La fiebre amarilla es endémica en la mayor parte de Colombia; la excepción suelen ser las zonas altas de la región andina (INS 25/01/2023). Pero en octubre de 2024 apareció en el departamento de Tolima (en promedio, a 700 m sobre el nivel del mar), donde, según la OPS, no se reportaban casos humanos en más de un siglo.
“El brote se declaró el 7 de noviembre tras la confirmación de ocho casos y para finales de diciembre ya había 12 casos confirmados”, describe el informe de ACAPS, ONG sin fines de lucro que ofrece análisis humanitarios internacionales e independientes. Esto representa –asegura la OMS, como veremos más adelante– un cambio crítico en el patrón de transmisión. Y, para ser una zona en la que la fiebre amarilla no era endémica, la situación de Tolima se puso seria: “enfrenta el brote más grave registrado en el país fuera de la región amazónica”, describió la OPS en el documento citado, y según la Resolución 691 de 2025 del Instituto Nacional de Salud (INS), entre la semana epidemiológica 1 de 2024 y la semana 15 de 2025, Colombia había confirmado 75 casos, 59 de ellos en Tolima.
Para julio, los casos en ese departamento ya eran 100, y en septiembre llegaron a132. “Se evidenció circulación activa del virus y se relacionó con la explosión en áreas de influencia de la reserva Galilea, bajas coberturas de vacunación y alta movilidad de la población en la zona”, destacaba el Boletín Epidemiológico del 25 de enero.
Por otra parte, el 4 de febrero la OPS hacía hincapié en el cambio en la distribución geográfica de la enfermedad, e insistió en comunicado del 12 de mayo: “Los factores que contribuyen a esta evaluación incluyen el aumento del número de casos, las altas tasas de letalidad y la propagación a zonas que antes no estaban afectadas”, señalaba.
El de Tolima era uno de los casos paradigmáticos y el comunicado por el cual el Ministerio de Salud anunció la declaración de la emergencia sanitaria el 17 de abril señalaba: “El seguimiento epidemiológico ha identificado casos en centros poblados y periferias urbanas de municipios con baja densidad poblacional, lo que evidencia el riesgo de expansión hacia centros urbanos de mayor tamaño”. En ese contexto, anunciaba “vacunación masiva, iniciando en los municipios de alto riesgo y extendida al territorio nacional”; “control integrado del vector (mosquitos)”; “desplazamiento inmediato de los equipos básicos de salud y equipos de respuesta inmediata, que jugarán un rol fundamental en la identificación de casos, educación comunitaria, seguimiento epidemiológico y aplicación de vacunas”, entre otras medidas.
Sigamos con el cronograma: “Hay un riesgo latente de que llegue a las zonas urbanas. Sería catastrófico”, señaló a la prensa en mayo la directora del Instituto Nacional de Salud, Diana Pava. Pero no ocurrió: para cuando se produjo la declaración del Ministerio, en la región ya se habían organizado muchas acciones. En Tolima, concretamente, del 26 al 28 de febrero se llevó a cabo un taller organizado por OPS, en colaboración con los ministerios de Salud y de Ambiente y Desarrollo Sostenible, el Instituto Nacional de Salud y la Secretaría de Salud del Tolima, que reunió a más de 50 actores clave, de diversos sectores, de los departamentos de Caquetá, Amazonas, Putumayo y Huila. “La experiencia en Tolima propició aprendizajes valiosos para el sistema nacional de salud. A raíz de esta experiencia, se fortalecieron los mecanismos de vigilancia epizoótica en otras regiones, promoviendo una respuesta más integrada entre salud humana, animal y ambiental”, destaca OPS.
“Ese taller sentó las bases para el desarrollo de un Plan Nacional de Vigilancia de Epizootias, una estrategia nacional, iniciativa del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, en la que Fundación Habitando y la Asociación Primatológica Colombiana desempeñan un rol activo”, contó a IntraMed el biólogo Sebastián García Restrepo, que participó del taller, doctorando en el Laboratorio de Ecología de Bosques Tropicales y Primatología de la Universidad de los Andes y presidente de la Asociación Primatológica Colombiana. Pero también preside la fundación Habitando, cuya misión es “preservar, conservar y gestionar el patrimonio natural de manera sostenible a través de la investigación científica y el empoderamiento de comunidades rurales y urbanas”.
