Noticias médicas

Publicado el 8 de agosto de 2005

El infarto, bajo la lupa

La cintura, señal precoz de riesgo cardiovascular

Si excede cierto tamaño, indica que el corazón puede peligrar

NUEVA YORK.– Valores considerados normales de colesterol “malo” o LDL y de la presión pueden ocultar el avance de la aterosclerosis, esa acumulación de placas de grasa en las paredes arteriales que obstruye el paso de la sangre. En cambio, el tamaño de la cintura parece ser un indicador más confiable para los médicos que intentan detectar, de manera precoz, el riesgo de infarto.

Lo afirmó el doctor Raúl Dos Santos, director del Instituto del Corazón del Hospital de la Facultad de Medicina de la Universidad de San Pablo, Brasil, durante un taller sobre hipertensión para periodistas especializados.

Botella de agua en mano y frutas en bolsas de papel, los neoyorquinos caminan cada mañana a paso rápido por la ciudad para llegar a sus trabajos. Así intentan ganarles –no con mucho éxito– a la obesidad, el sedentarismo y la hipertensión. Pero en la región, “la carga de las enfermedades cardíacas está aumentando y es cada vez más preocupante la epidemia de exceso de peso y de diabetes -opinó-. El índice de masa corporal puede no ser muy alto, pero el problema es dónde se aloja la gordura. Medir la cintura del paciente da una idea más cierta que el índice de masa corporal porque permite conocer la obesidad abdominal o visceral."

Y el tamaño del abdomen, según el experto, está condicionado no sólo por un exceso en la cantidad de comida que se consume, sino por la pertenencia étnica.

Por esto la Federación Mundial de Diabetes, preocupada porque 8 de cada 10 diabéticos mueren de enfermedad cardiovascular, acaba de establecer nuevas medidas abdominales óptimas para hombres y mujeres, según la etnia. Esos parámetros para la cintura tienen varios centímetros menos que los recomendados hasta ahora.

Así, por ejemplo, el límite para los caucásicos es de 94 centímetros para los hombres y 80, para las mujeres. O para los descendientes de pueblos originarios de América del Sur y Central, 90 los varones y 80 las mujeres. Estas medidas, menos permisivas, deberían reemplazar, según este especialista, los 102 centímetros para ellos y los 88 centímetros para ellas que se venían recomendando.

"La influencia étnica es muy importante porque establece que hay una tendencia genética a la acumulación de grasa abdominal", dijo el doctor Dos Santos, que desde 2002 estudia junto con investigadores de las universidades norteamericanas Johns Hopkins y de Tulane (EE.UU.) cómo la pertenencia a una determinada etnia influye en la calcificación de la arteria coronaria.

Evidencia suficiente

Algo tan sencillo como medir la cintura del paciente demostró ser evidencia suficiente de que el centímetro es eficaz para prevenir un infarto o un accidente cerebrovascular (ACV).

"Cuando la obesidad es abdominal está dando una señal de la posible presencia de un conjunto de factores de riesgo que componen el síndrome metabólico, y éste aumenta cuatro veces la probabilidad de morir por enfermedad coronaria -puntualizó el investigador-. Llevar un estilo de vida más saludable desde chicos nos evitaría la necesidad de usar medicamentos, pero lamentablemente esto no ocurre en América latina."

Cierta suma de indicadores, como hipertensión arterial, colesterol superior a 260 mg/dl y diabetes, aumenta seis veces el riesgo cardiovascular. En América latina, según Dos Santos, sólo está diagnosticado el 50% de las personas hipertensas. Y apenas una de cada cuatro recibe tratamiento.

"En la Argentina, por ejemplo, el 25% de la población mayor de 18 años tiene la presión arterial elevada -indicó el experto-. Además, el 7% padece diabetes y el 45% de los mayores de 16 años fuma."

La Organización Mundial de la Salud reconoce que la aterosclerosis es la causa principal de muerte en el todo mundo. Se estima que para 2020, su incidencia trepará del 52 al 75% en los países considerados en desarrollo.

"Es decir que la mortalidad es diez veces mayor que en el caso del sida -explicó-. Es una enfermedad multifactorial en la que influyen la dislipidemia, la diabetes, el tabaquismo, el sedentarismo, la hipertensión y la obesidad: cuanto mayor es su asociación, mayor es la probabilidad de muerte por infarto o ACV."

Por Fabiola Czubaj
Enviada especial 

Una segunda oportunidad

NUEVA YORK (De una enviada especial).- Si quienes resistieron un infarto confían en que el corazón les dará tregua, están equivocados. La posibilidad de morir por un segundo ataque cardíaco llega al 80% si no se cambia el estilo de vida. "Cuando el colesterol baja, sea como sea, se reduce el riesgo de un nuevo ataque", afirmó a LA NACION el doctor John LaRosa, presidente del Centro Médico Downstate, de la Universidad Estatal de Nueva York.

Así lo demostró Finlandia, que en 20 años redujo la mortalidad un 55% entre hombres y un 68% entre mujeres: sólo modificó la dieta de la población, controló el tabaquismo e incentivó la actividad física. En el resto del mundo, por cada cuatro infartos, sólo se previene uno: "La mayoría de quienes mueren por aterosclerosis no tiene presión ni colesterol altos; es probable que los niveles considerados normales ya no lo sean para las afecciones cardiovasculares", opinó Dos Santos.

Pero ¿cuán bajo puede estar el colesterol ? LaRosa estudió a 10.001 personas de 35 a 65 años con colesterol mayor a 150 mg/dL, un infarto previo y angina de pecho. Los dividió en dos grupos y les administró una estatina para bajar el LDL a 100 y a 75 mg/dL. "Aún no sabemos a qué nivel deja de ser bueno bajar el colesterol", precisó LaRosa.

Según el trabajo, que se presentará en el próximo congreso de la Sociedad Interamericana de Cardiología, reducir el LDL a menos de 100 mg/dL baja un 22% el riesgo de un segundo infarto o ACV. "Es el primer estudio que muestra que esto no produce enfermedades asociadas ni toxicidad", finalizó.