Noticias médicas

Publicado el 6 de agosto de 2026

Esfuerzos para el fin de esta pandemia

Ecuador: OPS probó metodología para evaluar el camino hacia la eliminación del VIH

La herramienta, que se usó por primera vez en las Américas, analiza indicadores y capacidades de los sistemas de salud para orientar futuras intervenciones.

Fuente: IntraMed

Foto: Gentileza Ministerio de Salud Pública de Ecuador

A principios de julio, un comunicado del Ministerio de Salud ecuatoriano celebraba, y no solo haber sido elegido por la OPS para validar una metodología que la organización llamó “Camino hacia la Eliminación del VIH como Problema de Salud Pública”, que buscaba evaluar la preparación de un país para lograrlo, sino también porque ambos, OPS y Ecuador, habían “aprobado el examen”.  Es una muy buena noticia porque hace más de 40 años que se intenta poner fin a esta esta pandemia de la que, en general, la gente no quiere saber: las infecciones de transmisión sexual, y el VIH en particular, cargan con una dimensión social de tabú y estigma que no rodea a otras infecciones: nadie tiene reparos en preguntar: “¿te vacunaste contra el sarampión?”, pero muy pocas personas preguntan con naturalidad: "¿te hiciste un test de VIH?"…  Y esa es una de las varias razones no médicas por las cuales no se ha podido eliminar el VIH como problema de salud pública, el objetivo que la OPS se propone para 2030. Tenemos cuatro años para lograrlo…

Un poquito de historia

El 5 de junio de 1981 los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos publicaron, como todos los viernes, su MMWR. Son siglas en inglés de Morbidity and Mortality Weekly Report (Informe Semanal de Morbilidad y Mortalidad), que funciona un poco como el "boletín de noticias" de salud pública más importante de ese país y del mundo. Pero el de ese viernes no fue un MMWR cualquiera: informaba sobre “casos inusuales de neumonía en jóvenes homosexuales sanos”. Tan inusuales que no había explicación para lo que pasaba.  Un mes después ya fue la prensa la que instaló el tema, y lo hizo muy mal: el primer artículo al respecto lo publicó The New York Times y lo tituló "Un raro caso de cáncer visto en 41 homosexuales". Pero en un año la “inusual” enfermedad ya no era “patrimonio exclusivo” de los hombres homosexuales, y eso no impidió que entre los rumores y la prensa se alimentaran miedos y prejuicios: “cáncer rosa" o "peste gay" fueron algunos de los crueles apelativos que se usaron, lo que además instaló la falsa idea de que la población general estaba a salvo. Y eso sigue pasando en muchos ámbitos hasta hoy.

La respuesta científica, en cambio, fue bastante rápida para la época: en mayo de 1983, la viróloga francesa Françoise Barré-Sinoussi y su equipo publicaron el descubrimiento del virus que causa el sida; en 1987 estuvo disponible la primera terapia, el AZT (zidovudina), y en 1996 se presentó la terapia antirretroviral combinada, capaz de suprimir la replicación del virus y transformar una sentencia de muerte en una infección crónica y manejable. Hoy, los antirretrovirales de última generación no sólo permiten mantener el virus indetectable, sino también prevenir la transmisión. Sin embargo, la epidemia está lejos de haber terminado: ONUSIDA estimó que en 2024 se produjeron 1,3 millones de nuevas infecciones en el mundo. Y cuando aún persistían enormes desafíos para controlar la transmisión, a comienzos de 2025 la retirada repentina del principal contribuyente a la respuesta mundial al VIH interrumpió programas de prevención, diagnóstico y tratamiento en numerosos países. Aunque ese impacto todavía no se refleja en un aumento global de las nuevas infecciones, ONUSIDA advirtió que el debilitamiento de estos programas amenaza con revertir décadas de avances.

Recordamos esto para mostrar que, más de cuatro décadas después, el problema no es la falta de conocimiento científico, sino la capacidad de sostener la respuesta de salud pública. En ese marco, que el VIH siga rodeado de silencio, de información incorrecta y de mitos retrasa el diagnóstico, dificulta la prevención y alimenta el estigma. Pero en lo epidemiológico el silencio, además, vuelve más difícil medir y controlar la infección.  

