Después de abogar por la culpabilidad por homicidio involuntario de su paciente por negligencia grave, a Feda Mulhem se le dictó sentencia condenatoria por 8 meses. El Dr. Mulhem, que llevaba solamente 3 días en su primer cargo como especialista en hematología en el Queen´s Medical Centre de Nottingham, le indicó a un médico novel inyectar una droga anticancerosa en la columna vertebral del paciente. La droga debía inyectarse por vía endovenosa, pero el Dr. Mulhem la confundió con otra que debía darse al mismo tiempo, la que sí debía hacerse intraespinal. A los pocos minutos el médico advirtió la magnitud del error y quedó visiblemente conmovido, pero fue demasiado tarde para salvar la vida de su paciente adolescente, Wayne Jowett, cuyo cáncer estaba en remisión [1]. Dado que el Dr. Mulhem había cumplido el tiempo en custodia esperando su juicio, fue liberado inmediatamente y el padre del paciente fallecido declaró que la sentencia de 8 meses había sido "absolutamente ridícula" por ser demasiado corta [2].
La cólera del padre de Wayne Jowett era entendible, pero el uso de la justicia criminal para castigar al Dr. Mulhem es cuestionable. El no buscó dañar a su paciente; de hecho estaba intentando una recuperación con más futuro. Su "crimen" fue haber cometido un error; confundió una droga que se inyecta endovenosamente con otra que se aplica en la columna vertebral. Cuando un doctor utiliza una droga tan poderosa y potencialmente peligrosa, la obligación profesional de emplearla bien es naturalmente alta. Pero aún el más diligente, conciente y competente de los médicos puede cometer errores. El error del Dr. Mulhem fue el 23° incidente reportado mundialmente [3] (y el 14° en 15 años en el Reino Unido [4]) en el que esa droga había sido fatal y equivocadamente inyectada en la columna. Como dijo el Dr. Mulhem en su declaración policial: "Se que es una pobre excusa, pero yo soy un ser humano" [3].
Lamentablemente, para Wayne Jowett, su familia y sus amigos, la equivocación del Dr. Mulhem tuvo consecuencias fatales. El procesamiento del Dr. Mulhem es simplemente el último de varios procesamientos a médicos en los últimos años con cargos por homicidio involuntario por grave negligencia. En una investigación publicada hace 3 años por el British Medical Journal, Ferner halló que la tendencia de procesar médicos por homicidio involuntario por negligencia comenzó cerca de 1990 [5]. Entre 1867 y 1989 encontró solamente 7 casos. Pero en 1990 identificó 13 casos comprometiendo a 17 médicos. Un artículo ulterior de la misma revista en julio de este año observó que otros 6 médicos habían tenido juicios por la misma causa en 2 1/2 años después de la investigación de Ferner [6].
Reportes en el British Medical Journal desde julio descubrieron 4 nuevos casos concluidos de homicidio involuntario por grave negligencia, involucrando a 5 médicos, incluido el del Dr. Mulhem. En febrero, Hiral Hazari, fue hallado inocente del homicidio involuntario de su paciente por fallar en detectar que el tubo de alimentación había sido insertado en el pulmón. El Dr. Hazari, en ese momento de 23 años de edad y con sólo 6 meses en su primer trabajo, fue el médico más joven acusado por ese cargo [7].
En abril, Rajeev Srivastava y Amir Mizra fueron condenados por causar la muerte de un paciente después de haber fallado en detectar y tratar, hasta que fue demasiado tarde, un efecto colateral inusual en una operación de rodilla que habían realizado. Su sentencia de prisión por 18 meses fue suspendida por 2 años [8]. El mes siguiente, Huraise Syed, urólogo, fue liberado por el fallo tomado después de 4 semanas de escucharse la evidencia del procesamiento, debido a que no había un caso sobre el que responder [9]. La acusación era que el paciente del Dr. Syed había sangrado hasta morir durante una operación que no debería haberse intentado.
Este incremento en los procesamientos de médicos por homicidios involuntarios refleja el cambio de actitud de la sociedad sobre la noción de negligencia grave. En 1925 la corte de apelaciones remarcó la importancia de la gravedad de la negligencia cuando estableció que la negligencia de los acusados debía ir más allá de una simple materia de compensación entre sujetos y mostrar una indiferencia por la vida y seguridad de los otros comparativa a un crimen contra el estado y conducente a merecer un castigo [10]. En un caso del siglo XIX la corte había puntualizado que "si había solamente la clase de olvido que es común en todos o si había una leve falta de habilidad... sería equivocado proceder criminalmente en contra de un hombre en relación con tal injuria". La corte luego dio como un ejemplo de grave negligencia que el cirujano que había operado estuviera ebrio [11]. En otras palabras, las generaciones previas se preocuparon en asegurar que los médicos no fueran procesados por el tipo de equivocación que un médico razonablemente competente podría cometer debido a un error de juicio o por desgracia o infortunio.
Pero las actitudes de la sociedad hacia los accidentes han cambiado. Un folleto publicado por Accident Line, una compañía dedicada a alentar a gente lesionada para reclamar compensación, capturó la idea de que en donde hubo un accidente tiene que haber alguien para acusar, cuando estableció "Fue solamente un accidente... o fue el accidente". El folleto puntualizaba que "mucha gente que creyó en principio que no había nadie a quien acusar por su accidente... ha emprendido una demanda exitosa" [12]. En un editorial del British Medical Journal en junio de 2001, la revista declaró que había decidido prohibir la palabra accidente en sus páginas. Argumentó que "dado que la mayoría de las injurias y sus eventos precipitantes son predecibles y prevenibles", la palabra "accidente" no debe ser usada para referirse a "las injurias o los eventos que las produjeron" [13].
La visión expresada por Accident Line y por el British Medical Journal adopta y refuerza la intolerancia social hacia los "accidentes" como eventos que tienen un origen inocente. Este diferente abordaje debe haber tenido un efecto sobre las autoridades médicas, la policía, el Crown Prosecution Service, los abogados, los jueces y los jurados que están involucrados en los accidentes médicos que resultan en muerte. La prueba de grave negligencia ha sido un elemento en el homicidio involuntario por negligencia por unos buenos 100 años, pero su aplicación en la cirugía y en la guardia hospitalaria ha cambiado en los años recientes. Nuestra moderna intolerancia actual a los accidentes como eventos inocentes ha llevado a convertir a las equivocaciones médicas resultantes en muerte, en tragedias que requieren de una investigación criminal. El Dr. Mulhem no fue el primer médico en ser condenado por asesinato debido a un accidente y tristemente es poco probable que sea el último.