La enfermedad meningocóccica representa un importante problema de salud publica por su frecuencia, características epidemiológicas y gravedad, así como por la alarma social que origina la aparición de nuevos casos en la comunidad.
Incluso en los países más desarrollados, los tratamientos intensivos no consiguen evitar la muerte del niño o secuelas graves y permanentes en un porcentaje significativo de casos. Por este motivo son fundamentales las medidas de prevención de la enfermedad, entre las que el desarrollo de nuevas vacunas conjugadas frente a meningococo C ocupa un lugar predominante por su eficacia y gran utilidad.
Según el polisacárido capsular, la N. Meningitidis, se clasifica en 13 serogrupos distintos. Las cepas pertenecientes a los serogrupos A, B y C causan el 85 a 90% de los casos de infección en todo el mundo.
Las indicaciones de quimioprofilaxis están universalmente aceptadas, sin embargo las indicaciones de vacunación están sufriendo importantes cambios en los últimos tiempos, sobre todo por la aparición de las nuevas vacunas conjugadas.
Hasta hace poco tiempo solo se disponía de una vacuna bivalente (A + C) compuesta por los polisacáridos capsulares de N. Meningitidis serogrupos A y C. La eficacia y seguridad de esta vacuna ha sido demostrada en mayores de 2 años. Sin embargo al ser de naturaleza polisacárida produce una respuesta inmunitaria T independiente. Esta respuesta, mediada por linfocitos B, no estimula la diferenciación de células B de memoria y solo provoca anticuerpos específicos de corta duración en mayores de 18 -24 meses debido a la diferenciación de un subgrupo de linfocitos B maduros a partir de esa edad. Por lo tanto, la respuesta inmunitaria es de corta duración, no es reforzable mediante la revacunación y no es eficaz en menores de 18-24 meses.
Por estos motivos no se ha recomendado la vacunación sistemática de la población, por la corta duración de la inmunidad y por su escasa efectividad en menores de 2 años, el grupo de mayor riesgo de padecer la enfermedad invasiva durante un brote epidémico. Las recomendaciones para el uso de esta vacuna solo incluye a personas de alto riesgo (déficit de complemento, asplenia) y a viajeros en zonas endémicas (Africa subsaharina). En caso de brotes de la enfermedad se recomienda vacunar en aquellas zonas geográficas con un aumento significativo en la incidencia y/o mortalidad por meningococo C, siempre que las tasas de incidencia sean al menos de 10 casos/ 100.000 habitantes en un periodo de 3 meses.
Desde hace unos pocos meses se dispone de una nueva vacuna frente a Meningococo C, similar a las vacunas conjugadas frente a Haemophyllus influenzae B.
Mediante la conjugación de una proteína con el polisacárido de N. meningitidis se consigue engañar al sistema inmunitario que reconoce la proteína como antígeno y produce una respuesta inmunitaria T dependiente frente al polisacárido de meningococo. Esta respuesta, mediada por linfocitos T cooperadores, estimula la proliferación de linfocitos B capaces de sintetizar anticuerpos de tipo IgG específicos, estos anticuerpos son de larga duración, y además se estimula la proliferación de células B de memoria, las cuales en un segundo contacto con el antígeno provocan una respuesta inmunitaria más rápida y más eficaz, (efecto booster de la revacunación). Por lo tanto, las nuevas vacunas conjugadas solucionan el problema de las otras vacunas, ya que consiguen una inmunidad de larga duración, son reforzables mediante la revacunación y son eficaces en menores de 18 meses.