La irrupción de Internet en el área de capacitación e investigación científica y médica, y neurológica en particular, constituyó en las últimas décadas del siglo pasado un elemento difícil de sustituir y, tal vez, un proceso llamado a modificar -en el corto tiempo- pautas culturales entrañables. Las nuevas generaciones de médicos, cuanto más los estudiantes de medicina, que han desarrollado su intelecto conviviendo con los modernos métodos de comunicación, ven facilitada enormemente el uso de esta tecnología.
Si bien no lejana, esta manifestación de la electrónica -efecto y a su vez motor de la globalización- se inició hace ya cuatro décadas. Fue en 1963 cuando J.C.R. Licklider utilizó un circuito común para conectar varias computadoras, estableciendo de esta forma una especie de clonación de cerebros virtuales. Al año siguiente se le otorga al hallazgo una mayor extensión puesto que L. Kleinrock, en el proyecto DARPA, interconecta computadoras ubicadas en Massachusetts con otras de California con la utilización de líneas telefónicas. En esa misma década, R. Scantelbury y Paul Baran logran imprimirle mayor velocidad al sistema.
En 1968, es decir, siempre en la misma década, Frank Heart, Bolt Beraneck y R. Kahn inventan el sistema IMP (Interface Message Processors) o sistema de procesador de imágenes que coloca una computadora huésped receptora (host) que sería, a la postre, el primer nodo de la futura Internet. Éste y el segundo nodo que surgió en Stanford, Estados Unidos, se interconectaron en ARPANET con otros nodos de las Universidades de Utah y de Santa Bárbara. A través del protocolo host-to-host (NWP), que ideó S. Crocker en 1972, ingresaron nuevos usuarios, quizá atraídos por el correo electrónico que había formulado R. Tomlinson y perfeccionado L. G. Roberts.
La red siguió con su crecimiento a través del programa Transmission Control Protocol/ Internet Protocol (TCP/ IP) que habían diseñado R. Kahn y G. Cerf. Ya estaba establecida la base amplia que necesitaba el ulterior desarrollo de Internet.
En 1989 Tin Berners-Lee protocoliza las comunicaciones entre los usuarios y los grandes prestadores de servicios. Este protocolo lleva la denominación de Hyper Text Transfer Protocol (HTTP). En 1990 la red se internacionaliza. Cada nodo tiene libertad para seleccionar su tecnología pero debe aceptar la asociación satelital para que el procesador sea uniforme. Esto se realiza por medio de la World Wide Web (WWW). Las posibilidades son tan generosas que aparecen los hipermedios (imágenes, sonidos, películas, animación), los programas de hipertexto a través de las palabras clave y los avances del hardware y software de las computadoras personales (PC).
Cuidadosamente seleccionada, por la experiencia y por el rastreo del origen de la información, la Inter-net facilita a los médicos y estudiantes de medicina, una información actualizada, en base a la consulta bibliográfica, pero también permite las comunicaciones directas con colegas de diversos países
-amén de los locales- a través del correo electrónico (e-mail) y en tiempo real (chat). Cursos, participación en foros y conferencias, transmisión y recibo de imágenes y sonidos son otros de los valiosos recursos que ofrece este medio.
La mejoría en la velocidad de transmisión que ha experimentado la Red facilitó el desarrollo de la tele-medicina, entre ellas la teleneurología e, incluso, la cirugía a distancia. Quien tiene acceso a Internet, con costos que se abaratan día tras día, puede publicar sus trabajos y animarlos con figuras o también con vídeocintas, y hacer llegar éstas a todos los confines del mundo globalizado. En este último aspecto, el de las imágenes, éstas pueden ser motivo de consulta a distancia en los grandes centros especializados.
Internet facilita el trabajo en equipo al conectar hospitales, sociedades científicas y conferenciantes que pueden ser objeto de preguntas.
¿Reemplazará Internet al libro? Es probable que pasen muchos años para que esto tenga lugar pero es evidente que los jóvenes se suman permanentemente a los medios electrónicos de difusión porque han nacido y se han criado entre ellos. Las bibliotecas de las academias, facultades, hospitales y so-ciedades científicas, que atesoran y clasifican los libros y las revistas, deben contar con personal idóneo que haga posible las búsquedas pero éstas siempre llevarán su tiempo. Los diferentes recursos económicos de las bibliotecas para actualizar sus libros, por ejemplo, motivan una enorme disparidad en la calidad del material que pueden ofrecer por la diferente posibilidad de los mismos.