La buena noticia

Se puede entender, entonces, por qué celebran, tanto Ecuador como la OPS. Y esto también tiene su historia. En diciembre de 2025 la OPS presentó la Alianza Regional para la Eliminación del VIH en las Américas“una plataforma que reúne a gobiernos, comunidades, agencias internacionales, academia y sector privado para impulsar medidas que permitan reducir las nuevas infecciones y las muertes relacionadas con el sida”, describe la nota de prensa. “Esta plataforma es un llamado a repensar enfoques, reconstruir alianzas y fortalecer la acción colectiva en prevención, diagnóstico y tratamiento, asegurando acceso universal a tecnologías innovadoras que salvan vidas”, agrega. Aunque la negretita es nuestra, la descripción es de Mónica Alonso, jefa de la Unidad de VIH, Hepatitis, Tuberculosis e Infecciones de Transmisión Sexual de la OPS, quien añadió: “Además, debemos avanzar hacia la eliminación de las barreras que dificultan el acceso a los servicios”.

Dos meses después, la Alianza presentaba su documento técnico, sobre la premisa de que “la eliminación del VIH como amenaza para la salud pública para el 2030 es posible” (la negrita es nuestra). “Contamos con herramientas para hacerlo, y si se aplican a gran escala -con compromiso político, financiamiento sostenible y acción coordinada— la eliminación del VIH puede convertirse en realidad”, insistía. (El documento puede consultarse aquí. 

 

Los nuevos logros

La Alianza dio origen a una metodología con la que la OPS buscó responder una pregunta compleja: ¿cómo saber si un país realmente está en condiciones de eliminar el VIH como problema de salud pública?  No alcanza con saber si hay nuevos diagnósticos o cuántas personas están en tratamiento. Hace falta mirar la calidad de los datos, la capacidad de los laboratorios, el funcionamiento de los programas, la participación de las comunidades y una serie de indicadores que muestran si el sistema de salud puede sostener los avances. 

Pero además, una metodología no demuestra su utilidad hasta que sale del papel y se enfrenta a la realidad. Eso es lo que se hizo en Ecuador, y con la misión técnica de OPS que en junio implementó por primera vez en las Américas la metodología se logró el doble buen resultado.

Por un lado, el diagnóstico detallado de su respuesta frente al VIH  que obtuvo Ecuador (informa la nota que citamos en el inicio) muestra que está cerca de cumplir las metas 95-95-95 de ONUSIDA, pues, según los datos, el 94,6 % de personas que viven con VIH han sido diagnosticadas; el 90,8 % está en tratamiento antirretroviral y el 80,3 %, con carga viral suprimida. “Además, la tasa de mortalidad relacionada con el VIH ha disminuido significativamente. Y se destacó la solidez del sistema PRAS (MSP) y la calidad de los registros para la toma de decisiones basadas en evidencia.”, agrega el texto. “Aunque el balance es altamente positivo –destaca también- el informe preliminar identificó tres brechas prioritarias en las que el país concentrará sus esfuerzos: expandir el acceso a la profilaxis previa a la exposición (PrEP), optimizar el tratamiento de la tuberculosis (TB) en personas que viven con VIH y eliminar la transmisión vertical.”

Por su parte, la OPS recogió la experiencia necesaria para ajustar la metodología antes de extenderla al resto de los países de la región, y se refirió en estos términos  a las razones y  a los logros de elección de Ecuador para la prueba piloto: “El progreso de Ecuador en la respuesta al VIH se refleja en el cumplimiento de 6 de los 10 indicadores establecidos en la metodología. Por ello se lo consideró como un escenario idóneo para validar la metodología.  A este respecto, durante la misión se analizaron y se determinó la calidad de los datos disponibles para el cálculo de los indicadores. Además, mediante diálogos con las partes interesadas de la respuesta, se pilotearon las diferentes herramientas establecidas dentro de la metodología que sirven para determinar la calidad de los servicios de salud y de laboratorio, y la participación de las comunidades”.

Si durante los primeros años de la pandemia la pregunta era qué causaba la “inusual”  enfermedad, más de cuatro décadas después el desafío es otro: comprobar que los países estén preparados para convertir el conocimiento científico acumulado en la eliminación real del VIH como problema de salud pública. Este es un hito importante, pero no podemos perder tiempo. Insistimos: para 2030 quedan solo cuatro años…