La dispepsia es causal de un elevado número de consultas médicas que requieren de estudios y tratamientos costosos de resultados no siempre eficaces y que provoca caída de días laborales.
En USA y países europeos se realizaron evaluaciones de costos que arrojan cifras sorprendentes, es así como en los Estados Unidos en 1995 se gastaron más de 1.300 millones de dólares sólo en tratamiento de ésta patología (sin contar estudios de laboratorio, ecografías o endoscopías), algo similar se observó en los países del norte de Europa.
Entre el 25 al 40% de las consultadas efectuadas en atención primaria de la salud en países occidentales se deben a dispepsia, y la proporción aún es mayor en los consultorios de los gastroenterólogos.
Esta demanda de atención es sólo superada por la hipertensión arterial, lo que da una acabada imagen de la magnitud del problema, más aún si tenemos en cuenta que existe una proporción significativa de sujetos que no consulta al médico por diferentes razones (imposibilidad de llegar a la consulta por motivos económicos, culturales, elevado umbral para el dolor o el disconfort epigástrico, etc) que eleva las cifras de prevalencia al 60% de la población.
La prevalencia mayor se observa en los blancos de mediana edad, de sexo femenino, llegando a encontrar hasta el 70% de las amas de casa en USA (Drossman y col.).
En nuestro medio no existen aún datos epidemiológicos, no obstante el Club Argentino del Estómago y Duodeno se halla abocado actualmente a la realización de una encuesta nacional sobre dispepsia.
Esta enfermedad crónica y recurrente altera la calidad de vida de los pacientes, está influenciada por factores psicosociales, culturales, económicos y su evolución no siempre es predecible.
Para evaluar el impacto sobre la calidad de vida de este complejo sintomático se han ideado múltiples y variados cuestionarios validados por estudios poblacionales tanto de los síntomas como de las características psicológicas.
La mayoría son encuestas realizadas en ciudades determinadas, y dirigidas a individuos que deben tener una buena disposición para responder y comprender los objetivos de las mismas, las más conocidas son el SF 12 y el SF 36, también utilizados en otros trastornos funcionales digestivos como el colon irritable, son cuestionarios complejos sobre la existencia, severidad y frecuencia de la signo-sintomatología de la dispepsia, demás está decir que requieren de una infraestructura importante para llevarlos a cabo, más la concientización y estímulo de la población para que responda y de un adecuado nivel cultural para llevar a cabo el mismo.
Se sabe que además de las alteraciones sensoriales que pueden o no tener una base orgánica, existe una marcada influencia de los factores psico-sociales sobre la génesis y la perpetuación de los trastornos funcionales, actuando sobre:
1. La fisiología digestiva.
2. La modulación de los síntomas.
3. El impacto sobre la evolución de la enfermedad.
4. La estrategia del tratamiento.
Se sabe que muchos de estos pacientes han sido sometidos a abuso sexual en su infancia o han padecido o padecen alteraciones de su personalidad que los hace dependientes, con escasa capacidad de inserción social y para adquirir conocimientos o conductas que no los marginen del medio en cual se desempeñan, suelen ser ansiosos, depresivos, por lo general están sometidos a situaciones de stress que no pueden manejar y además padecen fobias, fundamentalmente al cáncer, que es el temor que los lleva frecuentemente a la consulta, y genera la realización de estudios muchas veces innecesarios para descartarlo.
Se han ideado infinidad de test para evaluar los desordenes psicológicos, como el DIS (diagnostic interview schedule), SCAN (schedules for clinical assesment in neuropsychiatry), SCL-90 (symton cheklist-90), STAI (Spielberg state trait anxiety inventory), BDI (Beck depression inventory), EPI (Eysenck personality inventory),NEO (neuroticism, extroversion, opennes score), CSQ (coping strategies questionnaire) y muchos otros que son encuestas para evaluar las alteraciones psiquiátricas de poblaciones determinadas, sus resultados pueden ser de mucho valor pero están sujetos a diferentes criterios de interpretación y generan controversias entre clínicos y psiquiatras o psicólogos.
La valoración mediante test apuntan fundamentalmente a medir el impacto de la enfermedad sobre la calidad de vida, la estrategia diagnóstico-terapéutica a utilizar y para evaluar la respuesta a los tratamientos instituidos.
Dado que ésta suele ser una enfermedad crónica y recidivante, quizá el objetivo fundamental hasta tanto no se encuentre un tratamiento curativo es el de mejorar la calidad de vida de estos pacientes, restablecerlos e insertarlos en el medio social y laboral.
Publicado el 16 de septiembre de 2001
Epidemiología
Dispepsia - II Parte
Retomando el artículo publicado la semana pasada, se avanza en la epidemiología de la dispepsia.
