Del tamaño de una lapicera, el dispositivo más pequeño de asistencia circulatoria del mundo comenzará el año próximo a ser usado en forma experimental en la Argentina.
Este sofisticado artefacto, de 6,4 milímetros de diámetro y un costo de alrededor de 4000 dólares, contiene una diminuta turbina capaz de bombear hasta cinco litros de sangre por minuto.
“El dispositivo permite asegurar un suministro de sangre normal a los distintos órganos del paciente que ha sufrido un infarto muy masivo, que entró en shock (cardiogénico) durante una angioplastia o que padece una insuficiencia cardíaca terminal y espera un trasplante de corazón”, explicó el doctor Daniel Navia, jefe del Servicio de Cirugía Cardíaca del Instituto Cardiovascular de Buenos Aires (ICBA), a LA NACION.
Este centro médico ha sido invitado a participar de un ensayo clínico para evaluar en América latina la utilidad terapéutica de este dispositivo de origen alemán, apodado Impella Recover , cuyo costo ronda los 4000 dólares.
"Es un dispositivo para asistencia circulatoria de emergencia, a medio camino hacia un corazón artificial", comentó el doctor Navia. Puede ser colocado mediante una cirugía cardíaca o en forma mínimamente invasiva. En este último caso, "se lo introduce por la arteria femoral a través de una cánula que lo hace llegar al ventrículo izquierdo que no puede contraerse en forma adecuada".
Allí, la pequeña turbina toma la sangre del ventrículo y la envía a los distintos órganos a través de la arteria aorta. "En los casos de infartos muy masivos, por ejemplo, esta forma de asistencia circulatoria permite mantener estable al paciente durante dos o tres días, lo que permite que vaya recuperando su función cardíaca", comentó el cirujano.
Para muchos de estos pacientes, agregó Navia, la posibilidad de mantener la circulación mientras se recuperan de una infarto puede salvarles la vida. Estudios realizados en animales mostraron que el dispositivo -que ya ha sido utilizado en humanos en varios centros médicos de Europa- es capaz de reducir hasta en un 70% el área afectada por el infarto.
El Impella Recover también puede servir como puente temporal que mantenga estable al paciente por no más de cinco días, hasta que se decida cuál será el tratamiento por seguir.
"Lo interesante es que es un aparato uy simple, económicamente accesible (si se lo compara con otras tecnologías) y fácil de colocar -enumera Navia-; puede ser colocado en cualquier centro médico en el que se realice un cateterismo."
Corazones artificiales
Para Navia, el pequeño dispositivo de asistencia circulatoria es una tecnología pasible de ser utilizada a gran escala en la Argentina. No ocurre lo mismo con los corazones artificiales, opina: "Además de que cuestan entre 50.000 y 60.000 dólares, requieren una infraestructura atrás difícil de afrontar cuando hay otros temas básicos de salud sin resolver. Es por eso que si bien se han colocado algunos corazones artificiales en la Argentina su uso se ha limitado a unos pocos centros privados".
Aun así, todo hace suponer que en un futuro cercano los corazones artificiales no serán algo tan inalcanzable. Al menos eso es lo que cree el doctor James Young, jefe de medicina interna de la Cleveland Clinic Foundation, de los Estados Unidos, que ayer participó de un simposio previo al XXXII Congreso Argentino de Cardiología, que comienza hoy en Buenos Aires.
"Los corazones artificiales son cada vez más pequeños, más durables y de adaptan mejor a los requerimientos fisiológicos de los pacientes -dijo Young a LA NACION-. Gracias a ellos, hoy pacientes muy graves pueden dejar el hospital y reintegrarse a su medio ambiente social."
En los próximos cinco años, opinó este experto en insuficiencia cardíaca, "veremos dispositivos cada vez más pequeños y que no necesitarán estar conectados a sus fuentes de energía mediante cables".
El tamaño sí importa cuando se trata de corazones artificiales. "El procedimiento de colocación es mucho más simple si el aparato es pequeño -agregó el doctor Navia- y además esto permite que sean colocados en personas de contextura corporal pequeña, algo imposible con los corazones artificiales que colocamos en la Argentina a mediados de los años noventa."
Por Sebastián A. Ríos