Quien compra un auto cero kilómetro con todos los avances tecnológicos del momento, sabe bien que pasado un tiempo -cada vez menor-, si no puede cambiarlo por otro, tendrá un coche catalogado como viejo.
Algunos operadores del sector de la salud en la Argentina sienten que les pasa algo similar. En promedio, los prestadores médicos llegaron al siglo XXI con un nivel tecnológico más que importante. Pero la devaluación, sumada a los problemas ya existentes y a la imposibilidad de encontrar en el mediano plazo un equilibrio entre los ingresos y las erogaciones requeridas en el sistema, hacen que el ajuste llegue por el lado del uso de tecnologías, simplemente, porque será dificultoso reponer repuestos o renovar instrumental que se compra en dólares y al contado.
En lo que va del año, el costo de los medicamentos y el material descartable en las clínicas creció un 160%, se borró el 12% de los asociados a las prepagas, subió el número de personas de clase media en los hospitales públicos -los pobres en muchos casos ya ni se atienden- y la recaudación del subsistema de la seguridad social cayó un 13% anual.
Entre los problemas que se arrastran desde antes, las obras sociales y el PAMI suman deudas por $ 2200 millones; las obras sociales le reclaman al Estado $ 200 millones por el fondo que debe cubrir la alta complejidad; ninguna aseguradora toma ya contratos por mala praxis médica, lo que representa un riesgo muy alto para las instituciones, y aún está abierta la discusión respecto de qué deben cubrir como mínimo las obras sociales y las prepagas, luego de que el Gobierno fijó un plan de emergencia hasta fines de año.
Desequilibrio
"Prácticamente el 80% de los insumos que utilizamos es importado, desde un simple guante hasta los antibióticos de última generación", afirma Francisco Díaz, presidente de la Asociación de Clínicas, Sanatorios y Hospitales Privados de la República Argentina (Adecra).
Los pagos a proveedores de esos insumos aumentaron su participación en el gasto de la salud de un 24,7% en 1992 al 34,4%, según el director general del Cemic, Hugo Magonza. Para el directivo, si se asume una caída del gasto total anual en salud ($ 23.896 millones) similar a la del producto bruto interno (PBI) -un 15% este año-, estaríamos en una erogación (entre el presupuesto público, aportes salariales, cuotas privadas y gasto de bolsillo) de $ 20.312 millones.
Ahora bien, por impacto de la devaluación, el gasto en insumos creció un 131%, con lo cual de $ 5257 millones se pasa a $ 12.144 millones. Y el costo requerido de las amortizaciones del instrumental y equipos se eleva de $ 717 millones a $ 2581 millones, a un dólar a $ 3,60. Esto hace que para los demás gastos -sueldos, servicios, mantenimiento, comida-, sólo queden $ 5587 millones, un 68% menos respecto de los $ 17.922 millones destinados hasta 2001, lo que genera un bache de unos $ 12.335 millones.
¿Cómo cierra la ecuación? Para volver atrás con los precios, poco y nada puede hacerse. Las expectativas se habían centrado en la desgravación de insumos importados, pero por un "error" en el articulado, la ley aprobada sólo beneficia a los importadores y la corrección de la iniciativa hoy transita lentamente por las comisiones legislativas.
¿Aumentar los ingresos? Tarea complicada. En el sector privado, las empresas líderes llevan una suba acumulada de cuotas del 25%, pero el resultado es la huida de afiliados y, por lo general, se van los jóvenes con poca demanda de servicios, lo cual desequilibra, porque se quedan los que requieren atención compleja. "Hay un 15% de desfase entre las cuotas y lo que se necesitaría cobrar sólo para llegar a un equilibrio", dijo Pablo Giordano, presidente de la Asociación de Entidades de Medicina Prepaga (Ademp). En las obras sociales, es de esperar alguna mejora en la recaudación por medidas recientes, pero las entidades sindicales, que según el superintendente de Servicios de Salud, Rubén Torres, cargan con deudas prestacionales por $ 970 millones, no pisan terreno firme aunque reciban algo más de dinero.
