El impacto en la salud pública y la repercusión clínica de la osteoporosis son secundarios a las fracturas. Estas determinan altos costos al sistema sanitario y son una causa importante de discapacidad.
En las mujeres luego de la menopausia y en los hombres con edad avanzada, la resistencia ósea y la función neuromuscular declina. Esto conlleva a un marcado aumento en el riesgo de fracturas. Por ejemplo, en las mujeres, es mayor el riesgo de padecer una fractura de cadera que un cáncer de mama.
Epidemiología de las fracturas
Las fracturas osteoporóticas típicas son las vertebrales, las de la porción proximal del fémur y de la muñeca. Siendo la osteoporosis una enfermedad sistémica, es comprensible que los estudios prospectivos muestren que todos los tipos de fracturas son más frecuentes en estapoblación. Mas aún, aquellos adultos que hayan presentado una fractura, tienen un riesgo de un 50 a un 100% de presentar otra.
Fracturas de cadera
Son de gran importancia y muy representativas de la osteoporosis. Se relacionan estrechamente con la disminución de la masa ósea, generan los mayores costos y determinan más discapacidad que las otras fracturas.
La incidencia de fractura de cadera en las mujeres es aproximadamente el doble que en los hombres. Se plantea que esto es debido no solo a la mayor pérdida ósea sino también a una mayor propensión a caídas de las mujeres. En EEUU, se estima que el riesgo de padecer una fractura de cadera entre las mujeres mayores de 50 años es de 17%, mientras que es de 6% para los hombres.
La fractura de cadera es un resultante multifactorial, siendo la masa ósea uno de los mayores determinantes. El mayor estudio prospectivo en este sentido identificó una lista de más de 10 factores de riesgo independientes de la masa ósea, entre los que se cita la edad, la historia de fractura de cadera de la madre, el uso de anticonvulsivantes o bnezodiazepinas, etc.
Aproximadamente el 90% de las fracturas de cadera son secundarias a una caída simple desde la posición de pie u otras posiciones más próximas al suelo. El riesgo de fractura aumentaría en relación a factores biomecánicos de la caída, como caer de espaldas o de lado, impactar sobre o cerca de la cadera, incapacidad de usar los brazos para reducir la energía del impacto y la disminución del panículo adiposo sobre la cadera. Como corolario de estas observaciones, existe evidencia que las almohadillas protectoras disminuyen significativamente el riesgo de fractura incluso entre quienes sufren caídas frecuentemente.
Fracturas vertebrales
La epidemiología de las fracturas vertebrales está menos establecida que la de las fracturas de cadera. Esto se debe múltiples causas, como que no existe una definición universal de estas fracturas y que hay una gran proporción que escapan al diagnóstico clínico. Solamente un tercio de todas las deformidades vertebrales que se constatan en las radiografías concurren a atención médica y menos del 10% requieren hospitalización.
En las mujeres blancas, el riesgo a lo largo de la vida de presentar una fractura vertebral sintomática sería del 16% en comparación al 5% en los hombres blancos. Tan solo la cuarta parte de las fracturas vertebrales resultan de caídas y la mayoría son precipitadas por actividades rutinarias de la vida diaria, como por ejemplo levantar objetos.
Una historia personal de fracturas anteriores es uno de los predictores clínicos más fuertes de fracturas subsecuente. El antecedente de una fractura vertebral, sintomática o no, implica un riesgo de al menos cuatro veces superior de fracturas subsecuentes. El aumento del riesgo es independiente de la densidad mineral ósea, a tal punto que debe considerarse a la fractura vertebral a trauma mínimo como una señal clave de fragilidad ósea independientemente de los valores de la densitometría.
Otras fracturas
Las fracturas de muñeca son las más frecuentes en la mujer perimenopáusica. La incidencia de estas fracturas en las mujeres aumenta rápidamente luego de la menopausia, aplanándose la curva luego de los 65 años a diferencia de lo que ocurre con las fracturas de cadera o vertebrales. Este patrón podría corresponder a una disminución con la edad de la velocidad y fuerza con que se extienden los brazos para protegerse de las caídas.
En los hombres, la incidencia de fracturas de muñeca es baja y no aumenta sustancialmente con la edad. La relación mujeres/hombres de este tipo de fracturas sería de 4/1.
La mayoría de las fracturas de muñeca ocurren fuera del domicilio del paciente y presentan un pico de incidencia en el invierno, lo que se ha asociado a las condiciones de congelamiento de pavimentos.
La incidencia de fracturas de húmero distal, pelvis, tibia proximal y fémur distal también aumentan con la edad sobre todo en la mujer. En conjunto, se denominan fracturas por debilidad dado que están selectivamente aumentadas en mujeres que pierden peso involuntariamente como signo de enfermedad crónica.
Las fracturas del pie, húmero proximal y cadera están selectivamente aumentadas entre los diabéticos. Cada tipo de fractura tiene sus factores de riesgo propios.