Noticias médicas

Publicado el 11 de diciembre de 2007

European Respiratory Journal

Con control, la enfermedad pulmonar no impide volar

De lo contrario, puede producirse un agravamiento de los síntomas.

Viajar en avión con una dolencia pulmonar a cuestas se puede. Pero si el médico lo autoriza y con los controles clínicos adecuados para tolerar la presurización de la cabina durante el vuelo.

"La presión del oxígeno en un avión es menor que la presión al nivel del mar, lo que significa que los niveles de oxígeno en la sangre bajan durante el vuelo. Los pasajeros sanos pueden no tener ningún problema, pero los que tienen enfermedad pulmonar pueden sufrir falta de oxígeno, dolor de pecho y tos debido a esa reducción de la presión", explicó a LA NACION la doctora Robina Coker, codirectora de la Red Local de Investigación Clínica del Noroeste de Londres y directora asistente de Investigación de los hospitales Hammersmith y del Imperial College de Londres.

Coker acaba de publicar los resultados del primer estudio que evaluó cómo volar afecta a pasajeros con problemas pulmonares y de las vías respiratorias crónicos, como asma, enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), enfisema o apnea del sueño, un trastorno en el que la respiración se suspende por segundos de manera intermitente.

El estudio, que publica la revista European Respiratory Journal, incluyó a 500 pacientes con alguna de esas enfermedades respiratorias que debían volar en avión y que aceptaron realizarse varias pruebas clínicas (espirometría, oximetría y test de hipoxia -evalúa la capacidad de respirar a una altura simulada de 2438 metros-) antes y después del viaje. Para eso, el equipo les pidió ayuda a 58 neumonólogos de 37 hospitales británicos.

Tras analizar los resultados obtenidos, los investigadores pudieron responder la pregunta que se hicieron al inicio del estudio: ¿es seguro viajar en avión con enfermedad pulmonar? Sí, pero controlados previamente, ya que muchos suelen volar sin los medicamentos o las indicaciones adecuadas para sobreponerse a cualquier síntoma.

Según Coker, el 11% de los participantes debió suspender su viaje por varios motivos. Los principales fueron: no recibió autorización médica para subirse a un avión (31 pacientes), se negó a usar oxígeno adicional durante el vuelo o la aerolínea rechazó transportarlo en esas condiciones de salud. Y los que sí pudieron viajar hicieron 19% más de consultas médicas de urgencia por problemas respiratorios durante las cuatro semanas posteriores del regreso a casa. El 77% dijo que había tenido una sensación "más fuerte de lo habitual" de falta de aire en vuelo, mientras que el 44% había tenido tos y el 23% había sentido dolor de pecho leve a moderado. En general, los expertos comprobaron que los síntomas de la enfermedad eran más graves en los vuelos de 7,6 horas o más.

"Volar, en sí, no debería aumentar la gravedad de un problema respiratorio -comentó Coker por vía electrónica-. Pero sí recomendamos hacerse los controles médicos previos, ya que el estudio demuestra que viajar en avión es seguro para las personas con enfermedad pulmonar controladas."

Para el doctor Vicente Ciancio, director del posgrado en Medicina Aeronáutica y espacial de la Universidad Nacional de La Plata, el estudio es "preciso e informativo". Y afirma que en un control médico previo "lo mínimo que se debe evaluar es la función pulmonar, como lo hace la saturometría del oxígeno en reposo y caminando, y una radiografía de tórax". Sin embargo, según Ciancio, que preside la Asociación Argentina de Medicina Aeroespacial, esos datos "son muy útiles, pero nada dicen de lo que realmente le sucederá a nivel crucero máximo", como sí lo haría una evaluación una cámara hipobárica, que puede simular la situación de vuelo. "Entonces sí se podría conocer con más precisión qué conducta médica seguir con cada paciente", dijo.

Por Fabiola Czubaj
De la Redacción de LA NACION