Ante la falta de planes accesibles, los emigrados de nuestro país a la Gran Manzana recurren a promotores que les facilitan desde medicamentos hasta radiografías y otras consultas relacionadas con la salud. Por lo general son médicos connacionales que están trabajando legalmente en esa ciudad y les ofrecen ayuda a cambio de cursos de tango, un asado o un partido de fútbol. Así lo determinó una investigación realizada por una socióloga y antropóloga médica argentina. Por qué las redes sociales son clave para sobrevivir lejos de casa. Y qué hace que el caso argentino tenga características únicas.
Por Diego Tzoymaher
Estrategias. Los exiliados criollos sin cobertura recurren a sus contactos sociales a la hora de garantizarse el acceso a la salud.
En los Estados Unidos, tal como muestra Michael Moore en su documental Sicko, existen serias dificultades a la hora de acceder a una adecuada atención de la salud, incluso para los que poseen seguro médico. Aunque los inmigrantes no escapan a esta realidad, se las ingenian para satisfacer sus necesidades. Una investigadora argentina llevó a cabo un trabajo en el que revela las estrategias que tienen sus coterráneos menos favorecidos para obtener servicios médicos en la ciudad de Nueva York.
“Hasta que yo empecé a escribir siempre se reprodujo la idea del inmigrante de privilegio. Mi trabajo se centra en la inmigración oculta del caso argentino”, dijo a PERFIL Anahí Viladrich, socióloga y antropóloga médica. “Hay mucha fantasía en cuanto al mito de la inmigración exitosa, perpetuada incluso por los mismos inmigrantes”, agregó.
Según el último censo de población, en 2000 había cerca de 14.500 argentinos viviendo en la Gran Manzana, pero estas cifras excluyen a los ilegales e indocumentados por lo que los datos no oficiales hablan de 50 mil residentes. Con su investigación, que presentó como tesis de doctorado ante la Universidad de Columbia, Viladrich le dio visibilidad a un personaje fundamental para los inmigrantes argentinos: el broker (promotor, agente informal) de salud. “Son médicos que ayudan a sus compatriotas para acceder a los servicios de salud por fuera del sistema”, explicó la socióloga.
Funciones. Desde lo puramente médico como aplicar inyecciones, recetar antibióticos o sacar una radiografía hasta cuestiones más burocráticas como establecer contactos con oficinas de servicios sociales para de-
sempleados, los brokers ofrecen sus destrezas profesionales a otros argentinos a cambio de clases de tango, un picadito de fútbol o compartir un asado.
Tener un origen común y haber pasado por las mismas dificultades genera una gran afinidad entre proveedores y clientes. “Entre estos inmigrantes hay una tendencia mayor a ‘bypasear’ el sistema que entre los nativos”, dijo Viladrich.
El estudio, publicado en el último número de Culture, Medicine and Psychiatry, consta de 50 entrevistas semiestructuradas con informantes clave y otras 100 conversaciones informales con jóvenes y adultos que viven en la zona metropolitana de Nueva York. Viladrich, directora de la Iniciativa en Inmigración y Salud del Hunter College de la Universidad de Nueva York, usó el método de observación participante: “Iba a la peluquería y me quedaba una tarde cebando mate y haciendo preguntas, o iba a las tanguerías y me sentaba a conversar con la gente”, explicó. Esta forma de trabajo le valió el apodo de “psicóloga del tango”.
Peluquerías, milongas, clubes y otros negocios forman el enclave informal de “Little Argentina” en Nueva York. Estos sitios funcionan como nodos de un tejido dinámico de intercambio de información. Según Viladrich, las redes de inmigrantes son como una base de datos informal: “Se pasan el psicólogo, el ginecólogo o recetas por clases de tango o un partido de fútbol”.
Pero no sólo los argentinos sin seguro médico optan por este sistema de redes. Algunos inmigrantes con seguro prefieren la informalidad en busca de tratamiento más humano. “El sistema norteamericano cura pero no cuida” es la queja más frecuente entre los argentinos. “Si tenés diabetes, las aseguradoras te cubren una amputación pero no la supervisión de un régimen alimenticio preventivo”, señaló Viladrich. Lejos de la creencia habitual, el trabajo de Viladrich muestra que el capital social, es decir los contactos que tiene una persona, es un bien clave para sobrevivir lejos casa. En definitiva, para un argentino enfermo no hay nada mejor que otro argentino.
Publicado el 10 de noviembre de 2007
El drama de la falta de cobertura medica
¿Cómo se asisten los argentinos en Nueva York?
