Noticias médicas

Publicado el 11 de diciembre de 2005

Entrevista con Jacques Attali

"La justificación cultural de la monogamia está en vías de desaparecer"

Reflexiones del ex asesor de Mitterrand

Ensayista, biógrafo de Marx y de Pascal, hombre de inquietudes múltiples que lo han llevado a publicar más de 30 libros y a interesarse en temas que van de la teoría política a la evolución de las costumbres, Attali fue asesor del presidente François Mitterrand (“siento un gran orgullo de haber trabajado con él”, dice) y máxima autoridad del Banco Europeo de Desarrollo.

Acaba de visitar Buenos Aires para apoyar el lanzamiento en la Argentina de PlanetFinance, la organización internacional que ha creado y preside para respaldar a las instituciones que brindan servicios financieros a los sectores más desfavorecidos de la población.

Lúcido y aficionado al apasionante ejercicio intelectual que supone prever qué cambios y tendencias regirán la vida de los individuos en los próximos años, Attali habló con LA NACION de la actualidad mundial y los desafíos de la globalización, y explicó uno de sus planteos más recientes y polémicos: por qué cree que se asiste al fin de la monogamia. -

¿Cuál es el gran desafío que plantea hoy la globalización?

-Siempre digo que la gran pesadilla que amenaza el mundo es ver que la mundialización se traduce en una victoria del mercado sobre la democracia. Una sociedad equilibrada es aquella en la que el mercado y la democracia funcionan juntos. Hoy el mercado es más fuerte que la democracia porque, por su naturaleza, no tiene fronteras, en tanto que la democracia sí las tiene. De allí la importancia de tener una democracia del mismo tamaño que el mercado, es decir, una democracia regional. Construcciones como la Unión Europea y el Mercosur son importantes para evitar verse obligados a elegir entre el mercado todopoderoso o el repliegue dentro de las propias fronteras.

-En más de una oportunidad usted ha dicho que el gran teórico de la política fue Shakespeare. ¿Por qué?

-La historia política se juega, en general, en un pequeño círculo humano. Shakespeare es el gran pensador de la acción política inmediata porque piensa en las pasiones de los hombres. Su obra es fundamental para comprender el siglo XX. La crisis que desencadena la Primera Guerra Mundial; la locura por el poder alemana, que subyace en la Segunda Guerra Mundial; lo que pasó en Moscú en 1985, con la llegada de Gorbachov al poder, que termina dando vuelta la historia del final del siglo XX, son episodios shakespereanos. Shakespeare es mucho más importante para comprender la historia política que Marx o que Weber.

-Hace algunos meses se conoció un polémico artículo en el que usted pronostica el fin de la monogamia. ¿En qué se basa para hacer ese pronóstico?

-Efectivamente, no es un deseo sino un pronóstico. Si uno mira lo que pasó al final del siglo XIX observará que los intelectuales hicieron entonces pronósticos acertados sobre muchos aspectos de lo que se viviría en el siglo XX. De alguna u otra manera anticiparon la aviación, la televisión, incluso la clonación. Todo eso fue visto. Lo que no se vislumbró fueron los cambios que se iban a producir en la estética, en la moral y en las ideas. Nadie pensó en el nazismo o en la legalización del divorcio y de las uniones homosexuales. Pienso que algo parecido ocurre respecto del siglo XXI. Parecería que son relativamente fáciles de prever los cambios geopolíticos y tecnológicos, muy difíciles de prever los cambios estéticos (qué es lo que va a ser considerado bello o no bello) y todavía más difíciles de vislumbrar los cambios en la concepción acerca de lo que está bien y lo que está mal. En ese sentido, creo que uno de los cambios importantes que se producirán en el terreno de la moral (le reitero, no es que lo desee, sino que lo pienso posible) es la reconsideración de la monogamia y de la fidelidad como una necesidad absoluta.

-¿Por qué?

-Porque la gran tendencia del mundo actual es hacia la libertad. Y si uno reflexiona bien, la libertad no es sólo "o", la libertad es también "y". Uno no quiere solamente la libertad de elegir el auto rojo o el auto verde; quiere la libertad de elegir el auto rojo y el auto verde. Por otra parte, en una época en que la esperanza de vida va en aumento, no creo que se encuentren fidelidades excesivas durante mucho tiempo. Esto no significa un retorno al harén, para nada. Es, más bien, el hecho de que la gente tiende a vivir en redes múltiples. Con el empleo ocurre algo parecido. Antes lo normal era que la gente trabajara como empleada de una sola empresa. Ahora, cada vez hay más gente que es empleada de sí misma y que, al mismo tiempo, trabaja para otra empresa. Pienso que esa multiplicidad se va a extender también a la vida sentimental. Claro que esto no ocurrirá mañana, pero sí creo que se producirá en el transcurso del siglo.

-En aquel artículo usted señalaba que la monogamia permite la transmisión ordenada de la propiedad. ¿Considera que la base de la monogamia es solamente económica, no ética?

-Es cultural. En las sociedades primitivas no se encuentra la monogamia; se encuentra la poligamia y la poliandria, por razones a la vez culturales y económicas. Hoy ya no hay una necesidad económica de la monogamia: la mujer trabaja; el mercado, que antes exigía la monogamia para organizar la acumulación y la transmisión de riqueza, se sirve ahora para eso del circuito financiero más que de la familia. La transmisión de la propiedad la hace cada uno por sí mismo y, por otra parte, cada vez más la gente vive la propiedad como algo inmediato, no como algo a transmitir. De modo que la justificación económica y cultural de la pareja monogámica dentro de la sociedad está en vías de desaparecer.