Medical News

/ Published on January 21, 2006

Un grave problema social.

Cuando tener hijas es un mal negocio

Reflexiones de Santiago Kovadloff.


Muchísimo es lo que se escribe y dice, en los días que corren, acerca del protagonismo que vienen alcanzando China e India en rubros tales como el económico y el tecnológico. Y bien fundada está por cierto tal profusión de comentarios si acotamos el concepto de progreso y nos empeñamos en limitar su alcance a esas u otras áreas específicas. Pero si aspiramos a dar a ese concepto una proyección más honda y un sentido más integrador, bien pronto se advertirá que, al igual que muchas de las que forman parte del llamado mundo occidental, estas dos naciones mencionadas presentan, junto con ciertos signos vitales como los referidos, otros que no sólo las inscriben en el campo del atraso, sino incluso en el escenario del horror.

De China bastará decir, por el momento, que es un país políticamente arcaico. De la India, y en lo que hace a los aspectos negativos, cabe sumar a cuanto ya se sabe una evidencia más reciente. La difundió, a principios del mes en curso, la revista británica de medicina The Lancet. Según ella, cerca de 10 millones de fetos femeninos podrían haber sido abortados en la India durante las dos últimas décadas. El motivo de esa catástrofe es, al parecer, el preeminente deseo de muchas familias de asegurarse un heredero varón.

A juicio del profesor Shirish Shneth, del Hospital Breach Candy de Bombay, los esposos que optan por este modo de liberarse de sus hijas estiman que las mujeres, concebidas como fuente de inversión, ofrecen a mediano y largo plazo escasa rentabilidad. "Con el tiempo, explica, pasarán a formar parte de las familias de sus futuros maridos y los gastos que insuman terminarán por beneficiar a otros. En algunas comunidades donde prevalece la costumbre de la dote, su monto puede llegar a ser extraordinario".

El planteo no deja lugar a dudas. Tener hijas es un mal negocio. Y si no se puede impedir de entrada que aparezcan, puede en cambio lograrse, en un segundo momento, que desaparezcan.

¿Y la ley? ¿Dónde hay una ley que permita desbaratar este criterio retrógrado y criminal? Existe desde 1994, en la India, una ley que prohíbe revelar el sexo de un feto. No obstante, esa ley es frecuentemente violada. Violada, cabe subrayarlo, por las familias más adineradas y de mejor nivel de educación. Entre ellas, la selección prenatal del género se ejercita con la naturalidad de un hábito. Para proceder con la eficacia que lo hacen, esas familias de inmejorable posición cuentan con un recurso técnico infalible: los equipos de ultrasonido. Ellos brindan la información que permite dictaminar quién vivirá y quién no. En los periódicos de todo el mundo se difundió recientemente esta noticia: "En la India, durante los próximos cinco años, se podría llegar a abortar anualmente más de un millón de fetos femeninos".

Lo dicho basta y sobra para resaltar el problema de fondo. Caracterizaciones como "aborto selectivo" o "selección prenatal de género" no remiten a otra cosa, como práctica social consensuada, que a un procedimiento genocida. Una variante más, entre las muchas que suele tomar, el exterminio programado de la vida. En este caso, de la vida femenina.

El empleo sin restricciones éticas de recursos tecnológicos en áreas que atañen al valor de la vida tergiversa y envilece el sentido del progreso. Los equipos de ultrasonido, en manos de quienes proceden de manera descarnadamente utilitaria, terminan por convertirse en un arma letal. La voluntad de exterminio que promueve su uso responde a un concepto totalmente enajenado del desarrollo y la eficacia. Bueno sería no olvidarlo a la hora de aplaudir la incorporación al Mercado (así, con mayúscula) de los nuevos gigantes de la invención y el consumo. Pero, para ello, quienes acogen con reverencias a los recién llegados deberían preguntarse por la índole moral de sus propios procedimientos, es decir por la idiosincrasia de sus propios valores. En un mundo cada vez más proclive a alcanzar la integración económica a cualquier precio, la vida humana pierde sustancia y se convierte en un elemento pretextual para las buenas operaciones financieras. Se consolida como medio y se diluye como fin.

Por Santiago Kovadloff

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En Página 12

Por Emilio de Benito *

Por motivos culturales, los padres prefieren no tener niñas. Un estudio demostró que en la India existe el aborto selectivo: en 20 años abortaron 10 millones de fetos femeninos.
La India registra medio millón de abortos de embriones femeninos

Cuando la hija se casa, sus padres deben pagar la dote. Si no se casa, es una vergüenza para la familia. Al menos medio millón de mujeres de la India que esperaban una niña han abortado sin causa médica que lo justifique cada año durante las últimas dos décadas, según un estudio que publicó ayer la revista The Lancet. Ello quiere decir que se han eliminado 10 millones de fetos femeninos en 20 años. El trabajo se ha basado en los datos de población y ha descubierto que la relación entre menores de seis años era en 1981 de 962 niñas por cada mil niños; en 1991 de 945 y en el 2001 de 927. Lo normal, si no interviene un aborto selectivo de niñas, es que nazcan alrededor de 960 niñas por cada mil varones. El trabajo muestra que el llamado aborto selectivo es una realidad en la India.

La interrupción del embarazo femenino se acrecienta si la pareja ya ha tenido una hija antes. Entonces, la tasa de recién nacidas baja a 759 por cada mil varones. Si los dos primeros hijos eran niñas, la proporción se reduce aún más: 719 nacimientos de niñas por cada mil niños. La causa no está en la naturaleza, advierten los autores del trabajo, de la Universidad de Toronto (Canadá) y del Instituto de Educación e Investigación Médica de Chandigarth, en la India.

Existen factores que determinan que un feto sea niño o niña, como la ingesta de calorías por la madre, la presencia de una infección por hepatitis B o el tabaco, apuntan los autores del estudio, pero ninguna de ellas –ni su combinación– justifica un desequilibrio como el detectado en la India y en otros países de Asia, como China. Además, si hubiera una causa natural, se repetiría en todos los hijos de una pareja. Sin embargo, el estudio ha demostrado que la probabilidad de que una mujer aborte de una niña es mayor si ya ha tenido hijas antes. Los estudios realizados en otros países, como Noruega, indican que el sexo del segundo hijo de una pareja no está condicionado por el del primogénito.

La India intentó evitar los abortos de niñas en 1996 prohibiendo la realización de ecografías, pero obviamente esta medida no ha servido. “Existen pruebas de que el acceso a los ultrasonidos está muy extendido, incluso en las áreas rurales”, afirman los autores del artículo.

El motivo del desequilibrio en el nacimiento entre el número de niños y niñas es, por tanto, cultural: los padres que saben que van a tener una niña prefieren abortar para evitar tener que pagar en el futuro la dote de la boda de su hija. Si la hija no se casa, será una carga –y probablemente una deshonra– para la familia durante toda la vida. Además, un niño resulta de más ayuda en el campo, afirman.

Hay otros factores que determinan que el aborto selectivo de embriones femeninos sea más frecuente, como el nivel cultural. La tasa más baja de nacimientos de niñas (683 por cada mil varones) se da precisamente entre las madres con mayor nivel cultural, que tienen un acceso más fácil a las tecnologías que permiten conocer antes el sexo del bebé. En cambio, las analfabetas se acercan más a la media natural, con 869 nacimientos de niñas por cada mil niños. La India no es el único país donde se practican los abortos selectivos. Se calcula que en todo el mundo faltan 100 millones de niñas, abortadas o dejadas morir a poco de nacer.

* De El País de Madrid. Especial para Página/12.