio de 17 pacientes diarios. De éstos, 5 no cumplen con las prescripciones por diversas razones, de manera que quedan a nuestros fines 12 pacientes que cumplen las órdenes médicas.
El número de médicos —67.200— multiplicado por los 12 pacientes y por 22 días del mes y por 11 meses (67.200 x 12 x 22 x 11 ) nos da la cifra del total de consultas anuales que corresponden a 195.148.800.
Arbitrariamente calculamos una cifra modesta que equivale a una sobreprestación por cada paciente en 3,5 dólares. De manera que el total de consultas anuales multiplicadas por el valor de la sobreprestación (3,5 dólares) nos da la cifra que representa el gasto anual en medicina defensiva y en dólares y que corresponde a 683.020.800. Esta cantidad corresponde al 0,72% del PBI del año 2004.
Es, sin duda, un gasto de magnitud. Esa sobreprestación, si la hace un médico de hospital público, la pagamos a través de los impuestos. Si la hace el de la prepaga, también la pagamos a través de los aumentos de cuotas. En una palabra, el costo siempre recae en la población.
Publicado el 4 de junio de 2006
Debate
La medicina defensiva es cada vez más costosa
El exceso de estudios —para protegerse de eventuales juicios— encarece progresivamente el gasto de la medicina pública y privada.
Héctor Mario Lavalle
El número de juicios contra el cuerpo médico aumenta en progresión geométrica. Según ADRA, cada 5 médicos 1 está enjuiciado (cifra ésta en la que no estamos totalmente de acuerdo, pero que no se aleja demasiado de la realidad).
Este nueva situación, que complica la ya compleja vida de los profesionales, produjo entre los afectados una serie de reacciones que van desde la repercusión en su salud hasta la creación de medios de defensa. Entre éstos se encuentra la práctica de la medicina defensiva.
Se entiende por tal el número exagerado o hipertrofia de solicitud de análisis de laboratorio, de exámenes por imágenes, de interconsultas y derivaciones, mayor cantidad de días de internación, exagerada medicación, dilación de cirugías, mayor número de exámenes instrumentales, etcétera, que el médico realiza en forma consciente o inconsciente.
Esta sobreprestación se realiza con la creencia de que ante un litigio, tendría el médico una mejor posición frente al Juez, ya que piensa que al indicar todo tipo de estudios, quedaría clara su preocupación por el paciente.
Pero estos comportamientos no implican mayor calidad de medicina. Por supuesto que en oportunidades es muy fina la línea que separa lo necesario de lo superfluo.
Dio el alerta la American Medical Asociacion, cuando publicó en plena euforia de los juicios en EE.UU. (1984) que la medicina defensiva ocasionaba gastos por 15.000.000.000 de dólares anuales.
Impresionado por la magnitud de la cifra, por cinco años realicé una encuesta entre 600 médicos para medir (en Capital Federal, Rosario, Paraná, Corrientes, San Juan, Mendoza, Córdoba y Chaco) la incidencia en nuestro país de la medicina defensiva. La encuesta arrojó que el 70% de los médicos practicaba medicina defensiva de una u otra forma.
Si pensamos que alrededor del 20% de los médicos practica una medicina burocrática y que de los restantes, el 70% realiza medicina defensiva, obtendremos 67.200 médicos con actividad diaria frente a pacientes. Aquí no hacemos diferencias entre actividad privada y hospitalaria. Demos por cierto que cada médico atiende un promedio de 17 pacientes diarios. De éstos, 5 no cumplen con las prescripciones por diversas razones, de manera que quedan a nuestros fines 12 pacientes que cumplen las órdenes médicas.
El número de médicos —67.200— multiplicado por los 12 pacientes y por 22 días del mes y por 11 meses (67.200 x 12 x 22 x 11 ) nos da la cifra del total de consultas anuales que corresponden a 195.148.800.
Arbitrariamente calculamos una cifra modesta que equivale a una sobreprestación por cada paciente en 3,5 dólares. De manera que el total de consultas anuales multiplicadas por el valor de la sobreprestación (3,5 dólares) nos da la cifra que representa el gasto anual en medicina defensiva y en dólares y que corresponde a 683.020.800. Esta cantidad corresponde al 0,72% del PBI del año 2004.
Es, sin duda, un gasto de magnitud. Esa sobreprestación, si la hace un médico de hospital público, la pagamos a través de los impuestos. Si la hace el de la prepaga, también la pagamos a través de los aumentos de cuotas. En una palabra, el costo siempre recae en la población.