Dentro de un contexto mundial de aumento de la prevalencia de asma bronquial y de su severidad se debaten las razones de tales eventos epidemiológicos de carácter negativo. En general se estima que los causales más importantes se deben relacionar con fenómenos ambientales más que genéticos. En USA las personas de raza negra, y particularmente de los grupos socioeconómicos más pobres, sufren de significativa mayor prevalencia y mortalidad habiendo otras probables razones como las condiciones desfavorables y polucionadas de sus viviendas, dificultoso acceso a los servicios de salud y deficiente educación. Entre ellos también se ha señalado últimamente en algunos reportes individuales la asociación de uso de drogas ilícitas y exacerbaciones de asma e incluso con formas graves y aún mortales de la enfermedad.
Para evaluar este último aspecto los autores realizaron un estudio prospectivo en un hospital de USA (Albert Einstein Medical Center, Filadelfia) para determinar la prevalencia del uso de cocaína y su impacto en la severidad de pacientes asmáticos, adultos con exacerbación aguda de asma bronquial.
A los enfermos que consultaron durante 7 meses en el horario de 8 a 24 horas con una exacerbación de asma se los invitó a participar firmando previamente un consentimiento escrito. Se implementó un cuestionario de 17 preguntas de las que se deducía la severidad del asma, su tratamiento previo, los antecedentes de crisis en el último año, qué tratamiento realizaban y qué consumo de tabaco, alcohol y drogas ilícitas tenían entre sus antecedentes.
Sólo consintieron participar 116 de 163 pacientes (29% rehusaron participar) con diagnóstico de asma agudizada y de esos se dispuso de orina en 103 enfermos.
Los enfermos fueron en un 68% mujeres de los cuales el 89% eran de raza afro-americana.
El tabaquismo activo se encontró en el 49% de la población, siendo significativamente mayor en los enfermos que además eran consumidores de cocaína.
Hubo 13 de 103 (13%) que mostraron resultados positivos de cocaína habiendo manifestado espontáneamente en el cuestionario su consumo en sólo 3 de los 13; en 6 enfermos (5.8%) el test para opiáceos fue también positivo, 3 de los cuales tuvieron test para cocaína positivo.
Debieron internarse un porcentaje habitual de exacerbaciones ( 22 %) pero con un promedio de PEF de 163L/M los cocaína positivos vs. 192 L/M los negativos con un porcentaje mayor de necesidad de internación entre los primeros (38% vs.20%). El grupo cocaína positiva mostró además otros criterios de severidad siendo 2 de 3 de los requirieron intubación y permanecieron internados el doble de tiempo: 5 días vs. 2.5 días en los cocaíno negativos.
Del grupo total recibía esteroides inhalados previamente sólo el 49% de los enfermos cuando la gran mayoría requería de su utilización. Se trató de una población con déficit importante de control pues el grupo entero tenía 3.8 visitas de emergencia en el último año y habían consumido el 32% de ellos, 3 o más canisters de beta 2 en el último mes.
Los autores -en una interesante discusión- señalan que el porcentaje de asmáticos con consumo de cocaína ha de ser mucho mayor que el 13 % encontrado, que el consentimiento escrito deparó un porcentaje alto de no-participación entre los cuales podría haber alta proporción de consumidores, y analizan este fenómeno del consentimiento y la dificultas que acarrea en este caso para conocer prevalencia de algo que voluntariamente no se manifiesta (sólo 3 de 13 lo hicieron en esta experiencia y comentan datos de otras experiencias como una que en episodios iniciales de asma 21 de 59 (36%) mostraron test positivos.
Finalmente los autores comentan el trágico fenómeno del crack: con este preparado es que se ha observado su mayor asociación con el broncoespasmo; se prepara sin destilación con un precipitado que es filtrado o extraído con alcohol siendo un alcaloide que se volatiliza con el calor por lo que se lo prepara en cigarrillos para ser inhalados fácilmente mezclados con tabaco o marihuana o en pipas. Este método es más irritante del epitelio bronquial y el broncoespasmo es su resultante por la acción de la cocaína o de contaminantes.
No conozco en nuestro medio experiencias destinadas a determinar cuál es la prevalencia de consumo de drogas ilícitas en pacientes que consultan por exacerbación de asma bronquial pero constituye este un aspecto que habrán de tener presente los que trabajan en emergencias y los médicos que siguen estos enfermos recordando la poca sensibilidad del cuestionario o del interrogatorio en estos enfermos.
Publicado el 9 de septiembre de 2001
Drogadicción y enfermedades respiratorias
El uso de cocaína y su impacto en las exacerbaciones de asma
Un interesante estudio desarrollado en los EEUU advierte sobre el impacto del uso de drogas ilícitas en el desarrollo de enfermedades respiratorias.
