Los médicos cirujanos suelen darle poca importancia a la hoja del consentimiento. Sin embargo, es fundamental que antes de cualquier intervención, el paciente lea con detenimiento el consentimiento, que el médico se tome el trabajo de explicarle lo que se le va a hacer, cuáles son los riesgos y que pueda firmar sabiendo que es lo que firma.
Para eso, los médicos tienen que tomar conciencia de lo importante de este acto. Tienen que entender la diferencia entre una firma legal y el proceso de comunicar las razones de la cirugía, el tipo de procedimiento, los riesgos, etc. Luego, hay que asegurarse que el paciente lo entienda y que esté seguro de lo que se le va a hacer y del riesgo que asume.
Este paso siempre fue tomado como algo burocrático. Si el cirujano no está convencido del beneficio de hacer bien esto, es poco probable que lo haga. ¿Y por qué es tan importante esta parte de la atención médica?
Hay aspectos profesionales, éticos, educativos y legales en juego. Profesionalmente, una buena comunicación médico-paciente es imprescindible. Una de las cualidades que define a un buen profesional es el compromiso de otorgar al paciente lo que más lo va a favorecer. Exceptuando los casos de emergencia que requieren de una acción inmediata, no explicarle al paciente con detenimiento que es lo que se le va a hacer, va en contra de sus intereses. Otorgarle al paciente un servicio técnico no es suficiente; actuar como un técnico reduce la relación médico paciente a un mero contrato.
El aspecto ético del consentimiento informado se basa en el principio de respeto por la autonomía y la auto-determinación. Los pacientes aceptan la pérdida de la privacidad. La realización de procedimientos dolorosos y molestos pueden acarrear una mayor ansiedad si no se explica de que se trata y lo necesario que es para su mejor bienestar. El miedo a lo no conocido es mayor que a los riesgos y complicaciones probables. El respeto por la autonomía del otro se basa en hacerle entender y que el otro esté de acuerdo con los estudios y procedimientos que se le van a hacer. Para lograr esto, se requiere de tiempo para educar al paciente. Hay que pensar que una cirugía, por más sencilla que sea, puede tener complicaciones.
El médico tiene que explicarle al paciente para que éste pueda ser partícipe de las decisiones y aceptar que un paciente, pese a saber que se le ha recomendado lo que es mejor para su salud, puede negarse a que se le realice determinado procedimiento y afrontar sus propios riesgos.
Los médicos debemos educar a nuestros pacientes. Así como un paciente que no entiende lo que le van a hacer no puede firmar un consentimiento informado, tampoco podrá colaborar con los cuidados postoperatorios porque desconoce que es mejor para él y que conductas debe adoptar. Es conveniente tomarse el tiempo para responder a las preguntas del paciente, clarificar las dudas y anticipar posibles problemas. Al momento del alta también es de buena práctica dar las indicaciones y cuidados postoperatorios en persona.
Por lo tanto, el consentimiento informado debe ser parte de un diálogo ya establecido al momento de la primera consulta.
Existen muchos mitos sobre el consentimiento informado. Se piensa que la firma del paciente es suficiente, que la misma nos protege contra juicios de mala praxis y que debe utilizarse el lenguaje médico. Bueno, nada de esto es realmente así. El paciente puede luego alegar que no entendió lo que firmó y la mayoría de los juicios comienzan con una mala relación médico paciente. Un vínculo basado en la confianza y en el respeto mutuo, donde el médico se detuvo a explicar el procedimiento y las posibles complicaciones, es menos factible que derive en un juicio. El consentimiento informado tiene la intención de informar y ayudar a los pacientes pero no protege de un probable juicio de mala praxis.
George Annas, profesor de leyes en salud de la Universidad de Boston, sugiere tres pasos: el consentimiento "tiene que ser completo, escrito en lenguaje coloquial y se le debe dar una copia al paciente."
Según la Organización de Beauchamp and Childress, los ingredientes de un consentimiento deben incluir: el conocimiento del profesional, la obtención de la información, la comprensión, evitar la coerción y luego recién, la firma del paciente.
La información debe ser clara, debe darse sin apuro con intención de repetir aquello que no se entendió. La comprensión es fundamental. Muchos datos pero con poco entendimiento, no tiene sentido. Se debe traspasar la barrera del lenguaje. La ansiedad o la vergüenza hacen que el paciente escuche pero no pregunte y muchas veces no entienda.
Es necesario evitar la coerción y hablar con el paciente antes de hacerlo con la familia. La información médica es "propiedad" del paciente, es confidencial y privada y éste es quien tiene que autorizarnos a comunicar sus resultados a los familiares. Esto evita que los familiares sean coercitivos.
Tampoco debemos ser nosotros los que ejerzamos la coerción. La persuasión y el consejo médico son parte de nuestro trabajo dado que nuestros conocimientos nos permiten saber que es mejor para un paciente. Pero, la coerción va más allá de la persuasión; no toma en cuenta la libre elección del paciente, su poder de decidir que se hará con su cuerpo. Esto es difícil de asumir para los médicos; apañados en la idea de lo médicamente correcto, en aquello que será más beneficioso y que podrá incluso salvarle la vida, tomamos decisiones por el otro sin considerar al otro como un ser humano con la posibilidad de elegir su propio destino.
El proceso del consentimiento informado en cirugía debe tomarse como una obligación frente a los pacientes. El respeto por la autonomía del paciente y los beneficios profesionales, morales y educativos llevarán a una disminución en la preocupación legal.
Un mejor entendimiento entre el médico y el paciente va a disminuir el número de juicios independientemente de los resultados de la cirugía. El conocimiento de los pacientes de los posibles riesgos los prepara mejor frente a una complicación.
En definitiva, un buen consentimiento informado es beneficioso tanto para el paciente como para el médico.
* La Dra. Marisa Geller es editora de IntraMed en la especialidad de Tocoginecología