La Sociedad Argentina de Pediatría, que agrupa a más de 12.000 pediatras de todo el país, comparte con la enorme mayoría de la población la profunda consternación por la situación por la que está pasando nuestra nación, de crisis política, económica y de verdadera desintegración social con exclusión y marginación de gran parte de la población.
La situación social en que se encuentra la Argentina no se generó durante décadas, como ha ocurrido desgraciadamente en otros países. Muy por el contrario, se trata de una situación que se ha instalado bruscamente, en el término de pocos años, como resultado de una política económica que produjo una desocupación cercana al 30 %, empobrecimiento generalizado y una falta de equidad en la distribución del ingreso moralmente inaceptable. La desocupación galopante no acompañada de medidas atenuantes de apoyo social, no sólo generó padres sin trabajo, sino que llevó a la disrupción familiar en muchos hogares argentinos, con destrucción del ambiente ecológico de afecto, protección y continencia que niños y adolescentes necesitan para crecer y desarrollarse normalmente.
Tenemos ahora un país con niños y niñas mendigando en las esquinas, muchos de ellos sin familia, niños y adultos revisando tachos de basura en busca de comida, situación que pone a los afectados en altísimo riesgo sanitario y configura una escena que nos llena de angustia y vergüenza. A este cuadro se suma también la deserción escolar con sus previsibles consecuencias de marginación. Ya hay entre nosotros explotación y prostitución infantil.
Los organismos efectores de salud, tanto públicos como privados, tienen carencia de insumos esenciales y deben enfrentar, junto con la población, el aumento en los costos de los medicamentos.
No debemos acostumbramos a este drama ya que lo podríamos incorporar a la vida cotidiana como un elemento más de la crisis; es necesario reaccionar y actuar rápidamente.
La política, que es la única fuerza que puede dirigir el país hacia el interés general por encima de los intereses particulares, no muestra evidencias de marchar en esa dirección y la clase dirigente no ha estado a la altura de las circunstancias.
El gobierno hizo un llamado al diálogo nacional, convocatoria que la Sociedad Argentina de Pediatría aceptó desde el primer momento y está actualmente dando testimonio de compromiso y colaboración, participando en varias comisiones creadas a raíz de la emergencia sanitaria. Esta respuesta de los pediatras argentinos se sustentaba en la esperanza de que el gobierno nacional iba a dar señales claras de lucha contra la exclusión social y por un país dueño de sus propios destinos.
Sin embargo lo que se ha hecho no es suficiente. La situación social y especialmente de la infancia se agrava progresivamente. No hay estadísticas de este empeoramiento porque la rapidez del deterioro no permite su documentación, pero los pediatras lo vemos todos los días en los hospitales, en los centros de salud, en los consultorios. Vemos niños y adolescentes cuyos padres no tienen dinero ni siquiera para llegar hasta el hospital, que no tienen dinero para el ómnibus que los lleve de vuelta a su casa, vemos padres que no pueden comprar el más barato de los medicamentos, que no pueden viajar para una segunda consulta, los pediatras vemos también enfermedades asociadas a la falta de higiene o de alimentos y compartimos con los pacientes la angustia de los que no tienen recursos para afrontar las necesidades básicas de salud.
Es por todo esto que los pediatras argentinos queremos llamar la atención de la dirigencia nacional sobre este escenario, porque se trata de los niños. Muchos conciudadanos pueden llegar a creer que sus propios hijos están a salvo de la decadencia, pero se equivocan. Nuestro destino está inextricablemente ligado al destino de los demás, y no es posible imaginar un mundo de paz y convivencia con el grado de exclusión y marginación social que tenemos hoy en día.
