Entre los años ochenta y noventa se consideraba al HIV (virus de inmunodeficiencia humana) como una infección fatal inevitable. Los pacientes tenían una expectativa de vida corta y la transmisión vertical materno-fetal rondaba el 25%.
La Sociedad Americana de Medicina Reproductiva (ASRM) y el Centro de Control de enfermedades y Prevención de Estados Unidos (CDC) consideraban antiético utilizar técnicas de reproducción asistida (TRA) para ayudar a concebir a las parejas serodiscordantes, por el alto riesgo de contagio a la pareja y al hijo por nacer.
HIV: La enfermedad
Con el tiempo, las opciones terapéuticas y el pronóstico de estos pacientes cambió considerablemente. Existen cerca de 36 millones de personas con HIV en el mundo de las cuales al menos 16 millones son mujeres. En 1999, se reportaron un 23% de nuevos casos. Cabe destacar que el 80% de los casos se encuentran en edad reproductiva.
En los últimos años, el CDC reportó una disminución en la tasa de mortalidad por SIDA. El advenimiento de nuevos tratamientos, incluyendo la terapia antirretroviral, ha aumentado en 20 años, el tiempo entre la adquisición del virus y la muerte.
Con la indicación de zidovudina durante el embarazo, la transmisión materno-fetal disminuyó del 25% al 8%. Al realizarse una cesárea y administrarse la zidovudina, la tasa de transmisión bajó a un 2%. Con una terapia antiretroviral activa, la tasa de transmisión es casi nula (0-2%), independientemente de la vía de terminación. Estas medidas determinaron que la tasa de adquisición de HIV perinatal cayera un 80%.
Los individuos infectados con HIV hoy pueden vivir más y tener una vida más sana. Esto, sumado a la baja transmisión materno-fetal hace que muchos de ellos quieran concebir. Si decíamos que el 80% por ciento de los pacientes con HIV se encuentran en edad reproductiva, es factible que muchos quieran un embarazo y que consulten al tocoginecólogo en busca de opciones con respecto a su fertilidad.
Las mujeres con HIV no tienen una disminución en la fertilidad. Sin embargo, hay reportes de África que muestran una clara asociación entre esterilidad y HIV. La carga viral no cambia la regularidad en los ciclos. Se postuló que estas mujeres tendrían un mayor riesgo de tener un factor tubario ya que tendrían, en un mayor porcentaje, una enfermedad pelviana inflamatoria o alguna enfermedad de transmisión sexual.
Con respecto al semen, no se han observado diferencias entre los hombres con o sin HIV. En los casos de HIV avanzado, se vio una reducción en las concentraciones de espermatozoides y un aumento en las formas anómalas. El tratamiento con zidovudina tiene un efecto positivo en el semen, dado que disminuye la carga viral y el número de glóbulos blancos en el líquido seminal. Muchos estudios muestran que los hombres con HIV, independientemente de los niveles de CD4, tendrán un espermograma normal si están en tratamiento con zidovudina aún con un conteo de CD4 menor a 200 células/µL.
Artículo comentado por la Dra. Alicia M. Lapidus, editora responsable de IntraMed en la especialidad de Tocoginecología.