Los fumadores con historia de depresión severa que intentan dejar de fumar tienen un riesgo mayor de fracasar en el intento que los fumadores no depresivos. Posteriormente, existen hechos que sugieren que estas personas que logran dejar de fumar tienen un mayor riesgo de depresión que los las que continúan fumando.
Los autores, han intentando con este nuevo estudio, aclarar estos datos, y para ello llevaron a cabo el seguimiento de fumadores de más de un paquete diario, con historia de depresión severa, pero que en el momento del estudio se encontraban libres de la enfermedad y sin medicación antidepresiva durante al menos los últimos seis meses; e intentando dejar de fumar.
Según aparece publicado, setenta y seis participantes finalizaron el estudio, de los cuales 42 consiguieron dejar de fumar. En trece pacientes que dejaron de fumar y en dos que continuaban fumando, se produjeron episodios de depresión severa, éstos datos, sometidos a los correspondientes análisis estadísticos daban un radio de probabilidad de 7.17.
La recurrencia de depresión fue determinada por los autores mediante entrevistas clínicas estructuradas, realizadas entre tres y seis meses después del tratamiento, de forma que pudieron observar el tiempo que permanecía elevado el riesgo de repetirse los episodios de depresión, encontrando que éste riesgo era similar en el primer y segundo trimestre de seguimiento.
Las conclusiones de este estudio, las resumen sus autores afirmando que los fumadores con una historia de depresión severa que dejan de fumar, tienen aumentado significativamente el riesgo de desarrollar nuevos episodios depresivos, permaneciendo este riesgo alto, como mínimo durante seis meses.
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