Argentinos en Nueva York recurren a “brokers” de salud para ser atendidos
Ante la falta de planes accesibles, los emigrados de nuestro país a la Gran Manzana recurren a promotores que les facilitan desde medicamentos hasta radiografías y otras consultas relacionadas con la salud. Por lo general son médicos connacionales que están trabajando legalmente en esa ciudad y les ofrecen ayuda a cambio de cursos de tango, un asado o un partido de fútbol. Así lo determinó una investigación realizada por una socióloga y antropóloga médica argentina. Por qué las redes sociales son clave para sobrevivir lejos de casa. Y qué hace que el caso argentino tenga características únicas.
Por Diego Tzoymaher
Estrategias. Los exiliados criollos sin cobertura recurren a sus contactos sociales a la hora de garantizarse el acceso a la salud.
En los Estados Unidos, tal como muestra Michael Moore en su documental Sicko, existen serias dificultades a la hora de acceder a una adecuada atención de la salud, incluso para los que poseen seguro médico. Aunque los inmigrantes no escapan a esta realidad, se las ingenian para satisfacer sus necesidades. Una investigadora argentina llevó a cabo un trabajo en el que revela las estrategias que tienen sus coterráneos menos favorecidos para obtener servicios médicos en la ciudad de Nueva York.
“Hasta que yo empecé a escribir siempre se reprodujo la idea del inmigrante de privilegio. Mi trabajo se centra en la inmigración oculta del caso argentino”, dijo a PERFIL Anahí Viladrich, socióloga y antropóloga médica. “Hay mucha fantasía en cuanto al mito de la inmigración exitosa, perpetuada incluso por los mismos inmigrantes”, agregó.
Según el último censo de población, en 2000 había cerca de 14.500 argentinos viviendo en la Gran Manzana, pero estas cifras excluyen a los ilegales e indocumentados por lo que los datos no oficiales hablan de 50 mil residentes. Con su investigación, que presentó como tesis de doctorado ante la Universidad de Columbia, Viladrich le dio visibilidad a un personaje fundamental para los inmigrantes argentinos: el broker (promotor, agente informal) de salud. “Son médicos que ayudan a sus compatriotas para acceder a los servicios de salud por fuera del sistema”, explicó la socióloga.
Funciones. Desde lo puramente médico como aplicar inyecciones, recetar antibióticos o sacar una radiografía hasta cuestiones más burocráticas como establecer contactos con oficinas de servicios sociales para de-
sempleados, los brokers ofrecen sus destrezas profesionales a otros argentinos a cambio de clases de tango, un picadito de fútbol o compartir un asado.
Tener un origen común y haber pasado por las mismas dificultades genera una gran afinidad entre proveedores y clientes. “Entre estos inmigrantes hay una tendencia mayor a ‘bypasear’ el sistema que entre los nativos”, dijo Viladrich.
El estudio, publicado en el último número de Culture, Medicine and Psychiatry, consta de 50 entrevistas semiestructuradas con informantes clave y otras 100 conversaciones informales con jóvenes y adultos que viven en la zona metropolitana de Nueva York. Viladrich, directora de la Iniciativa en Inmigración y Salud del Hunter College de la Universidad de Nueva York, usó el método de observación participante: “Iba a la peluquería y me quedaba una tarde cebando mate y haciendo preguntas, o iba a las tanguerías y me sentaba a conversar con la gente”, explicó. Esta forma de trabajo le valió el apodo de “psicóloga del tango”.
Peluquerías, milongas, clubes y otros negocios forman el enclave informal de “Little Argentina” en Nueva York. Estos sitios funcionan como nodos de un tejido dinámico de intercambio de información. Según Viladrich, las redes de inmigrantes son como una base de datos informal: “Se pasan el psicólogo, el ginecólogo o recetas por clases de tango o un partido de fútbol”.
Pero no sólo los argentinos sin seguro médico optan por este sistema de redes. Algunos inmigrantes con seguro prefieren la informalidad en busca de tratamiento más humano. “El sistema norteamericano cura pero no cuida” es la queja más frecuente entre los argentinos. “Si tenés diabetes, las aseguradoras te cubren una amputación pero no la supervisión de un régimen alimenticio preventivo”, señaló Viladrich. Lejos de la creencia habitual, el trabajo de Viladrich muestra que el capital social, es decir los contactos que tiene una persona, es un bien clave para sobrevivir lejos casa. En definitiva, para un argentino enfermo no hay nada mejor que otro argentino.