Artículos

Publicado el 6 de agosto de 2026

Controversias en Nutrición Clínica

Cafeína: ¿De villana a heroína?

Durante muchos años, los cardiólogos han desaconsejado el consumo de cafeína, pero hoy eso ha cambiado. ¿Qué pasó en el medio? En este artículo repasamos el porqué de este cambio, y sacamos valiosas lecciones sobre el progreso de la ciencia nutricional.

La cafeína es una de las drogas más consumidas del mundo. Desde el punto de vista químico, es una metilxantina con propiedades alcaloides, que tiene conocidos efectos estimulantes, aumentando los niveles de alerta y reduciendo la sensación de sueño. Esto se debe a la activación del sistema nervioso autónomo simpático, lo cual también tiene efectos a nivel cardiovascular: incrementa la presión arterial, la frecuencia cardíaca, y la excitabilidad del corazón. Además, algunos estudios mostraban una asociación entre el consumo de café y mayor riesgo de problemas cardiovasculares, como infartos. 

Por estos motivos, durante muchos años el consumo de bebidas que contienen cafeína fue mal visto por la cardiología…. pero eso ha cambiado, al punto que hoy se reconoce su consumo como seguro para la mayoría de las personas, e incluso se recomienda la ingesta habitual de bebidas que la contienen, como café o té. La historia de este cambio nos enseña valiosas lecciones sobre la ciencia nutricional.

Lección 1: Efectos agudos versus efectos crónicos

Varios estudios muestran que el consumo de cafeína (sobre todo a partir de café) eleva la presión arterial y la frecuencia cardiaca. No obstante, estos efectos son agudos (es decir, de corta duración) y más pronunciados en quienes no consumen habitualmente cafeína. Los estudios realizados a largo plazo muestran que los efectos del consumo moderado de cafeína en la presión arterial y frecuencia cardíaca son menos claros, y que probablemente su impacto sea mínimo para la mayoría de las personas.

Más aún: como veremos más abajo, el consumo a largo plazo de café se asocia de forma consistente con reducción del riesgo de infartos, accidente cerebrovascular, insuficiencia cardiaca e incluso de arritmias (ver más abajo). Esto nos muestra cómo las acciones agudas de una sustancia, nutriente o alimento, pueden no coincidir con sus efectos a largo plazo.

"Las acciones agudas de una sustancia, nutriente o alimento, pueden no coincidir con sus efectos a largo plazo"

 Lección 2: Mecanismos biológicos versus impacto clínico

La cafeína incrementa la excitabilidad del corazón, lo cual aumenta la predisposición a sufrir arritmias (alteraciones en el ritmo cardiaco). A pesar de este mecanismo biológico, la evidencia en humanos no indica que el consumo de café (en cantidades moderadas) se asocie con un mayor riesgo de arritmias. De hecho, un ensayo clínico realizado en pacientes con fibrilación auricular demostró que el consumo de al menos una taza de café al día, comparado con no beber café, redujo el riesgo de recurrencia de la arritmia en un 39%. 

Pero, ¿cómo puede ser que el café no aumente o incluso reduzca las arritmias, si aumenta la excitabilidad del miocardio?  Bueno, muchos mecanismos podrían explicar un posible efecto “antiarrítmico” del café: efecto vagolítico, reducción de la presión arterial por efecto diurético, bloqueo de los receptores de adenosina, acción antiinflamatoria… lo que debemos llevarnos como lección es que los efectos bioquímicos de un alimento nunca son lineales ni sencillos, y no deberíamos sacar conclusiones clínicas basándonos únicamente en un mecanismo biológico. 

 "Los efectos bioquímicos de un alimento nunca son lineales ni sencillos, y no deberíamos sacar conclusiones clínicas basándonos únicamente en un mecanismo biológico"

Lección 3: Sustancia aislada versus matriz alimentaria

Los efectos biológicos de una sustancia aislada, como la cafeína, no reflejan necesariamente los efectos de un alimento que contiene dicha sustancia. Este razonamiento constituye una falacia de extrapolación indebida, que en nutrición solemos denominar “nutricionismo”, y consiste en atribuir a un alimento entero las propiedades de un nutriente que contiene. Un ejemplo aplicado a este caso: el consumo de bebidas “energéticas” altas en cafeína incrementa significativamente la presión arterial, mientras que el extracto de granos de café verde, también altos en cafeína, la reduce.

Esto podría explicarse por otros componentes presentes en el café y no relacionados con la cafeína, como el ácido clorogénico, que tiene un efecto antiinflamatorio y vasodilatador. Las bebidas “energéticas”, por otra parte, tienen alto contenido de azúcar, se beben más rápidamente, y contienen además otros aditivos. Vemos entonces como dos alimentos altos en cafeína, pero en una matriz alimentaria absolutamente diferente, tienen efectos biológicos opuestos.

"Los efectos biológicos de una sustancia aislada no reflejan necesariamente los efectos de un alimento que contiene dicha sustancia"

Lección 4: Efecto de los confundidores en estudios observacionales

Estudios observacionales iniciales mostraban una asociación entre el consumo de café y problemas cardiovasculares. No obstante, al avanzar la metodología de investigación y la capacidad de análisis de datos, se pudieron realizar análisis más refinados, que incluían potenciales variables confundidoras. Esto demostró que la asociación entre café y enfermedad cardiovascular no era tal, sino que se hallaba “confundida” por otras variables, como el tabaquismo; es decir, quienes tomaban más café también fumaban más, y eso (entre otras cosas) explicaba la asociación con infartos. Los estudios epidemiológicos más modernos y con metodología adecuada muestran una asociación inversa entre el consumo de café (hasta unas 4 tazas al día) y el riesgo cardiovascular.

Conclusiones

• El cuerpo actual de evidencia científica, basado en grandes estudios epidemiológicos (incluyendo aquellos de aleatorización mendeliana) y en ensayos clínicos pequeños, apoya que el consumo moderado de cafeína (hasta 400 mg al día, equivalente a 3-5 tazas de café) parece ser seguro para la mayoría de las personas adultas, se asocia con menor riesgo de eventos cardiovasculares como infartos, insuficiencia cardiaca, fibrilación auricular, y también con menor riesgo de hipertensión arterial y diabetes.

• Una limitación de la evidencia es que la mayor parte de los estudios evaluaron el consumo de cafeína a través del café, por lo que el efecto de otras bebidas cafeinadas como el té o el mate es menos claro. La evidencia disponible sobre bebidas “energéticas” muestra un impacto negativo en la salud, por lo que no se recomienda su consumo habitual. 

• Como vimos a lo largo de este artículo, el recorrido de la cafeína, habiendo pasado de “villana” a “heroína” en pocas décadas, nos permite extraer valiosas lecciones sobre el progreso de la ciencia médica y nutricional, y es un ejemplo de cómo debemos mantenernos actualizados y trabajar nuestra humildad epistémica.

 


 Dr. Ariel Kraselnik

Médico cardiólogo, profesor universitario, investigador, conferencista y divulgador sobre salud y nutrición. Es co-director del posgrado universitario: “Nutrición Basada en Plantas. Salud, ética y soberanía alimentaria” de la Facultad de Cs. Médicas, Universidad Nacional de Rosario (FCM-UNR). Forma parte del Consejo de Prevención y Epidemiología de la Sociedad Argentina de Cardiología. Es miembro fundador y actual presidente de la Sociedad Argentina de Medicina de Estilo de Vida (SAMEV). Sitio web: www.krasel.com.ar Instagram: @dr.krasel.