Las referencias bibliográficas que se pueden obtener por Internet, sobre todo si incluyen resúmenes o abstracts, es uno de los recursos más apetecidos por los médicos y un elemento que se ha generalizado en la indagación bibliográfica que, de una tarea ardua y tediosa que ocupaba mucho tiempo, se ha tornado en algo grato, fácil y económico.
El principal método de búsqueda bibliográfica, centrado en las ciencias biomédicas, que lleva largo tiempo de utilización, es el MEDLINE de la National Library of Medicine. Otros sistemas menos conocidos, por lo menos en la Argentina, son el EMBASE (Excerpta Medica) de Holanda y el Current Contents Connect, del Institute for Scientific Information y, como catálogos bibliotecarios: OPAC y OCLC.
MEDLINE reúne, desde 1966, unos nueve millones de registros de referencias y abstracts en inglés que parten de 3.900 revistas médicas publicadas en 70 países. Predominan las revistas anglosajonas y una cuarta parte de estas referencias no incluyen resúmenes. Las citas se actualizan semanalmente.
Es interesante reseñar la evolución de MEDLINE. Comenzó por medio de la conexión directa con la base de datos, con tarifas que respondían a los minutos de utilización (costosas), con referencias que se descargaban a través del módem. En la década del 80, con el fin de bajar los costos, se comercializó en CDROM, con la desventaja de la actualización en períodos más largos y todo ello en relación con el estado económico del usuario.
A partir de 1996, MEDLINE es accesible por Internet, algunos con aranceles, otros gratuitos. El acceso al CDROM se daba -habitualmente- en el ámbito hospitalario o en algunas bibliotecas, con la llegada a Internet, se puede realizar con la PC. No obstante, los proveedores de MEDLINE a través de Internet son diferentes en cuanto se refiere a la cobertura que ofrecen: algunos son pagos y otros son gratui-tos.
Los de acceso gratuito más conocidos son: PubMed (anunciado oficialmente por Al Gore, vicepresidente de Estados Unidos en junio de 1997), IGM (Internet Grateful Med) (desde setiembre de 1998), HealthGate, Infotrieve.
España, por ejemplo, a través de su Índice Médico Español, ha colocado información de 300 revistas médicas de todas las especialidades de su país.
Con tantos servidores resulta obvio que la búsqueda por medio de MEDLINE pueda darnos la sorpresa de la variación en el número y la calidad de las citas bibliográficas. A veces, si el trabajo así lo re-quiere, es útil efectuarlas por varias vías de acceso. Con esto se puede comparar y elegir.
A pesar del tiempo transcurrido y de la velocidad de los adelantos de la telemedicina, conviene aquí de-tenerse a analizar sus ventajas y desventajas, comparándola con la impresión de revistas en papel. Las revistas, además del impacto ecológico del papel sobre la tala de los árboles, ofrecen información más costosa, con renovación más lenta y problemas en su almacenamiento. La conservación del papel, por la fauna y la flora que lo ataca, siempre resulta más engorrosa. Internet tiene la ventaja de lo inmediato, lo barato y lo fácil de guardar. Sobre todo, permite a los autores -habitualmente esquilmados por las editoriales- retener el copyright de su trabajo. Para los países marginales, como el nuestro, la mayor desventaja de la Internet es que no llega a las regiones pobres donde, la carencia de electricidad, como de sistemas de distribución de agua potable y cloacas, no existen. El libro aún puede llegar.
La telemedicina ha permitido realizar cirugía a la distancia vía Internet, tal como ocurrió entre el 29 de agosto y el 3 de septiembre de 1996 cuando, desde Pontiac en Michigan, Estados Unidos, con audio y videoconferencia interactiva en tiempo real (demora máxima 0,5 a 2 segundos), se interconectó con Laguna Hills en California y con Buenos Aires, en nuestro país. Se practicó cirugía laparoscópica.
