El control de la hipertensión es mejor en EEUU que en Europa. Esa es la principal conclusión de un estudio realizado en más de 21.000 pacientes que se publica en el último número de la revista 'Archives of Internal Medicine'.
«Encontramos que los profesionales estadounidenses tendían a emplear un umbral más bajo para iniciar el tratamiento y eran más propensos a incrementar las dosis o añadir otros medicamentos cuando los pacientes no respondían [a la terapia]», explican los autores en el estudio, dirigido por el doctor Y. Richard Wang, de la Universidad de Pensilvania (EEUU).
La investigación se llevó a cabo a través de información recabada por 291 cardiólogos y 1.284 médicos de atención primaria de Estados Unidos, Francia, Italia, Alemania, Reino Unido y España.
Los autores analizaron en cada paciente los niveles de presión sistólica (la cifra 'alta') y diastólica (la 'baja'), si su tensión arterial estaba por debajo de los límites establecidos como peligrosos (130/80 mmHg para diabéticos y 140/90 mmHg para el resto) y las dosis y el tratamiento empleados en aquellos pacientes cuya presión estuviera descontrolada.
El análisis de los datos obtenidos puso de manifiesto que los niveles de tensión arterial registrados por los enfermos antes de iniciar una medicación antihipertensiva eran más bajos entre los pacientes norteamericanos, lo que demuestra que el tratamiento se inicia más temprano en EEUU que en los países europeos.
Durante el estudio, se registraron 11.969 pacientes con un control inadecuado de su hipertensión. Para remediarlo, se intensificó el tratamiento en un 38% de los estadounidenses, mientras que en el caso europeo esta adaptación sólo se realizó en un porcentaje que osciló entre el 15% y el 28% de los casos. Esto se debe a una diferencia de criterios entre las guías médicas que siguen los profesionales europeos y estadounidenses. En EEUU también es más común utilizar una terapia combinada de varios antihipertensivos.
Finalmente, los resultados definitivos del trabajo demostraron que un 63% de los pacientes norteamericanos consiguió mantener su hipertensión bajo control, mientras que en el caso europeo las cifras variaron entre el 31% y el 46%.
En el trabajo se analizaron hasta ocho alternativas diferentes de medicación con fármacos antihipertensivos, debido a que los tratamientos varían en los distintos países. Ninguno de ellos demostró ser especialmente efectivo sobre el control tensional, por lo que, tal como sugieren los investigadores, «observar y realizar seguimientos regulares [al paciente] podría ser más importante que la elección de los fármacos en la mejora de la hipertensión».
Con todo, los autores de este estudio reconocen que, incluso en EEUU, los niveles de tensión arterial registrados son muy altos y son necesarias nuevas iniciativas para luchar contra la hipertensión; una enfermedad infradiagnosticada y que supone uno de los principales factores de riesgo cardiovascular.