La endocarditis bacteriana (EB) siempre ha constituido un desafío para el clínico y el cirujano. La principal dificultad para el primero es el diagnóstico y para el cirujano la erradicación completa de la infección del corazón, donde las resecciones extensas pueden ser fatales.
El diagnóstico de endocarditis se fundamenta principalmente en la bacteriemia y en la presencia de vegetaciones valvulares o abscesos intracardíacos. Los criterios secundarios son las consecuencias sistémicas, inmunológicas y vasculares de la enfermedad.
En 1994 se propuso un grupo de criterios de EB conocidos como los criterios o clasificación Duke.
El advenimiento de la ecocardiografía transesofágica amplió estos criterios y actualmente se los designa como Duke modificados. Este artículo es una revisión de los últimos avances en el diagnóstico y tratamiento de la EB.
Fisiopatología
La formación de un trombo estéril de plaquetas y fibrina en el sitio de la lesión endotelial es el episodio inicial de la EB. Las bacterias asientan y desarrollan en este trombo y se suceden ciclos de infección bacteriana y nuevos trombos que constituyen las vegetaciones.
Cuando las vegetaciones están infectadas se tornan viables y embolizan. La destrucción tisular local produce insuficiencia valvular, abscesos, pericarditis, aneurismas o fístulas. Las reacciones inmunológicas pueden producir poliartritis y glomerulonefritis.
El organismo causal más común es el estreptococo y en los últimos años ha crecido la incidencia del estafilococo coagulasas positiva y negativa con alta incidencia de complicaciones locales y distales.
En el 70% de los pacientes hay un factor predisponente como malformación valvular, cardiopatía congénita, prótesis valvulares y administración intravenosa de drogas. La válvula aórtica bicuspídea es un factor de alto riesgo de EB.
Artículo comentado por el Dr. Ricardo Ferreira, editor responsable de IntraMed en la especialidad de Cirugía General.