Kayser definió, en 1996, a esta moderna técnica (nos referimos a la telemedicina) como "el conjunto de actividades diagnósticas, terapéuticas o de medicina social, realizadas por medios de transmisión electrónicos, que capacitan la transmisión de información acústica y/o visual a larga distancia, sin que el médico esté realmente presente en la consulta requerida".
Día tras día, la prensa escrita publica sus habituales secciones sobre ciencia que atraen al público, tanto más si la noticia es sensacionalista y no escapan a esta divulgación los nuevos adelantos, los logros y el perfeccionamiento de la telemedicina.
Las posiblidades que brindan estas técnicas son infinitas y así hoy se puede hablar (y no es necesaria aclaración alguna porque el nombre la define) de telerradiología, telepatología, telendoscopia, teledermatología, además de infinidad de preguntas a especialistas de distintos países a través de las teleconsultas que hasta pueden realizar los mismos pacientes.
La vía electrónica favoreció todo tipo de adelantos y como un ejemplo vital podemos reseñar su aporte al desarrollo del genoma humano. Así se expresa Ken Howard: "La vía informática inició su camino a principios de los años ochenta del siglo XX con una base de datos denominada GenBank, creada por el Departamento estadounidense de Energía para guardar los cortos tramos de la secuencia de ADN, que estaban empezando a obtener de una serie de organismos. En los comienzos del GenBank un puñado de técnicos sentados ante teclados que no tenían más que las cuatro letras A, C, T y G tecleaban monótonamente las secuencias del ADN publicadas en las revistas académicas. Conforme pasaron los años, nuevos métodos de comunicación permitieron a los investigadores acceder directamente al GenBank y descargar sus datos de secuencia. La administración del GenBank se transfirió luego al Centro Nacional para Información sobre Técnicas Biológicas (NCBI) de los Institutos Nacionales de Salud estadounidnese. Con la llegada de la gran telaraña mundial (World Wide Web), los investigadores de todo el mundo pudieron acceder gratis a los datos del GenBank".
"El volumen de datos de secuencias de ADN del GenBank empezó a crecer de manera exponencial cuando el Proyecto del Genoma Humano (PGH) despegó en 1990. La introducción de secuenciado-res de gran rendimiento en los años noventa (utilizando máquinas robóticas automatizadas de secuenciación del ADN y ordenadores) disparó las aportaciones del GenBank, que ahora tiene unos siete mil millones de unidades de ADN de datos de secuencia".
Pero todos estos avances obligan, lo reiteramos, a una rigurosa selección de la información y es dable destacar que Internet no escapa a las reglas de juego: así como en las publicaciones gráficas se considera que son válidos -por lo novedoso y original- solamente alrededor del 10 % del material que se imprime, es de suponer que algo similar ocurre en Internet. No obstante, creemos que tal cifra tal vez sea exigüa.
El agujero negro de este sistema es la difusión generalizada de conocimientos médicos. La relación médico-paciente está fisurada por el aporte que diarios, revistas, radio y televisión hacen para la educación parcializada (y agreguemos muchas veces interesada) de los enfermos, sus familiares y legos curiosos. Todos ellos pueden acceder a la Internet, con el agravante que en ciertos casos lo hacen sobre páginas puramente médicas, que no entienden o interpretan erróneamente. La falta o el incremento de las expectativas, la pérdida del sentido mágico ancestral de la relación médico-paciente, inciden en el acto médico habitualmente en forma desfavorable.
A inicios de 1998, en el mundo entero, Internet servía a más de 20 millones de usuarios que, además de facilitarle compras de artículos de todo tipo, perfeccionaba las carreras y hacía un aporte interesantísimo a la bibliografía científica. La información que proporciona la Red por medio de la World Wide Web ha crecido -en los últimos años- en progresión geométrica y, también, en base a un estímulo y a la selección lógica de los trabajos, ha ido ganando no solamente en cantidad sino también en calidad.
En marzo de 2001, la International Data Corporation (IDC) difundió en Santiago de Chile un informe sobre el uso de Internet: la proyección indicaba que más de 75 millones de personas utilizarán Internet en 2005 en Latinoamérica. Esta cifra es elocuente si se tiene en cuenta que en 2000 fueron solamente 15 millones los usuarios en esta región, aunque la consultora Jupiter Communications elevó ese número a 21 millones. El cable decía que Latinoamérica "es la región que experimentará una mayor penetración de Internet en los próximos años, porque es un mercado emergente para el uso de la Red". Se consideró que el crecimiento anual del comercio electrónico tendrá un aumento -entre 2000 y 2005- de un 40 %.
