"El purgantazo"

Corrían los años setenta y cuenta mi esposa que estudiando aún en el colegio, cierto día vieron un grupo de estudiantes de medicina con el pelo cortado al “rape”, y una amiga que iba con ellas en el bus exclamó: “ Esa es mi Facultad¡ ¡Yo también voy a estudiar medicina¡”. Aquellas palabras encierran toda la emoción y la ilusión que aquella niña guardaba dentro de sí por llegar a engrosar las filas de la Gloriosa Escuela de Medicina de la Universidad de San Carlos de Guatemala.
Ingresar a la facultad era nuestra máxima ilusión y para llenarse de orgullo, porque por aquellos años no solo era la única sino que además gozaba de mucho prestigio incluso en el extranjero, eso nos dio la oportunidad y el agrado de conocer compañeros de toda Centroamérica, Estados Unidos, Puerto Rico, Belice, etc., pero para poder decir que ya éramos parte de la escuela, primero debíamos llenar un “pequeño requisito”... “Sobrevivir” el bautizo a los “nuevos”. Esta especial “ceremonia” consistía en que los estudiantes de nuevo ingreso nos debíamos presentar muy temprano, en las afueras del Paraninfo Universitario, antiguo edificio que albergó la facultad de medicina en sus primeros años y que está situado en la zona central de la ciudad, allí los estudiantes antiguos nos esperaban tijeras en mano y dotados de una buena cantidad y diversidad de colores de pintura y “chapopote” (asfalto líquido) para sacar a relucir sus ocultos dotes de artista y mientras un grupo se ocupaba en “esculpir” nuestra cabellera el otro grupo, cual Rembrant o Picasso, plasmaban su obra de arte en nuestros cuerpos, cubiertos solo con los restos de lo que un día había sido un pantalón, calzoncillo y camisa, todo ello, tratando de ganar el primer lugar al grupo que presentara el mejor “Modelito”.
Pero la cosa no paraba allí, además de la respectiva rapada y pintarrajeada, había que “hacer cola” (fila) para pasar frente a una mesa y un viejo tonel en cuyo interior había una extraña mezcla de líquidos color corinto que emanaba un olor del que, hoy seis lustros después, no me quiero ni acordar. Aquel extraño brebaje era llamado “El Purgantazo”, haciendo alusión a los “purgantes”, una oleosa bebida casera tradicional guatemalteca que las madres de antaño utilizaban para sanar los “empachos” (diarrea) de sus pequeños retoños. Irónicamente, para “no tragarse” aquel brebaje había que pagar un costo y se nos extendía una hojita de papel que servía de entrada para la fiesta de Bienvenida en la noche; además describía detalladamente los efectos colaterales que aquella bebida provocaba y si mi cansada memoria no me traiciona, estos eran algunos: diarrea en todas sus presentaciones, náusea, vómitos de diferentes colores y sabores, cefalea en racimos, visión borrosa acompañada de fosfenos, fosfatos y fosfitos, dolor de estómago, vértigo, boca seca, lengua de loro, acúfenos, pirosis, expulsión de gases capaz de volar una manzana (de casas), deseos de llorar y depresión. Para finalizar el famoso “bautizo a los nuevos”, se cantaba al unísono la “Chalana”, canto de batalla tradicional que identifica a la Universidad de San Carlos, cuya letra fue escrita por nuestro Premio Nóbel de Literatura Miguel Ángel Asturias. Al terminar de cantar, los estudiantes nuevos corrían a abrazar a los antiguos y el caos era aprovechado para correr como locos, hasta donde las fuerzas dieran para librarse del suplicio y esperar a que el alma piadosa de algún piloto del transporte urbano, nos hiciera el alto y nos llevara a nuestro destino.
De aquella “ceremonia”, han pasado 30 años y el grupo de estudiantes, “rapados” (sin pelo), pintados y asustados, este año cumplen sus Bodas de Plata, 25 años de vida profesional. El bautizo de la facultad de Medicina, ya no se lleva a cabo en esas condiciones ni en el mismo lugar, pero la tradición continua aunque de forma más conservadora. Esa era la Bienvenida, en la escuela de medicina, a la que todo el mundo quería pertenecer y de la que pocos tuvimos el honor de egresar con el titulo de Médico y Cirujano. Yo no sé como será la bienvenida en la facultad de medicina de los países hermanos de Latinoamérica, pero ésta, aunque sufrida, fue muy especial y estoy seguro que quedó grabada en la mente y el corazón de los que un día fuimos “Los Nuevos” estudiantes de Medicina de la USAC.

* Juan Francisco Serrano
Miembro de AME: Asociación de Médicos Escritores de Guatemala.