¿Por qué un experto en monos? |
“El virus de la fiebre amarilla afecta a las personas, pero también a los primates no humanos (PNH). Ellos no son vectores que transmiten el virus a los seres humanos, sino víctimas del ciclo selvático como consecuencia de la picadura de mosquitos de los géneros Haemagogus y Sabethes, que se alimentan de sangre”, explicó García Restrepo, y contó que en Colombia el llamado mono aullador (de la familia de los atélidos) “tiende a ser la especie con más reportes positivos de fiebre amarilla”.
“Para ellos la fiebre amarilla se trata de una epizootia, que podemos describir como una enfermedad que afecta a una o varias especies animales, y que equivale a una epidemia en el ser humano –agregó-. Y desde el siglo pasado se conocen reportes de muertes de PNH en los países tropicales donde ocurre la enfermedad”. Siempre se los ha considerado "centinelas", porque identificar casos de contagio de fiebre amarilla en PNH es una señal de la circulación del virus en determinada localidad rural, agregó, pero destacó que hay otra variable importante en crecimiento de la circulación de la enfermedad: “las dinámicas de transmisión del virus históricamente han estado afectadas por el movimiento humano y la transhumancia”, señaló, y advirtió: “la vacunación es importante porque una persona que contraiga el virus podría desplazarse hacia centros poblados, donde, a través de otros mosquitos (género Aedes) se puede transmitir más y más el virus. Este es el ciclo urbano de la enfermedad. Involucra al mosquito (Aedes, el vector) y a las personas”.
Así, resaltó, las alertas que enciende la aparición de monos cuya muerte fue causada por fiebre amarilla no solo deben servir para la acción local: “Las secretarías de salud departamentales necesitan trabajar de manera conjunta con los departamentos vecinos (en todo lo que tiene que ver con las respuestas a los brotes). Esto implica también la acción de las Corporaciones Autónomas Regionales, que tienen jurisdicción en más de un departamento”, destacó.
Tolima, en acción |
Pues bien: estas campañas –señaló– se han ido llevando a cabo tanto en Tolima como en los demás departamentos con casos de fiebre amarilla, donde, según el “Informe Anual de Salud Pública 2025”, “la mayoría de los casos reportados corresponden a personas no vacunadas, lo que confirma la urgencia de fortalecer la inmunización como herramienta clave de prevención”.
Claro que nunca faltan los obstáculos: por un lado, “se han reportado episodios de desabastecimiento en algunas ciudades por fuera de las áreas de riesgo elevado”, reconoce el mismo documento. Por otro lado –señala García Restrepo– “a nivel nacional, como seguramente en otros países de la región, se presenta una gran dificultad en términos de salud pública: en muchos lugares del país las personas desconfían o no consideran necesaria la vacunación. Es por esto que las jornadas de las autoridades siempre deben incluir campañas de educación y sensibilización”.
Eso fue lo que hicieron: el 31 de julio, en Ibagué, la capital del departamento de Tolima, se trabajó en estrategias de comunicación, como elemento fundamental de la prevención y la promoción de comportamientos seguros: se trabajó con periodistas y comunicadores de todas las áreas. “La participación de periodistas deportivos abrió nuevas posibilidades para integrar mensajes de salud en otros espacios de alcance comunitario”, ejemplifica una nota de prensa de OMS del 12 de agosto, y destaca también que en esos días también se llevó a cabo un “Intercambio de Saberes” con más de 500 vigías comunitarios. “Allí se compartieron técnicas motivacionales para promover la vacunación, y estrategias para combatir rumores y desinformación con mensajes claros y basados en evidencia”, señala la nota.
En este contexto, el concepto de One Health (Una Salud) cobra todo el sentido: “Los primates no humanos alertan con anticipación, facilitando acciones preventivas en humanos. señaló nuestro experto, pero especies como el mono aullador se encuentran en riesgo, y la fiebre amarilla contribuye a su mortalidad. Esto requiere un control integral del virus: sin atención a la salud de la vida silvestre, el ciclo urbano (al que, ya dijimos, se encuentra asociado el Aedes aegypti) puede desencadenar brotes vinculados a la deforestación y al cambio climático”, advirtió nuestro experto.
Y la advertencia de Mayra Alejandra Vargas, veterinaria del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible de Colombia –citada en el comunicado de OPS–, es más que elocuente: “Mientras no exista bienestar ecosistémico, no habrá bienestar para la salud humana. Los primates, que hoy son los más afectados, están estrechamente relacionados con nosotros. Lo que los pone en riesgo a ellos, nos pone en riesgo a nosotros también".