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Publicado el 14 de julio de 2026

Panorama

En México la epidemia de diabetes pide que se superen “los desiertos” de atención

Un estudio reciente muestra que la accesibilidad geográfica no es la barrera más grave.

Fuente: IntraMed

En México hace rato ya que la diabetes no es una epidemia silenciosa; todo lo contrario: es conocida, masiva y persistente. Según el Atlas de la Federación Internacional de Diabetes (FID), 13,6 millones de mexicanas y mexicanos de entre 20 y 79 años (es decir, 1 de cada 5) viven con la enfermedad; pero, además, se calcula que el que 41,3 % de ese grupo (o sea 5,6 millones de esas personas) lo ignora. Y el futuro no se ve bien: la FID estima que para 2025 las personas con diabetes en México serán 19,9 millones. Y a pesar de todo, sin dejar de tener en cuenta lo crucial de la prevención y los buenos hábitos, esas cifras, en última instancia, no serían lo más preocupante, pues la diabetes se pude tratar. El problema en México es, según un estudio reciente, que el acceso al tratamiento y a los controles es bajo, al menos en la población que no cuenta con cobertura de seguridad social (PobSinSS). La investigación muestra que “la cobertura efectiva para diabetes es baja, incluso en áreas de alta accesibilidad (el subrayado es nuestro), lo que evidencia barreras funcionales y la necesidad de evaluar el desempeño del sistema para guiar políticas de equidad.” Y agrega el texto del paper: “La evaluación del desempeño del sistema de salud requiere trascender las métricas de accesibilidad (geográfica o por capacidad) –el subrayado es nuestro–, y cuantificar si las personas con necesidad real reciben los servicios esenciales (detección, tratamiento, control) con la calidad mínima requerida para lograr resultados en salud.”

El trabajo, llevado a cabo por integrantes de la Unidad de Inteligencia en Salud Pública, del Instituto Nacional de Salud Pública de México, y coordinado por Juan Eugenio Hernández Ávila, partía de una premisa: “no basta con medir la cobertura en términos de acceso o contacto con los servicios, sino que es crucial evaluar la cobertura efectiva: la proporción de la población necesitada que recibe un servicio con la calidad suficiente para lograr el beneficio esperado (el subrayado es nuestro). Para medirlo con rigor elaboraron, mediante análisis geoespacial, un mapa que relaciona la ubicación de la población y de los centros de salud con los tiempos de traslado, para determinar si las personas pueden acceder realmente a la atención. Luego compararon esa necesidad potencial con los servicios que efectivamente se brindan. En este punto, destaca el paper, “el análisis incorporó microdatos poblacionales del país, correspondientes al Censo 2020, con lo que se logró la georreferenciación de un total de 124.298.119 habitantes (98,6 % de la población censada) por manzanas o centros de localidad, de los cuales 65.478.864 (52,7 %) fueron clasificados como PobSinSS”.

Lo que encontraron fueron cifras preocupantes: el 99,4 % de la PobSinSS tiene accesibilidad geográfica y capacidad instalada cercana, pero la cobertura efectiva de tratamiento para diabetes es solo del 13,02 %; y la de control metabólico, apenas del 4,4 %; describieron esta realidad como "desiertos funcionales de atención". En contraste, solo el 0,4 % de la PobSinSS enfrenta desiertos geográficos (más de 13 km de una unidad médica), y el 0,5 %, desiertos por capacidad (es decir, se cuenta con unidades cercanas, pero insuficientes en recursos). “La identificación de estos extensos desiertos de cobertura efectiva es fundamental, pues señala la existencia de barreras funcionales críticas –posiblemente relacionadas con calidad de los procesos clínicos, continuidad de la atención, adherencia al tratamiento, disponibilidad de medicamentos o factores del lado de la demanda– que operan después de superadas las barreras de accesibilidad física o capacidad nominal (los subrayados son nuestros)”, indican los autores.

Propuestas y límites de la investigación

Por encima de los resultados, los investigadores destacan la utilidad del enfoque; de hecho, no se quedaron en la publicación de los datos, sino que los transformaron en una “herramienta de gestión”: fueron volcados en una plataforma digital que permite visualizar, municipio por municipio, dónde existen "desiertos de atención" , pensada para ayudar a autoridades sanitarias y responsables de la planificación de servicios a detectar áreas prioritarias y a orientar mejor las inversiones en salud.

Reconocen, por otro lado, algunas de las limitaciones del estudio: por un lado, la antigüedad (2018) de algunos de los datos disponibles; pero también, la restricción de variables de análisis a “las barreras geográficas y de capacidad”: “otros determinantes sociales y económicos que modifican el acceso –como nivel socioeconómico, escolaridad, etnia, barreras lingüísticas, costos de transporte, tiempos de espera, percepción de calidad y disponibilidad de medicamentos– no fueron modelados explícitamente por lo que, sin duda, contribuyen a los desiertos de cobertura efectiva observados”, resaltan. Pero de todas formas –sostienen–, “los resultados sugieren recomendaciones importantes. Para incrementar la cobertura efectiva en el control de diabetes, las intervenciones deben ir más allá de la infraestructura física. Es prioritario implementar estrategias focalizadas en las áreas con baja cobertura efectiva, enfocadas en mejorar la calidad de los procesos (adherencia a guías, seguimiento), asegurar insumos y medicamentos, capacitar al personal y facilitar la adherencia del paciente de acuerdo con su contexto. La diferenciación de desiertos permite priorizar acciones: unidades móviles o telemedicina para los geográficos; fortalecimiento de recursos en unidades saturadas, para los de capacidad, y programas de mejora de calidad y gestión de crónicos, para los de cobertura efectiva”.

México cuenta con infraestructura, programas y medicamentos. El reto, como señalan los investigadores del INSP, es convertir esos recursos en resultados concretos de salud.