*Profesor de la Facultad de Medicina. Universidad Complutense de Madrid.
La visión mística constituye uno de los puntos culminantes en las relaciones que el ser humano mantiene con la divinidad en cualquiera de las religiones conocidas. Y también ha sido y sigue siendo una de las cuestiones más debatidas por quienes se acercan a la historia de las creencias desde una posición apologética o desde la opuesta, crítica o de negación. Desde hace varios siglos se ha intentado, además, contraponer ciencia y religión o ciencia y fe como si ambas maneras de conocer la verdad fueran enemigas irreconciliables. En nuestro siglo, sin embargo, las dos se han vuelto a dar la mano para llegar a la conclusión de que existen misterios en los que el hombre no puede penetrar y con los que, no obstante, hay que contar para seguir adelante. Teorías físicas como las de la relatividad de Einstein –"Dios no juega a los dados", dijo el hombre reconocido como uno de los mayores genios de la historia-, la cuántica de Bohr o la de la indeterminación de Heisemberg, han establecido de forma matemática, el sumo procedimiento científico, unos límites intransitables que no son tan diferentes de los que pone el pensamiento guiado por la fe.
Pero esto no es aceptado aún por muchas personas y cuando se trata de algunas cuestiones tenidas hasta ahora por ciertas desde la fe, se apresuran a traer a colación argumentaciones científicas para desmontarlas. Es el caso de las experiencias místicas de algunos personajes, incuestionados por mucho tiempo y ahora discutidos. Precisamente ha sido el recurso al diagnóstico retrospectivo -una práctica siempre de dudosa certidumbre aun cuando se refiere a dolencias físicas con trasunto morfológico en el individuo, pero mucho más a las de otro orden-; el diagnóstico de que esas personas estuvieron enfermas de epilepsia psicomotora y que a ese padecimiento hay que achacar tales visiones es el argumento más comúnmente esgrimido.
Así, se ha dicho que fueron epilépticos de esta clase Juana de Arco, la visionaria de Orleans que cambió el rumbo de la historia de Francia guiada por los mensajes celestiales que decía recibir; Margarita María de Alacoque, la monja que fundó una de las devociones más arraigadas del catolicismo: la del Corazón de Jesús; y, sobre todo, nuestra Teresa de Jesús.
Publicado el 17 de enero de 2006
Medicina e historia
Casos célebres de enfermedad sagrada: Teresa de Jesús (III)
La enfermedad ha sido considerada por los hombres de muchas épocas pretéritas un castigo de los dioses. Los ritos propiciatorios de la intercesión ante los dioses, consiguieron muchas veces la ansiada curación. Pero a través de los siglos sólo una enfermedad ha sido calificada como sagrada: la epilepsia.
Autor/a: Dr. José Ignacio de Arana Amurrio*
*Profesor de la Facultad de Medicina. Universidad Complutense de Madrid.
La visión mística constituye uno de los puntos culminantes en las relaciones que el ser humano mantiene con la divinidad en cualquiera de las religiones conocidas. Y también ha sido y sigue siendo una de las cuestiones más debatidas por quienes se acercan a la historia de las creencias desde una posición apologética o desde la opuesta, crítica o de negación. Desde hace varios siglos se ha intentado, además, contraponer ciencia y religión o ciencia y fe como si ambas maneras de conocer la verdad fueran enemigas irreconciliables. En nuestro siglo, sin embargo, las dos se han vuelto a dar la mano para llegar a la conclusión de que existen misterios en los que el hombre no puede penetrar y con los que, no obstante, hay que contar para seguir adelante. Teorías físicas como las de la relatividad de Einstein –"Dios no juega a los dados", dijo el hombre reconocido como uno de los mayores genios de la historia-, la cuántica de Bohr o la de la indeterminación de Heisemberg, han establecido de forma matemática, el sumo procedimiento científico, unos límites intransitables que no son tan diferentes de los que pone el pensamiento guiado por la fe.
Pero esto no es aceptado aún por muchas personas y cuando se trata de algunas cuestiones tenidas hasta ahora por ciertas desde la fe, se apresuran a traer a colación argumentaciones científicas para desmontarlas. Es el caso de las experiencias místicas de algunos personajes, incuestionados por mucho tiempo y ahora discutidos. Precisamente ha sido el recurso al diagnóstico retrospectivo -una práctica siempre de dudosa certidumbre aun cuando se refiere a dolencias físicas con trasunto morfológico en el individuo, pero mucho más a las de otro orden-; el diagnóstico de que esas personas estuvieron enfermas de epilepsia psicomotora y que a ese padecimiento hay que achacar tales visiones es el argumento más comúnmente esgrimido.
Así, se ha dicho que fueron epilépticos de esta clase Juana de Arco, la visionaria de Orleans que cambió el rumbo de la historia de Francia guiada por los mensajes celestiales que decía recibir; Margarita María de Alacoque, la monja que fundó una de las devociones más arraigadas del catolicismo: la del Corazón de Jesús; y, sobre todo, nuestra Teresa de Jesús.