Arte & Cultura

Publicado el 11 de febrero de 2002

A propósito de la crisis

¿Ficción o realidad?

Un texto publicado por el escritor José Saramago hace 16 años contiene párrafos que parecen describir –con elocuencia y un toque de humor- la situación social y política que atraviesa nuestro país desde diciembre pasado.

Autor/a: Por IntraMed

En el año 1986 José Saramago, Premio Nóbel de Literatura 1998, publicó su novela La balsa de piedra. En ella narra las peripecias de seis personajes: tres hombres, dos mujeres y un perro, que inician una travesía a lo largo de la península ibérica cuando una grieta abierta espontáneamente a lo largo de los Pirineos provoca la separación de España y Portugal del resto de Europa.

Esta ruptura, que deja a la península a la deriva navegando como una "balsa de piedra", provoca profundos movimientos sociales y políticos. Los extranjeros que se encuentran de visita huyen hacia sus hogares, los ricos se mudan por temor a lo que ocurra en el futuro y los pobres toman por asalto hoteles y mansiones -ahora vacíos- con la esperanza de vivir más confortablemente, al menos durante el tiempo que dure este paseo a la deriva.

Lo llamativo -y motivo de esta nota- es que varios de los párrafos que describen las actitudes de los diversos personajes, parecen calcados de la realidad argentina actual.

Por ejemplo, y en cuanto a la actitud de los políticos:

"La noticia (...) fue aprovechada por el gobierno portugués para presentar la dimisión, apoyándose en la evidente gravedad de la coyuntura y el inminente peligro colectivo, lo que permite pensar que los gobiernos sólo son capaces y eficaces en los momentos en que no haya razones fuertes que exijan todo de su eficacia y capacidad. El primer ministro, en la declaración al país, señaló que el carácter monopartidista de su gobierno era un obstáculo para el amplio consenso nacional que, en el terrible trance en que vivimos, es indispensable para el restablecimiento de la normalidad. En este orden de ideas, propuso al presidente de la República la formación de un gobierno de salvación nacional, con participación de todas las fuerzas políticas, con o sin representación parlamentaria, teniendo en cuenta que siempre se encontraría un lugar de subsecretario de cualquier secretario adjunto de cualquier adjunto al ministro para ser entregado a formaciones políticas que, en una situación normal, no serían llamadas ni para abrir una puerta. (...)
El presidente de la República aceptó la dimisión y, cumpliendo la constitución y las normas de funcionamiento democrático de las instituciones, invitó la primer ministro dimisionario, como máximo dirigente del partido más votado y que, hasta ahora había gobernado sin alianzas, lo invitó, decíamos, a formar el propuesto gobierno de salvación nacional. (...)
(...) así que fue anunciada la formación de dicho gobierno, no pudiéndose, desde luego, evitar ciertas manifestaciones de ese escepticismo congénito cuando se conoce el elenco ministerial y se ven los retratos de los ministros en los diarios y en la televisión, En definitiva son las mismas caras, y qué es lo que esperábamos, si tan renitentes somos a dar las nuestras."

También ocurren los enfrentamientos, reprimidos por las fuerzas de seguridad:

"Entretanto se trabaron batallan campales, o de plaza y calle para hablar con más rigor, los heridos se contaban por centenares, hubo tres o cuatro muertos, aunque las autoridades intentaron ocultar tan tristes casos en la confusión y contradicción de las noticias (...) Gases lacrimógenos, coches-manguera, porras, escudos y cascos, piedras arrancadas de la calzada, barras de las vallas urbanas, lanzas de las verjas de los jardines, he aquí algunas de las armas utilizadas por un bando y otro (...)"

"Tuvo el combate un preámbulo oratorio, tal como se usaba antes, en la antigüedad de las guerras, con desafíos, exhortaciones a la tropa, preces a la Virgen o a Santiago, son siempre buenas las palabras cuando empiezan, pésimos siempre sus resultados, en Albufeira de nada sirvió la arenga del jefe de las huestes populares invasoras, y qué bien las arengó, Guardias, soldados, amigos, abrid esos oídos, dadme vuestra atención, vosotros sois, no lo olvidéis, hijos del pueblo como nosotros, este pueblo tan sacrificado que hace las casas y no las tiene (...)
La tropa veía allí, en ayuntamiento, la querida imagen del padre y de la madre, pero el deber, cuando nos llama, es más fuerte (...)"

Así describe Saramago las renuncias y los enfrentamientos frente a la crisis que comienza cuando Europa se escinde en dos. El final de la novela, abierto y esperanzado, es el mismo que desearíamos copiar en este momento de conflictos e incertidumbre que vive la Argentina.