Puntos de vista

Publicado el 29 de octubre de 2002

Periodismo médico

Divulgación de las noticias médicas

El periodismo médico, tanto aquí como en los países de mayor tradición en esa rama de la información, en general está en manos de periodistas no especializados.

Autor/a: Dra. Marta Papponetti*

La responsabilidad de no confundir a la opinión pública en los temas de salud está compartida entre los científicos y los medios de comunicación, pues ambos profesan su vocación de servir al público. El periodismo médico, tanto aquí como en los países de mayor tradición en esa rama de la información como es Estados Unidos, en general está en manos de periodistas no especializados en temas de salud. Tengamos en cuenta, además, que en nuestro país no existe la matrícula para periodistas y para serlo no es necesario haber cursado una carrera formal. Esto hace que algunas noticias médicas se eviten, o se elaboren con falsos conceptos, se traten superficialmente o se las tiña de esperanza o desesperanza, según lo que convenga en ese momento, siempre por supuesto en relación con el marketing o el rating.

Muchas veces sólo se anuncian los hechos, o se habla de los riesgos de contraer la enfermedad, sin mayores explicaciones ni antecedentes y teniendo en cuenta que es posible que el periodista no diferencie qué es un riesgo relativo y qué es un riesgo absoluto, fruto precisamente de la falta de preparación en temas científicos. Es así que durante una semana las noticias negativas sobre una sustancia o una enfermedad pueden cambiar de signo o de matiz para la semana siguiente,

La falta de especialización de la mayoría de los periodistas en materia de salud puede hacer que la elección del tema para su trabajo recaiga en el campo de la química, las sustancias químicas y la tecnología y menos en las enfermedades o los avances terapéuticos, de más difícil comprensión.

Muchas veces los comunicadores "ocultan" o "minimizan" la verdadera dimensión de los riesgos de una enfermedad para no espantar a los lectores o espectadores, aunque otras veces las jerarquizan sin razón o las tornan amenazantes, para atraerlos. La información suele manipularse, a veces para atrapar al público y otras para dejarlo tranquilo, por motivos ajenos a los de la comunidad médica. Es así que podemos observar que los temas médicos que más ocupan a los medios masivos de comunicación son los que aún siguen controvertidos dentro de la comunidad médica, lo que explica que la consulta del periodista a diferentes profesionales obtenga respuestas diferentes. La falta de consenso vende más. No olvidemos que una de las características del periodismo para mantener la atención del público es mantener el debate público, lo cual será válido para otros aspectos de la sociedad, pero que en salud es peligroso, porque es un tema que nos afecta a todos por igual, sin ningún tipo de distinción social, partidaria, religiosa o geográfica, pues la salud es lo más caro a la vida del Hombre.

Vayan como ejemplo las conclusiones de un estudio hecho en Inglaterra, donde luego de analizar el tratamiento que hacen diversas publicaciones sobre el sindrome de fatiga crónica, cuya etiología todavía sigue siendo debatida por los médicos, se llegó a la siguiente conclusión: las revistas científicas, los suplementos especializados y las revistas de divulgación científica tienden a difundir las etiologías propuestas hasta ese momento como las del origen socioeconómico y psicosomático del sindrome, mientras que los periódicos generales y las revistas para el gran público, entre ellas las femeninas, tratan el tema desde el punto de vista orgánico y la llaman con su otro nombre: encefalomielitis epidémica. Como puede apreciarse, ya la diferencia en la manera de nombrar a la enfermedad tendrá un impacto diferente sobre el público general.
 
Pero no toda la responsabilidad es del periodista, pues él debe responder a un editor, quien es el que elige las notas y quien decide enviar al periodista a cubrir un tema para el que quizás no esté preparado o quien rechaza una hermosa nota del periodista porque en ese momento no "va" o no "pega", usando la jerga habitual en estos casos. La información de un tema médico puede ser nuevo para él pero antiguo para nosotros, o no tener importancia para los médicos y ser interesante para periodista. Y si a esto se le agrega una carga sensacionalismo o emotividad, es obvio que el resultado no es el que los responsables de la salud esperan. El descubrimiento más importante del siglo puede ser dejado de lado si no tiene características llamativas para un editor o periodista como así un hecho científico que todavía no ha sido probado ni es aún aplicable a los seres humanos puede pasar a ser el tema de moda, esperanzando engañosamente a muchos pacientes.
 
Y si nos referimos a la TV, todo es peor: allí la nota debe ser corta, concisa y contundente. Por lo tanto, en la síntesis se pierden datos importantes y se falsean otros. En abril de 1997, un periodista y escritor especializado en temas sobre SIDA/HI publicó en La Nación un artículo que no ha perdido vigencia donde denunciaba la falta de información sobre SIDA y por el otro, los falsos mensajes que aparecen sobre todo en la TV, principal medio de comunicación para la mayoría de la gente.