El sobrepeso entre los niños no es solo una cuestión de subdesarrollo. “En la región europea aproximadamente uno de cada tres niños en edad de ir a la escuela primaria padece obesidad o sobrepeso, y esta cifra no hará sino aumentar”, pronosticaba la OMS en mayo de 2023.
En ese marco, una noticia española publicada hace unos días es –en principio– buena: según datos del estudio ALADINO (Alimentación, Actividad física, Desarrollo infantil y Obesidad) que elaboran el Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030 de España y la AESAN (Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición), la tasa de sobrepeso infantil (que incluye la obesidad) ha bajado 4,5 puntos respecto de 2019, cuando era del 40,6%. El estudio trabajó con datos de hasta 2023, y –en detalle– indica que se ha logrado una reducción del 3,1% en sobrepeso y del 1,4% en obesidad entre los niños y niñas de 6 a 9 años.
En efecto: la noticia es buena, pero no tanto como se quisiera. Ocurre que en los entornos más vulnerables la tasa casi no se ha modificado, y de hecho es más del doble, en las familias de menor renta (23,6%), que la de las familias con mayores ingresos (10,9%). Y, según destacó Pablo Bustinduy, ministro de Derechos Sociales, Consumo y Agenda al presentar el informe- esos valores de los escolares que forman parte de las familias con rentas más bajas se mantienen estables desde 2011, cuando se hizo el primer estudio.
En el informe presentado por el ministro –según publicó la AESAN en su sitio web , se señalan algunas de las variables que intervienen en la problemática:
• Desayunos insuficientes. El porcentaje de niños que desayuna bien es 17 puntos más bajo en las familias con menores ingresos (61%) que en las de rentas altas (78 %).
• Escasez de frutas y verduras. En términos generales, solo un 45,3 % de los niños consume fruta cada día; el porcentaje baja a casi la mitad si se trata de de verdura: un 23,8 %.
• Bebidas azucaradas. El porcentaje de niños y niñas que las consumen más de tres días a la semana se ha multiplicado por más de 8 en los últimos años: pasó del 0,9% en 2019 al 7,8% en 2023.
• Exposición a las pantallas. En familias con menor nivel de ingresos, el porcentaje de niños y niñas que se exponen a más de 2 horas diarias frente a una pantalla (41,4%) duplica al de las familias con mayor renta (22,8%).
Este último dato da cuenta de un importante sedentarismo, pero no es esa la única cuestión: un estudio encabezado por la Escuela Nacional de Sanidad (ENS) del Instituto de Salud Carlos III (ISCIII) revela que los niños españoles que forman parte de familias de bajos ingresos están expuestos al doble de estímulos publicitarios que promueven el consumo de alimentos y bebidas ultraprocesados y no saludables, en comparación con los menores de clases sociales más altas.
La hipótesis de la investigación, coordinada por Miguel Ángel Royo-Bordonada y Elena Ordaz Castillo, investigadores de la ENS, planteaba la que la publicidad alimentaria podía influir en las preferencias y en el consumo de alimentos de tal manera que contribuyera a las desigualdades socioeconómicas entre los niños españoles en términos de hábitos alimentarios y obesidad infantil. Los resultados del trabajo se han publicado en la revista BMC Public Health , y –según reza el resumen del trabajo, “el objetivo de este estudio fue describir la frecuencia de exposición a la publicidad televisiva de alimentos y bebidas no saludables, medida directamente, entre los niños y adolescentes españoles, y analizar sus desigualdades socioeconómicas”.
Y los resultados son elocuentes: “Los participantes vieron una media semanal de 82,4 anuncios de comida y bebida, de los cuales 67,4 eran de productos poco saludables (81,8%), la mayoría fuera del horario de protección infantil. En promedio, los participantes de clase social baja recibieron un 94,4% más de impactos de la publicidad de alimentos y bebidas poco saludables que los participantes de clase alta (99,9 frente a 51,4, respectivamente). La cobertura publicitaria media de alimentos y bebidas poco saludables fue un 71,6% mayor en los participantes de clase baja que en los de clase alta (10,9% frente a 18,7%; p = 0,01)”, señala el informe.
Y concluye: “Los niños y adolescentes españoles reciben una media de 10 impactos al día de anuncios televisivos de alimentos y bebidas no saludables. La exposición de los niños de clase baja es el doble que la de los niños de clase alta, un dato compatible con la alta prevalencia de obesidad infantil en España y las desigualdades socioeconómicas asociadas”, y advierte sobre la necesidad de "protegerlos los efectos nocivos de la publicidad alimentaria y reducir las desigualdades sociales en materia de salud asociadas, sería necesario establecer un horario de 24 horas para la publicidad de alimentos no saludables en televisión”.
Por su parte, el informe publicado en el sitio web de la ISCIII, destaca: “Los autores sugieren establecer restricciones a la publicidad de alimentos no saludables en televisión en horario infantil ampliado (6:00-24:00), con el objetivo de proteger de forma efectiva a los niños españoles frente a los efectos nocivos de la publicidad de alimentos y bebidas no saludables, y reducir las desigualdades en salud asociadas a esta exposición”.
Publicado el 13 de octubre de 2024
El impacto de la publicidad
España no logra bajar las tasas de sobrepeso infantil entre la población más vulnerable
Según la Cruz Roja, solo el 32% de las familias consume alimentos frescos diariamente, y un 80,5% prioriza alimentos menos nutritivos, pero más baratos y saciantes.
