En aquellos países en los que sí existen estos programas, el cáncer cervical ha pasado a ser el décimo carcinoma más frecuente en la mujer, reduciéndose el número de cánceres diagnosticados en un 70%. Pero aún así, alrededor de 15.000 europeas murieron en 2002 por esta causa.
El 99,8% de los casos de cáncer de cérvix (el 10% de todos los tipos de cáncer) están causados por la infección persistente por ciertos tipos del virus del papiloma humano (VPH), la enfermedad de transmisión sexual más frecuente.
El Dr. Warner Hu, profesor en la División de Oncología Ginecológica de la Universidad de Alabama (EE.UU.), ha recordado hoy en la 22 Conferencia Internacional sobre Papilomavirus, que se está desarrollando en Vancouver, que “el cáncer de cérvix necesita un largo período de tiempo para desarrollarse, quizá del orden de 10-15 años después de que la mujer se infecta por primera vez con el VPH, y sólo cuando la infección no desaparece por sí misma durante ese tiempo. Afortunadamente, la mayoría de las mujeres que se infectan con el VPH eliminarán la infección en un 6-24 meses. Una vez que la infección desaparece, el riesgo de desarrollar cáncer vuelve a la normalidad”.
En este sentido, tal y como ha explicado el Dr. John T. Schiller, jefe de la Sección de Enfermedad Neoplásica del Instituto Nacional del Cáncer de EE.UU., “en la actualidad están siendo investigadas dos vacunas que han mostrado muy buenos resultados. Si estos ensayos en marcha, en los que participarán duarante varios años más de 10.000 mujeres, confirman estos resultados positivos, probablemente las primeras 2 vacunas contra el VPH estarán disponibles en 1-3 años”.
“Ambas vacunas -explicó el Dr. Schiller- han sido diseñadas para ofrecer protección contra la infección por los dos tipos más comunes de VPH (el 16 y 18), responsables de 2/3 de todos los cánceres de cérvix y muchos casos de lesiones uterinas anormales o precancerosas. Además, una de estas vacunas en fase experimental protege también frente a los tipos 6-11 del VPH, responsables del 90% de las verrugas genitales”.
En cualquier caso, el Dr. Schiller ha recordado que el posible efecto de la vacunación en el descenso del número de cánceres de cérvix no sería observado hasta 10 años después de iniciada la vacunación y que, en cualquier caso, su utilización no puede reemplazar el uso rutinario del test de Papanicolau, ya que al no inmunizar frente a la infección causada por todos los tipos oncogénicos del VPH no podrá evitar el 100% de los cánceres cervicales”.
Sin embargo, tal y como se ha recordado en esta conferencia, ninguna vacuna protegerá contra todos los tipos de VPH que causan anormalidades cervicales y cáncer, por lo que no eliminarán la necesidad de mantener y reforzar los programas de screening (en España sólo el 49,6% de las mujeres de 20 a 60 años se somete regularmente a esta prueba). En este sentido, la vacunación podría ser especialmente útil -siempre y cuando sea posible su acceso- en los países en vías de desarrollo, en los que los programas de cribado apenas existen.
Por último, la Dra. Diane M. Harper, directora del Grupo de Investigación en Prevención del Cáncer Ginecológico de Lebanon (EE.UU.), ha explicado la posible utilidad de los programas de detección de la infección por VPH a través de los test actualmente disponibles: “Los test de VPH no han sido aprobados para la detección del cáncer de cérvix en ningún lugar del mundo excepto en EE.UU., aunque su posible implementación está siendo actualmente estudiada en varios países. En algunos se ha aprobado su utilización en el seguimiento de aquellas mujeres en las que se ha detectado alguna leve anormalidad en su citología mientras que en otros se está estudiando también esa inclusión”.
