En el ejercicio de la medicina, muchas veces se toman conductas de acuerdo a la experiencia y no tanto teniendo en cuenta la medicina basada en la evidencia. La realización desmedida de episiotomías es un buen ejemplo de la distancia que existe entre los actos médicos y los conocimientos científicos.
El uso universal de la episiotomía es un claro ejemplo de las dificultades que traen los cambios en la práctica médica. Hay evidencia científica que muestra que la episiotomía de rutina no se justifica: no tiene ningún beneficio para la madre ni para el recién nacido, aumenta el dolor y el malestar posparto y el riesgo de complicaciones a corto y largo plazo. Incluso, aumenta los gastos en salud al aumentar el índice de suturas con los costos que esto trae aparejado.
En un artículo de Althabe y colaboradores publicado en el British Journal of Medicine encontraron una tasa de espisiotomía del 92.3%. Este estudio se realizó en base a 122 hospitales en 16 países de Latinoamérica con un total de 416.852 partos entre 1995 y 1998. Se tomaron los datos de aquellos hospitales que tuvieron más de 35 partos vaginales en primíparas lo que llevó a considerar a 105 hospitales en 14 países con un total de 94.472 partos.
La tasa fue similar tanto en hospitales públicos como en los privados. De esto se desprende que 9 de cada 10 primigestas tuvieron una episiotomía. El 71% de estos hospitales fueron de Argentina y Uruguay. De todas formas, la similitud entre los hospitales habla de un factor común para la mayoría de los países de Latinoamérica.
A pesar de que están comprobados los beneficios de no hacer la episiotomía, estos datos demuestran la falta de actualización de los profesionales y la resistencia de los mismos a los cambios. "Si a mí me fue siempre bien de esta manera, para que voy a cambiar?" Esta situación es inadmisible a la luz de los conocimientos actuales. Por ende, hay que plantearse la manera de acercar esa enorme brecha que existe entre los hechos científicamente demostrados y la práctica médica de todos los días.
Para poder mejorar nuestro desarrollo profesional, tenemos que contar con una buena autocrítica que nos permita conocer nuestras limitaciones e intentar modificar conductas obsoletas en pos de una mejor atención del paciente. Tener en cuenta que aquello que alguna vez fue bueno, ahora puede no serlo o existir algo mejor. Los cambios en medicina son constantes y hay que permanecer atentos y flexibles a los mismos.
*La Dra. Géller es editora responsable de IntraMed en la especialidad de Tocoginecología.