Introducción |
La obesidad constituye uno de los principales determinantes del riesgo cardiovascular global. Más de dos tercios de las muertes asociadas a obesidad se deben a enfermedad cardiovascular (ECV), lo que subraya la necesidad de intervenciones efectivas para su prevención. El exceso de tejido adiposo ejerce efectos adversos sobre los sistemas endocrino e inmune, además de promover trastornos metabólicos como hipertensión, dislipidemia y diabetes tipo 2.
Históricamente, los fármacos para el manejo de la obesidad tuvieron una eficacia limitada y, en algunos casos, efectos adversos cardiovasculares. Sin embargo, el desarrollo de nuevos agonistas incretínicos, como tirzepatida y semaglutida, ha modificado sustancialmente la práctica clínica al lograr reducciones de peso clínicamente relevantes y beneficios metabólicos adicionales.
El estudio SURMOUNT-5 evaluó comparativamente ambos fármacos en pacientes con obesidad sin diabetes. El análisis post hoc aquí resumido examinó el impacto de estas terapias sobre el riesgo cardiovascular estimado a 10 años y los posibles eventos prevenibles en la población general de los Estados Unidos.
Métodos |
SURMOUNT-5 fue un ensayo fase 3b, multicéntrico, abierto y aleatorizado, que comparó tirzepatida (10 o 15 mg) frente a semaglutida (1,7 o 2,4 mg) administradas semanalmente por vía subcutánea durante 72 semanas. Participaron adultos con obesidad o sobrepeso y al menos una complicación relacionada, pero sin diabetes ni antecedentes de enfermedad cardiovascular.
El riesgo cardiovascular a 10 años se estimó mediante las ecuaciones del Framingham Heart Study ajustadas por sexo, edad, índice de masa corporal, presión arterial sistólica, tratamiento antihipertensivo, tabaquismo y glucemia. Los cambios se compararon entre grupos utilizando modelos de covarianza ajustados por variables basales.
Para proyectar el impacto poblacional, se aplicaron los resultados al universo estimado de personas en EE. UU. elegibles para tratamiento con agentes antiobesidad según los datos del National Health and Nutrition Examination Survey (NHANES 2021-2023).
Resultados |
De los 751 participantes incluidos, el 80 % completó el tratamiento. En el subgrupo sin enfermedad cardiovascular basal (n = 576), la edad promedio fue de 45 años y el 66 % eran mujeres. El riesgo cardiovascular basal promedio fue de 9,3 %.
Tras 72 semanas, la reducción absoluta del riesgo cardiovascular a 10 años fue de 2,36 % con tirzepatida frente a 1,35 % con semaglutida (p < 0,001). En términos relativos, la disminución fue del 23,7 % con tirzepatida y del 13,6 % con semaglutida. La diferencia entre ambos tratamientos se observó tan pronto como a las 12 semanas y se mantuvo hasta el final del estudio.
La reducción del riesgo fue consistente en todos los subgrupos analizados (sexo, raza y categoría de IMC). Los hombres presentaron un mayor riesgo basal que las mujeres, pero también una reducción más pronunciada tras la terapia con tirzepatida.
Al extrapolar los datos al conjunto de adultos elegibles de EE. UU. (unos 85 millones de personas sin diabetes ni ECV previa), se estimó que la tirzepatida podría prevenir hasta 2 millones de eventos cardiovasculares en 10 años, frente a 1,15 millones con semaglutida, asumiendo la persistencia del efecto observado.

Cambio porcentual respecto al punto base en el riesgo cardiovascular (%), en tirzepatida frente a semaglutida. Los datos son la media al mínimo-cuadrado de un cambio porcentual (%) respecto a la línea base. Las barras de error indican error estándar. MTD, dosis máxima tolerada; SEMA, semaglutida; TZP, tirzepatida.
Discusión |
Estos resultados indican que la tirzepatida ofrece una mayor reducción del riesgo cardiovascular estimado a largo plazo en comparación con semaglutida, aun en ausencia de diabetes o enfermedad cardiovascular establecida. El efecto fue temprano y sostenido, y podría reflejar tanto la magnitud de la pérdida ponderal como mecanismos metabólicos adicionales.
Ambos fármacos actúan sobre la vía incretínica, pero la tirzepatida combina agonismo dual sobre los receptores de GIP y GLP-1, lo que podría explicar una acción más potente sobre el control metabólico y la inflamación cardiovascular. Estudios preclínicos sugieren que el GIP podría ejercer efectos antiinflamatorios y antiaterogénicos complementarios.
El ensayo también corroboró la mayor eficacia de tirzepatida sobre el peso corporal y la circunferencia de cintura, parámetros estrechamente asociados con la reducción del riesgo cardiovascular.
El aumento global de la obesidad —que afecta a más de 650 millones de adultos— exige estrategias terapéuticas que trasciendan el descenso de peso y se orienten a la prevención de complicaciones cardiovasculares, renales y metabólicas.
Desde una perspectiva de salud pública, la magnitud del beneficio proyectado con tirzepatida podría traducirse en una disminución sustancial de la carga de enfermedad cardiovascular y de los costos sanitarios asociados. Sin embargo, estas proyecciones deben interpretarse con cautela, dado que se basan en estimaciones modeladas y no en eventos observados.
Entre las limitaciones del estudio se incluyen la población mayoritariamente blanca, la falta de seguimiento posterior a las 72 semanas y la posible subestimación de cambios en factores conductuales como el abandono del tabaco.
Conclusiones |
En adultos con obesidad y sin diabetes, la tirzepatida produjo una mayor reducción del riesgo cardiovascular estimado a 10 años en comparación con la semaglutida. Estos hallazgos respaldan su potencial papel en la prevención primaria de la enfermedad cardiovascular, en el contexto de una estrategia integral para el manejo del exceso de peso y las comorbilidades metabólicas.
La magnitud y rapidez del beneficio observada refuerza la importancia de incorporar el control del peso como eje de la prevención cardiovascular moderna.