¿Cuáles son las consecuencias de las nuevas formas que toma el "malestar en la cultura". ¿A qué llamamos malestar en la cultura?
Nombremos de este modo a la insatisfacción o imposibilidad de satisfacción absoluta para cualquier humano y agreguemos que hay más malestar cuanto más se desconoce esta imposibilidad de satisfacción. En la actualidad este malestar se debate entre los modos del autismo del siglo y el estatuto de lo individual en el neoliberalismo de esta época.
¿Son los ataques de pánico una novedad de este siglo? No, pero parece haber un incremento. En principio resulta necesario diferenciarlo del miedo: éste se refiere a un objeto, en cambio el pánico no refiere a objeto alguno. En el pánico tenemos a alguien sin ninguna relación -en ese momento- a sus propios recursos. Si no hay recursos, hay inermidad, y también podríamos decir un sentimiento de absoluta ausencia del cuerpo propio, en ese momento. No se trata de miedo a un objeto - como ya dijimos - sino a "todo", ya que todo lo que se da por existente ha quedado del lado del otro. El otro está más presente que nunca (en el sentido de lo otro que uno), toma su máxima consistencia y esto deja al sujeto abrumado y solo, solo de sí sin disponer de sus propios recursos.
Interroguemos con Sigmund Freud, creador del psicoanálisis, el estatuto del líder y de la extranjeridad. La pregunta por el líder implica preguntarse por el estatuto mismo de la realidad, que está puesto en cuestión por la ciencia. Ahora el criterio predominante para ubicar lo verdadero es la imagen, es verdadero lo que se ve. Hemos pasado en la cultura de los liderazgos a la tiranía de la imagen, del enemigo extranjero a Internet. Hay un borramiento de fronteras: recordemos que una condición del enemigo es la ubicación de territorios. Hay un borramiento de los liderazgos en tanto que ya no se trata de quiénes sostienen esas ideas y cuáles son esas ideas, sino de lo que se va orientando por el mercado como líder: el poder es anónimo y lo tiene el mercado -rasgo propio del capitalismo- que está ahora en su máxima expresión. Con lo antedicho y retomando la propuesta freudiana podemos decir que el pánico podría relacionarse en alguna medida con la pérdida de estatuto de los líderes y de la extranjeridad.
Ha habido un recorrido en la cultura -si recordamos a Regis Debray- en relación a la imagen: de la pintura a la fotografía y de allí a la televisión. Un recorrido que va de lo fijo a lo móvil, de lo escrito a la imagen que va más allá de las diferencias del lenguaje: pueden comprenderse las imágenes de la televisión sin el sonido de éste. Transitamos el tiempo del "fin de la historia". No más fines, sólo medios, medios masivos, el imperio es la televisión, versión privilegiada de la historia en la época del "fin de la historia": hay simultaneidad, un exceso con la simultaneidad, el registro del hecho coincide con el hecho mismo.
Preguntémonos por el Estado contemporáneo.¿Cómo describiríamos al Estado contemporáneo?: desfalleciente, no es un Estado protector. El desfallecimiento del Estado es una oportunidad para apostar del lado del sujeto. Respecto de este siglo hay dos caminos, la queja o la ubicación de una oportunidad para el sujeto.