Autor/a: Rome L, Lippmann M, Dalsey W, Taggart P y Pomerantz S.
Fuente: Chest 2000; 117:1324-1329
Dentro de un contexto mundial de aumento de la prevalencia de asma bronquial y de su severidad se debaten las razones de tales eventos epidemiológicos de carácter negativo. En general se estima que los causales más importantes se deben relacionar con fenómenos ambientales más que genéticos. En USA las personas de raza negra, y particularmente de los grupos socioeconómicos más pobres, sufren de significativa mayor prevalencia y mortalidad habiendo otras probables razones como las condiciones desfavorables y polucionadas de sus viviendas, dificultoso acceso a los servicios de salud y deficiente educación. Entre ellos también se ha señalado últimamente en algunos reportes individuales la asociación de uso de drogas ilícitas y exacerbaciones de asma e incluso con formas graves y aún mortales de la enfermedad.
Para evaluar este último aspecto los autores realizaron un estudio prospectivo en un hospital de USA (Albert Einstein Medical Center, Filadelfia) para determinar la prevalencia del uso de cocaína y su impacto en la severidad de pacientes asmáticos, adultos con exacerbación aguda de asma bronquial.
A los enfermos que consultaron durante 7 meses en el horario de 8 a 24 horas con una exacerbación de asma se los invitó a participar firmando previamente un consentimiento escrito. Se implementó un cuestionario de 17 preguntas de las que se deducía la severidad del asma, su tratamiento previo, los antecedentes de crisis en el último año, qué tratamiento realizaban y qué consumo de tabaco, alcohol y drogas ilícitas tenían entre sus antecedentes.
Sólo consintieron participar 116 de 163 pacientes (29% rehusaron participar) con diagnóstico de asma agudizada y de esos se dispuso de orina en 103 enfermos.
Los enfermos fueron en un 68% mujeres de los cuales el 89% eran de raza afro-americana.
El tabaquismo activo se encontró en el 49% de la población, siendo significativamente mayor en los enfermos que además eran consumidores de cocaína.
Hubo 13 de 103 (13%) que mostraron resultados positivos de cocaína habiendo manifestado espontáneamente en el cuestionario su consumo en sólo 3 de los 13; en 6 enfermos (5.8%) el test para opiáceos fue también positivo, 3 de los cuales tuvieron test para cocaína positivo.
Debieron internarse un porcentaje habitual de exacerbaciones ( 22 %) pero con un promedio de PEF de 163L/M los cocaína positivos vs. 192 L/M los negativos con un porcentaje mayor de necesidad de internación entre los primeros (38% vs.20%). El grupo cocaína positiva mostró además otros criterios de severidad siendo 2 de 3 de los requirieron intubación y permanecieron internados el doble de tiempo: 5 días vs. 2.5 días en los cocaíno negativos.
Del grupo total recibía esteroides inhalados previamente sólo el 49% de los enfermos cuando la gran mayoría requería de su utilización. Se trató de una población con déficit importante de control pues el grupo entero tenía 3.8 visitas de emergencia en el último año y habían consumido el 32% de ellos, 3 o más canisters de beta 2 en el último mes.
Los autores -en una interesante discusión- señalan que el porcentaje de asmáticos con consumo de cocaína ha de ser mucho mayor que el 13 % encontrado, que el consentimiento escrito deparó un porcentaje alto de no-participación entre los cuales podría haber alta proporción de consumidores, y analizan este fenómeno del consentimiento y la dificultas que acarrea en este caso para conocer prevalencia de algo que voluntariamente no se manifiesta (sólo 3 de 13 lo hicieron en esta experiencia y comentan datos de otras experiencias como una que en episodios iniciales de asma 21 de 59 (36%) mostraron test positivos.
Finalmente los autores comentan el trágico fenómeno del crack: con este preparado es que se ha observado su mayor asociación con el broncoespasmo; se prepara sin destilación con un precipitado que es filtrado o extraído con alcohol siendo un alcaloide que se volatiliza con el calor por lo que se lo prepara en cigarrillos para ser inhalados fácilmente mezclados con tabaco o marihuana o en pipas. Este método es más irritante del epitelio bronquial y el broncoespasmo es su resultante por la acción de la cocaína o de contaminantes.
No conozco en nuestro medio experiencias destinadas a determinar cuál es la prevalencia de consumo de drogas ilícitas en pacientes que consultan por exacerbación de asma bronquial pero constituye este un aspecto que habrán de tener presente los que trabajan en emergencias y los médicos que siguen estos enfermos recordando la poca sensibilidad del cuestionario o del interrogatorio en estos enfermos.