Fuente: IntraMed
El sobrepeso entre los niños no es solo una cuestión de subdesarrollo. “En la región europea aproximadamente uno de cada tres niños en edad de ir a la escuela primaria padece obesidad o sobrepeso, y esta cifra no hará sino aumentar”, pronosticaba la OMS en mayo de 2023.
En ese marco, una noticia española publicada hace unos días es –en principio– buena: según datos del estudio ALADINO (Alimentación, Actividad física, Desarrollo infantil y Obesidad) que elaboran el Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030 de España y la AESAN (Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición), la tasa de sobrepeso infantil (que incluye la obesidad) ha bajado 4,5 puntos respecto de 2019, cuando era del 40,6%. El estudio trabajó con datos de hasta 2023, y –en detalle– indica que se ha logrado una reducción del 3,1% en sobrepeso y del 1,4% en obesidad entre los niños y niñas de 6 a 9 años.
En efecto: la noticia es buena, pero no tanto como se quisiera. Ocurre que en los entornos más vulnerables la tasa casi no se ha modificado, y de hecho es más del doble, en las familias de menor renta (23,6%), que la de las familias con mayores ingresos (10,9%). Y, según destacó Pablo Bustinduy, ministro de Derechos Sociales, Consumo y Agenda al presentar el informe- esos valores de los escolares que forman parte de las familias con rentas más bajas se mantienen estables desde 2011, cuando se hizo el primer estudio.
En el informe presentado por el ministro –según publicó la AESAN en su sitio web , se señalan algunas de las variables que intervienen en la problemática:
• Desayunos insuficientes. El porcentaje de niños que desayuna bien es 17 puntos más bajo en las familias con menores ingresos (61%) que en las de rentas altas (78 %).
• Escasez de frutas y verduras. En términos generales, solo un 45,3 % de los niños consume fruta cada día; el porcentaje baja a casi la mitad si se trata de de verdura: un 23,8 %.
• Bebidas azucaradas. El porcentaje de niños y niñas que las consumen más de tres días a la semana se ha multiplicado por más de 8 en los últimos años: pasó del 0,9% en 2019 al 7,8% en 2023.
• Exposición a las pantallas. En familias con menor nivel de ingresos, el porcentaje de niños y niñas que se exponen a más de 2 horas diarias frente a una pantalla (41,4%) duplica al de las familias con mayor renta (22,8%).
Este último dato da cuenta de un importante sedentarismo, pero no es esa la única cuestión: un estudio encabezado por la Escuela Nacional de Sanidad (ENS) del Instituto de Salud Carlos III (ISCIII) revela que los niños españoles que forman parte de familias de bajos ingresos están expuestos al doble de estímulos publicitarios que promueven el consumo de alimentos y bebidas ultraprocesados y no saludables, en comparación con los menores de clases sociales más altas.
La hipótesis de la investigación, coordinada por Miguel Ángel Royo-Bordonada y Elena Ordaz Castillo, investigadores de la ENS, planteaba la que la publicidad alimentaria podía influir en las preferencias y en el consumo de alimentos de tal manera que contribuyera a las desigualdades socioeconómicas entre los niños españoles en términos de hábitos alimentarios y obesidad infantil. Los resultados del trabajo se han publicado en la revista BMC Public Health , y –según reza el resumen del trabajo, “el objetivo de este estudio fue describir la frecuencia de exposición a la publicidad televisiva de alimentos y bebidas no saludables, medida directamente, entre los niños y adolescentes españoles, y analizar sus desigualdades socioeconómicas”.
Y los resultados son elocuentes: “Los participantes vieron una media semanal de 82,4 anuncios de comida y bebida, de los cuales 67,4 eran de productos poco saludables (81,8%), la mayoría fuera del horario de protección infantil. En promedio, los participantes de clase social baja recibieron un 94,4% más de impactos de la publicidad de alimentos y bebidas poco saludables que los participantes de clase alta (99,9 frente a 51,4, respectivamente). La cobertura publicitaria media de alimentos y bebidas poco saludables fue un 71,6% mayor en los participantes de clase baja que en los de clase alta (10,9% frente a 18,7%; p = 0,01)”, señala el informe.
Y concluye: “Los niños y adolescentes españoles reciben una media de 10 impactos al día de anuncios televisivos de alimentos y bebidas no saludables. La exposición de los niños de clase baja es el doble que la de los niños de clase alta, un dato compatible con la alta prevalencia de obesidad infantil en España y las desigualdades socioeconómicas asociadas”, y advierte sobre la necesidad de "protegerlos los efectos nocivos de la publicidad alimentaria y reducir las desigualdades sociales en materia de salud asociadas, sería necesario establecer un horario de 24 horas para la publicidad de alimentos no saludables en televisión”.
Por su parte, el informe publicado en el sitio web de la ISCIII, destaca: “Los autores sugieren establecer restricciones a la publicidad de alimentos no saludables en televisión en horario infantil ampliado (6:00-24:00), con el objetivo de proteger de forma efectiva a los niños españoles frente a los efectos nocivos de la publicidad de alimentos y bebidas no saludables, y reducir las desigualdades en salud asociadas a esta exposición”.