El 27º Congreso Mundial de Medicina Interna, celebrado en Granada, fue el escenario elegido para presentar la guía “Protocolos de Osteoporosis”, editada por la Sociedad Española de Medicina Interna (SEMI) para ofrecer “una primera aproximación de esta enfermedad al internista”, especialista “ideal” para su tratamiento porque, al tener una visión integral del enfermo “puede aprovechar el control de otras patologías para tratar la osteoporosis”, según explicó el Dr. Manuel Sosa, coordinador de la guía y del grupo de trabajo sobre esta enfermedad en la SEMI.
Con el libro “se pretende simplificar las cosas porque la importancia de la enfermedad, por su prevalencia, complicaciones y costes, lo merece”, dijo Sosa, advirtiendo que la osteoporosis “no sólo es un problema de actualidad, sino que será mayor en el futuro”, ya que al ser un deterioro progresivo de pérdida de hueso a lo largo de la vida, el envejecimiento de la población hará que su prevalencia también aumente.
En concreto, mientras España se sitúa en un “nivel medio” -se calcula que una mujer de raza blanca y 50 años tiene un 40 por ciento de probabilidades de tener al menos una fractura en el resto de su vida, y que cuatro de cada diez españolas de entre 60 y 79 años sufren esta enfermedad-, frente a otros países como los nórdicos, que tienen la mayor prevalencia; se espera que ésta aumente notablemente, sobre todo en zonas subdesarrolladas, “según suba su esperanza de vida”.
Un diagnóstico precoz
A la vista de estas perspectivas, y teniendo en cuenta que la osteoporosis, caracterizada por la pérdida progresiva de masa y calidad del hueso, es la enfermedad metabólica ósea más frecuente y responsable de la mayor parte de las fracturas que se producen en mayores de 50 años, la mejor manera de luchar contra su avance es conseguir un diagnóstico lo más precoz posible que permita tratar la enfermedad desde los primeros estadios.
“Antes de conseguir un país libre de osteoporosis trataría de conseguir un país libre de fracturas”, afirmó Sosa, optimista respecto a las posibilidades de lograr altas tasas de diagnósticos precoces, y para quien estamos ante una enfermedad “frecuente, desagradecida y cara” porque, incluso cuando no produce complicaciones o hay buena respuesta al tratamiento, “lo mejor que ocurre es que no ocurre nada”. Es decir, el paciente mantiene su calidad de vida, sin mejorar ningún indicador concreto, pero se consigue evitar la fractura.
Las más frecuentes provocadas por osteoporosis son las fracturas vertebrales -en Europa, tiene una prevalencia del 12 % a los 60 años, incrementándose de forma progresiva hasta alcanzar el 25 % a los 75 años en mujeres y el 17 % en varones- las de la extremidad distal de antebrazo y las proximales de fémur.
En este objetivo de detección precoz de la osteoporosis los expertos coinciden en señalar la densitometría ósea, junto a la densitometría radiológica de doble energía (DXA) como método más recomendable para calcular la densidad de masa ósea y “diagnosticar la enfermedad antes de que aparezcan complicaciones”. Al respecto, Sosa reconoce discrepancias entre los facultativos por la diversidad de tipos de pruebas diagnósticas, pero apunta que se trata tan sólo de “utilizar el sentido común, valorar todo el contexto y tomar la densitometría como una herramienta más, sin olvidar los factores clínicos” u otros, como el genético, que también tienen su importancia. Y es que -apunta el doctor- la hija de una mujer con fractura de cadera tiene el doble de riesgo de sufrir osteoporosis que cualquier otra persona.
No obstante, este experto descarta la existencia de un gen responsable de la enfermedad, aunque contempla la posibilidad de que exista uno “facilitador” de la misma.
Otras técnicas analizadas en la guía, como distintas variedades radiológicas o las pruebas de laboratorio, contribuyen al diagnóstico de la enfermedad, aunque algunos tipos de análisis, como los de sangre y orina, tienen que ser considerados como “marcadores útiles, pero secundarios” porque a menudo “tienen una variación importante en los resultados en corto espacio de tiempo”. “Es mucho más importante hablar con el enfermo, ver que toma bien la medicación, medirle para comprobar que no pierde estatura o hacerle una radiografía para descartar fracturas”, insiste.
Terapias individualizadas
En el plano terapéutico, los internistas destacan la importancia de aplicar un tratamiento “individualizado”, donde el papel de su especialidad es especialmente importante porque implica manejar todos los factores potencialmente influyentes, no sólo sobre la presentación de la enfermedad, sino también sobre la respuesta terapéutica del paciente.
Para Sosa, que trabaja en la Unidad Metabólica Ósea del Hospital Universitario Insular de Las Palmas de Gran Canaria, las últimas generaciones de antirresortivos y los nuevos fármacos formadores de hueso ofrecen perspectivas muy positivas para los enfermos de osteoporosis. “Los que teníamos hasta ahora formaban más hueso, pero de mala calidad. Ahora tenemos la PTH, una hormona que forma hueso, y el estroncio, que forma hueso y al mismo tiempo es antirresortivo”. Así, el nuevo e “interesante” reto que vislumbra ahora es descubrir “cómo aprovechar los dos” fármacos para unir beneficios y mejorar resultados.
El hombre, gran olvidado
Por otra parte, Sosa quiso hacer especial hincapié en desmentir la creencia extendida de que se trate de una “enfermedad de mujeres”. “Eso no es cierto. El varón tiene también osteoporosis. Es el gran olvidado”, aseguró. La diferencia es que la mayor parte de las osteoporosis en hombres son secundarias, es decir, causadas por otra patología, por la inmovilización prolongada o el uso de determinados fármacos. Respecto a la probabilidad de desarrollar la enfermedad en esta población, es de diez a uno frente a la mujer a los 50 años, acortándose distancias hasta una relación de dos a uno a partir de los 70 años. “Pero la mujer siempre tiene más fracturas” y hay algunos tratamientos que no se pueden aplicar a los varones, apostilló Sosa.
“Hay que invertir en investigación y dotar de medios a los profesionales”
“Hay que invertir en investigación”, afirmó, tajante, el doctor Sosa, quien reconoce, no obstante, las últimas actuaciones impulsadas por el Gobierno en esta dirección. “Ha habido un aumento importante. Es una medida muy acertada, hay que seguir en esta línea y que cada CC.AA. dote a sus profesionales de los medios que necesiten”, dijo, “optimista” respecto a un futuro “que vaya a mejor”.
“Un antes y un después” de un congreso multitudinario
La celebración del 27 Congreso Mundial de Medicina Interna en Granada “ha superado las mejores expectativas” de su presidente, el doctor Blas Gil Extremera. Según explicó a este periódico, se han inscrito más de 3.300 especialistas, lo que supera la asistencia de todos los congresos anteriores de la sociedad. La misma satisfacción le produce la calidad “altísima” de los ponentes y la “calificación máxima” que cree merecen los contenidos tratados. “Estamos un poco abrumados del éxito tan espectacular”, reconoció, destacando que en la cita se han abordado la casi totalidad de patologías que preocupan en el mundo occidental”.
Por su parte, el presidente de SEMI, Ángel Sánchez, aseguró que “hay un antes y un después” de este congreso, en el que los internistas españoles han demostrado estar “entre los primeros de Europa”. Por otra parte, insistió en la necesidad de “colaborar con las especialidades, necesarias” para atender a los pacientes, pero al mismo tiempo, de “no dejar que se limite el campo de competencias” de la medicina interna.