Autor/a: Dr. Pablo Saúl Pest*
La dispepsia es causal de un elevado número de consultas médicas que requieren de estudios y tratamientos costosos de resultados no siempre eficaces y que provoca caída de días laborales.
En USA y países europeos se realizaron evaluaciones de costos que arrojan cifras sorprendentes, es así como en los Estados Unidos en 1995 se gastaron más de 1.300 millones de dólares sólo en tratamiento de ésta patología (sin contar estudios de laboratorio, ecografías o endoscopías), algo similar se observó en los países del norte de Europa.
Entre el 25 al 40% de las consultadas efectuadas en atención primaria de la salud en países occidentales se deben a dispepsia, y la proporción aún es mayor en los consultorios de los gastroenterólogos.
Esta demanda de atención es sólo superada por la hipertensión arterial, lo que da una acabada imagen de la magnitud del problema, más aún si tenemos en cuenta que existe una proporción significativa de sujetos que no consulta al médico por diferentes razones (imposibilidad de llegar a la consulta por motivos económicos, culturales, elevado umbral para el dolor o el disconfort epigástrico, etc) que eleva las cifras de prevalencia al 60% de la población.
La prevalencia mayor se observa en los blancos de mediana edad, de sexo femenino, llegando a encontrar hasta el 70% de las amas de casa en USA (Drossman y col.).
En nuestro medio no existen aún datos epidemiológicos, no obstante el Club Argentino del Estómago y Duodeno se halla abocado actualmente a la realización de una encuesta nacional sobre dispepsia.
Esta enfermedad crónica y recurrente altera la calidad de vida de los pacientes, está influenciada por factores psicosociales, culturales, económicos y su evolución no siempre es predecible.
Para evaluar el impacto sobre la calidad de vida de este complejo sintomático se han ideado múltiples y variados cuestionarios validados por estudios poblacionales tanto de los síntomas como de las características psicológicas.
La mayoría son encuestas realizadas en ciudades determinadas, y dirigidas a individuos que deben tener una buena disposición para responder y comprender los objetivos de las mismas, las más conocidas son el SF 12 y el SF 36, también utilizados en otros trastornos funcionales digestivos como el colon irritable, son cuestionarios complejos sobre la existencia, severidad y frecuencia de la signo-sintomatología de la dispepsia, demás está decir que requieren de una infraestructura importante para llevarlos a cabo, más la concientización y estímulo de la población para que responda y de un adecuado nivel cultural para llevar a cabo el mismo.
Se sabe que además de las alteraciones sensoriales que pueden o no tener una base orgánica, existe una marcada influencia de los factores psico-sociales sobre la génesis y la perpetuación de los trastornos funcionales, actuando sobre:
1. La fisiología digestiva.
2. La modulación de los síntomas.
3. El impacto sobre la evolución de la enfermedad.
4. La estrategia del tratamiento.
Se sabe que muchos de estos pacientes han sido sometidos a abuso sexual en su infancia o han padecido o padecen alteraciones de su personalidad que los hace dependientes, con escasa capacidad de inserción social y para adquirir conocimientos o conductas que no los marginen del medio en cual se desempeñan, suelen ser ansiosos, depresivos, por lo general están sometidos a situaciones de stress que no pueden manejar y además padecen fobias, fundamentalmente al cáncer, que es el temor que los lleva frecuentemente a la consulta, y genera la realización de estudios muchas veces innecesarios para descartarlo.
Se han ideado infinidad de test para evaluar los desordenes psicológicos, como el DIS (diagnostic interview schedule), SCAN (schedules for clinical assesment in neuropsychiatry), SCL-90 (symton cheklist-90), STAI (Spielberg state trait anxiety inventory), BDI (Beck depression inventory), EPI (Eysenck personality inventory),NEO (neuroticism, extroversion, opennes score), CSQ (coping strategies questionnaire) y muchos otros que son encuestas para evaluar las alteraciones psiquiátricas de poblaciones determinadas, sus resultados pueden ser de mucho valor pero están sujetos a diferentes criterios de interpretación y generan controversias entre clínicos y psiquiatras o psicólogos.
La valoración mediante test apuntan fundamentalmente a medir el impacto de la enfermedad sobre la calidad de vida, la estrategia diagnóstico-terapéutica a utilizar y para evaluar la respuesta a los tratamientos instituidos.
Dado que ésta suele ser una enfermedad crónica y recidivante, quizá el objetivo fundamental hasta tanto no se encuentre un tratamiento curativo es el de mejorar la calidad de vida de estos pacientes, restablecerlos e insertarlos en el medio social y laboral.