Sabemos que los problemas del país son muchos y muy complejos. Los grupos responsables de conducción, tanto públicos como privados, deben dar respuestas a múltiples y críticas situaciones pero también deben tener en cuenta que hay una desesperante situación social, en la que los niños y adolescentes constituyen uno de los grupos más vulnerables, y las medidas tendientes a revertirlas no admite postergaciones. Los niños no sólo son el futuro de la nación, sino también el presente. En este sentido, no sólo los organismos gubernamentales nacionales y provinciales son responsables de la solución de los problemas, sino también los grupos privados que tienen poder de decisión deben mirar más allá de sus intereses inmediatos; esto constituye una condición necesaria para construir un país mejor.
Creemos que deben asignarse más recursos al sector de la salud y la educación pública, debe definirse cuanto antes la canasta básica de medicamentos, dotarse a los hospitales públicos de los insumos y equipos necesarios, los servicios sociales deben contar con mayores recursos para poder ayudar a los más necesitados, y debe reforzarse el presupuesto de los comedores escolares. Es absolutamente necesario construir un sistema nacional de salud basado en la atención primaria de salud que incluya a toda la población.
No es necesario crear nuevas estructuras. El gobierno debe reforzar las redes administrativas sociales, de salud y educación ya existentes. En el país hay centros de salud que deben prestar la asistencia para la cual fueron creados hace ya muchas décadas, debiendo aumentarse su capacidad operativa. Debe incrementarse el abastecimiento de los hospitales, muchos de ellos carecen actualmente de los insumos más elementales, deben implementarse programas de educación para la salud, incluyendo a los medios masivos de comunicación, que puedan orientar a la población en la prevención de los problemas de salud más importantes. Puede ser necesario como medida urgente el dar alimentos a grupos de población, pero debemos tener claro que las acciones de fondo deben apuntar a darle trabajo a los jefes y jefas de familia, para que así recuperen su autonomía, su libertad, la capacidad de criar a sus hijos y su dignidad.
Estamos frente a una situación gravísima que obliga al replanteo del actual modelo de país y que exige el máximo de compromiso de los ciudadanos en la decisiva tarea de reforzar el ser nacional y promover mecanismos de participación que aseguren la construcción de una sociedad democrática, justa, pacífica y con equidad.
Los pediatras del país consideramos que en estos tiempos difíciles, la ciudadanía debe poner especial esfuerzo en proteger a los niños y adolescentes, no porque sean seres débiles merecedores de nuestra consideración, sino porque son ciudadanos portadores de derechos a esa protección, en el seno de sus familias, esencial para su normal desarrollo.
La Nación Argentina ha incorporado a la Constitución Nacional la Convención de los Derechos del Niño, pero esos derechos son violados cada vez que hay un niño desamparado. La Convención es necesaria porque los derechos de los niños necesitan una defensa especial. Ellos padecen más que ningún otro grupo de edad las consecuencias tanto de las actividades de los gobiernos como de su inactividad. Los niños no pueden votar ni pueden tener influencia política ni económica en las decisiones, se encuentran menos protegidos ante la explotación y el maltrato.
La Convención protege, entre otros., los siguientes derechos de los niños:
- a vivir con sus progenitores
- a la protección especial contra el maltrato, el abandono, la explotación sexual, el secuestro o venta de menores.
- a la protección contra cualquier tipo de discriminación: de raza, religión, color, sexo idioma, condición social, u opinión política.
- al acceso a la enseñanza primaria gratuita, a la enseñanza secundaria y a la formación profesional.
- a una educación que los prepare para una vida responsable en una sociedad libre.
- a recibir información procedente de diversas fuentes
- a un nivel de salud y servicios de salud adecuados
- a una atención especial si están discapacitados
- a la protección contra la detención ilegal, la privación injustificada de la libertad y cualquier intento de privación de la identidad.
Los pediatras argentinos colaboraremos con toda iniciativa, tanto gubernamental como no gubernamental, dirigida a construir en el país un sistema o plan de salud que pueda atender a todos los ciudadanos en forma adecuada y con equidad; contribuiremos también, en lo que podamos, a toda gestión que tienda al cumplimiento de los derechos de los niños, para así aportar a la construcción de una sociedad mejor.
Horacio LejarragaPresidente