De los usuarios de 2000, algo menos del 50 % correspondían a Brasil (6,9 millones); 2,8 millones a México y 1,1 millón a Chile. El mayor porcentaje de éstos corresponden a jóvenes de hasta 30 años con elevado nivel educacional. Los estudiantes ocupan el primer término, es decir, a los usuarios que apunta este capítulo.
El informe agrega que el 73 por ciento de los internautas han usado la Web por más de un año.
Porres y Rojas Alcubilla recrean la opinión de Aschenbrener, investigador de la Universidad de Omaha, Estados Unidos, que dice que "las facultades y escuelas de Medicina serán en el futuro muy diferentes de como fueron en el pasado por diversos motivos, entre ellos, varios factores económicos y también por la extensa dispersión de la información vía Internet. Actualmente se ofertan carreras y maestrías para aquellas personas que no pueden acudir a las clases personalmente, con el consiguiente ahorro de recursos y gastos de desplazamientos entre otros factores". Desde hace muchos tiempo los futurólogos sociales vaticinan que dentro de unas décadas una buena parte de las labores de oficina se realizarán en el domicilo del empleado que no tendrá necesidad de viajar. Estos mismos autores dan pábulo a los conceptos de Vejvalka que aupa los beneficios de la disponibilidad de información y la facilidad de la comunicación que ofrece Internet, que quita dificultades al trabajo científico y a la investigación en gran número de disciplinas. Las neurociencias, que tanto auge han tenido desde la última década del siglo pasado, se sirven especialmente de Internet. Podríamos denominar a este capítulo como Internet en la investigación neurológica porque, de acuerdo con las modernas técnicas pedagógicas, es más importante brindarle al alumno (sea estudiante de medicina o médico en plan de perfeccionamiento o de educación médica continua) las herramientas para capacitarse que el producto digerido, tal como ocurría (y ocurre) con clases donde el educor ofrecía un catálogo de síntomas, signos, métodos diagnósticos, etc., sin encender en el educando el interés necesario para que el concepto se arraigue en profundidad.
Las opiniones de docentes e investigadores se refuerzan pragmáticamente por la búsqueda de información que, habitualmente, logran mediante su propia PC, es decir por su computadora (ordenador) personal. Esta metodología de investigación electrónica acentúa el interés por la información. Más de una vez los pedagogos comentan de la falta de motivaciones del alumnado, pues bien, en la época de la electrónica, para quienes han nacido en la era de las comunicaciones globalizadas, el uso de Internet les resulta familiar, sencillo y útil por su dinamismo. Es más, en muchas facultades el estudiante debe aprobar sus materias confeccionando monografías o tesinas que despiertan en ellos la capacidad de recoger y almacenar información y luego procesarla. Ésta es la oportunidad para el acceso tanto a Internet como a MEDLINE. MEDLINE junto con EMBASE aportan a Internet el material médico científico de alrededor de 5.000 revistas de medicina. Ya nos hemos referido a la necesidad de desbrozar el material inservible que llega adosado a otro auténtico, valioso y actualizado. La mejor forma de hacerlo es con la lectura crítica, el conocimiento de los autores y la práctica que da el uso permanente de esta excepcional herramienta de perfeccionamiento.
Con respecto a las imágenes, a través de Internet el alumno puede llegar a familiarizarse con tomografías, resonancias magnéticas, SPECT, en fin, con variados métodos de investigación y diagnóstico. No podemos desestimar las publicaciones en papel que no han perdido vigencia y son la base fundamental de la educación. No serán fácilmente reemplazadas. No obstante, por su permanente y acelerada actualización, Internet es la herramienta moderna de mayor eficacia.
El futuro de la investigación y el acopio de información en neurociencias, tanto para el educando como para el educador y el científico se encuentran en Internet.
*Profesor Consulto de la Facultad de Medicina U.B.A ** Profesor Asociado. Universidad Maimónides