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International Papillomavirus Conference
Publicado el 4 de junio de 2005
Cáncer ginecológico
Avances en la lucha contra el cáncer de cérvix
El cáncer de cérvix es el segundo carcinoma más común en la mujer, después del de mama. Cada año 471.000 mujeres desarrollan esta neoplasia que causa 233.000 muertes anuales. La mayoría de estas muertes tiene lugar en aquellas zonas del mundo en las que no existen programas de detección del cáncer de cérvix.
En aquellos países en los que sí existen estos programas, el cáncer cervical ha pasado a ser el décimo carcinoma más frecuente en la mujer, reduciéndose el número de cánceres diagnosticados en un 70%. Pero aún así, alrededor de 15.000 europeas murieron en 2002 por esta causa.
El 99,8% de los casos de cáncer de cérvix (el 10% de todos los tipos de cáncer) están causados por la infección persistente por ciertos tipos del virus del papiloma humano (VPH), la enfermedad de transmisión sexual más frecuente.
El Dr. Warner Hu, profesor en la División de Oncología Ginecológica de la Universidad de Alabama (EE.UU.), ha recordado hoy en la 22 Conferencia Internacional sobre Papilomavirus, que se está desarrollando en Vancouver, que “el cáncer de cérvix necesita un largo período de tiempo para desarrollarse, quizá del orden de 10-15 años después de que la mujer se infecta por primera vez con el VPH, y sólo cuando la infección no desaparece por sí misma durante ese tiempo. Afortunadamente, la mayoría de las mujeres que se infectan con el VPH eliminarán la infección en un 6-24 meses. Una vez que la infección desaparece, el riesgo de desarrollar cáncer vuelve a la normalidad”.
En este sentido, tal y como ha explicado el Dr. John T. Schiller, jefe de la Sección de Enfermedad Neoplásica del Instituto Nacional del Cáncer de EE.UU., “en la actualidad están siendo investigadas dos vacunas que han mostrado muy buenos resultados. Si estos ensayos en marcha, en los que participarán duarante varios años más de 10.000 mujeres, confirman estos resultados positivos, probablemente las primeras 2 vacunas contra el VPH estarán disponibles en 1-3 años”.
“Ambas vacunas -explicó el Dr. Schiller- han sido diseñadas para ofrecer protección contra la infección por los dos tipos más comunes de VPH (el 16 y 18), responsables de 2/3 de todos los cánceres de cérvix y muchos casos de lesiones uterinas anormales o precancerosas. Además, una de estas vacunas en fase experimental protege también frente a los tipos 6-11 del VPH, responsables del 90% de las verrugas genitales”.
En cualquier caso, el Dr. Schiller ha recordado que el posible efecto de la vacunación en el descenso del número de cánceres de cérvix no sería observado hasta 10 años después de iniciada la vacunación y que, en cualquier caso, su utilización no puede reemplazar el uso rutinario del test de Papanicolau, ya que al no inmunizar frente a la infección causada por todos los tipos oncogénicos del VPH no podrá evitar el 100% de los cánceres cervicales”.
Sin embargo, tal y como se ha recordado en esta conferencia, ninguna vacuna protegerá contra todos los tipos de VPH que causan anormalidades cervicales y cáncer, por lo que no eliminarán la necesidad de mantener y reforzar los programas de screening (en España sólo el 49,6% de las mujeres de 20 a 60 años se somete regularmente a esta prueba). En este sentido, la vacunación podría ser especialmente útil -siempre y cuando sea posible su acceso- en los países en vías de desarrollo, en los que los programas de cribado apenas existen.
Por último, la Dra. Diane M. Harper, directora del Grupo de Investigación en Prevención del Cáncer Ginecológico de Lebanon (EE.UU.), ha explicado la posible utilidad de los programas de detección de la infección por VPH a través de los test actualmente disponibles: “Los test de VPH no han sido aprobados para la detección del cáncer de cérvix en ningún lugar del mundo excepto en EE.UU., aunque su posible implementación está siendo actualmente estudiada en varios países. En algunos se ha aprobado su utilización en el seguimiento de aquellas mujeres en las que se ha detectado alguna leve anormalidad en su citología mientras que en otros se está estudiando también esa inclusión”.
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