Se trata de FREM2, que junto con el gen FRAS1, ya descubierto en el año 2003 por el mismo equipo de investigación, dirigido por el Hospital Infantil de Londres (Reino Unido), aumenta las posibilidades de encontrar un posible tratamiento para este grave síndrome, que provoca malformaciones en los recién nacidos, según las conclusiones de un estudio que publica el último número de la revista "Nature Genetics".
En el año 2003 los investigadores descubrieron que las mutaciones en el gen FRAS1 se encontraban en varias familias en las que se habían producido casos del síndrome pero sin embargo no se encontraba en algunas otras en las que también se había desarrollado la afección. Esto llevó a los científicos a la conclusión de que debían existir otros genes que tuvieran un papel importante en el desarrollo del síndrome.
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Nature Genetics