En los hospitales públicos se evidencia el cambio del perfil de los pacientes, efecto del desempleo y el empobrecimiento. "Hay menos gente por problemas poco complejos y más gente por problemas complejos; eso es en parte porque llega gente que perdió capacidad de ir a la prepaga o ya no tiene obra social", afirma Alfredo Stern, secretario de Salud porteño, que está a cargo de los hospitales de la ciudad de Buenos Aires. Si bien en el primer semestre la Ciudad recaudó un 18% menos, Stern teme por la incertidumbre cambiaria, pero dice confiar en la prioridad dada al sistema sanitario: del presupuesto de $ 860 millones para los hospitales, $ 60 millones financian medicamentos e insumos, y la partida ya debió aumentarse en $ 12 millones este año. Pero no sólo aumentaron los costos de medicamentos y tecnología. Según Adecra, los alimentos para los pacientes internados se encarecieron un 67,1% y los sueldos, que representan el 51% del gasto, aumentan en promedio un 15% por el decreto que ordena asignar 100 pesos.
Los prestadores mantienen además acreencias por deudas del PAMI y las de obras sociales sindicales por $ 2200 millones. Y la solución pedida por la comisión de obras sociales de la CGT que preside Juan José Zanola parece muy poco viable: los sindicalistas reclaman un bono para estatizar la deuda, además de advertir que en pocos meses el sistema entrará en colapso total.
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Published on August 19, 2002
Devaluación: otro sector con problemas
Aumenta el deterioro de los servicios del sistema de salud
Estiman que para mantener el nivel tecnológico se necesitan 12.335 millones de pesos anuales. El costo de los insumos y de material descartable creció un 160 por ciento. Las empresas de medicina privada perdieron el 12% de sus afiliados en el año. Se prevén recortes en tecnología.
Fuente: La Nación
Quien compra un auto cero kilómetro con todos los avances tecnológicos del momento, sabe bien que pasado un tiempo -cada vez menor-, si no puede cambiarlo por otro, tendrá un coche catalogado como viejo.
Algunos operadores del sector de la salud en la Argentina sienten que les pasa algo similar. En promedio, los prestadores médicos llegaron al siglo XXI con un nivel tecnológico más que importante. Pero la devaluación, sumada a los problemas ya existentes y a la imposibilidad de encontrar en el mediano plazo un equilibrio entre los ingresos y las erogaciones requeridas en el sistema, hacen que el ajuste llegue por el lado del uso de tecnologías, simplemente, porque será dificultoso reponer repuestos o renovar instrumental que se compra en dólares y al contado.
En lo que va del año, el costo de los medicamentos y el material descartable en las clínicas creció un 160%, se borró el 12% de los asociados a las prepagas, subió el número de personas de clase media en los hospitales públicos -los pobres en muchos casos ya ni se atienden- y la recaudación del subsistema de la seguridad social cayó un 13% anual.
Entre los problemas que se arrastran desde antes, las obras sociales y el PAMI suman deudas por $ 2200 millones; las obras sociales le reclaman al Estado $ 200 millones por el fondo que debe cubrir la alta complejidad; ninguna aseguradora toma ya contratos por mala praxis médica, lo que representa un riesgo muy alto para las instituciones, y aún está abierta la discusión respecto de qué deben cubrir como mínimo las obras sociales y las prepagas, luego de que el Gobierno fijó un plan de emergencia hasta fines de año.
Desequilibrio
"Prácticamente el 80% de los insumos que utilizamos es importado, desde un simple guante hasta los antibióticos de última generación", afirma Francisco Díaz, presidente de la Asociación de Clínicas, Sanatorios y Hospitales Privados de la República Argentina (Adecra).
Los pagos a proveedores de esos insumos aumentaron su participación en el gasto de la salud de un 24,7% en 1992 al 34,4%, según el director general del Cemic, Hugo Magonza. Para el directivo, si se asume una caída del gasto total anual en salud ($ 23.896 millones) similar a la del producto bruto interno (PBI) -un 15% este año-, estaríamos en una erogación (entre el presupuesto público, aportes salariales, cuotas privadas y gasto de bolsillo) de $ 20.312 millones.
Ahora bien, por impacto de la devaluación, el gasto en insumos creció un 131%, con lo cual de $ 5257 millones se pasa a $ 12.144 millones. Y el costo requerido de las amortizaciones del instrumental y equipos se eleva de $ 717 millones a $ 2581 millones, a un dólar a $ 3,60. Esto hace que para los demás gastos -sueldos, servicios, mantenimiento, comida-, sólo queden $ 5587 millones, un 68% menos respecto de los $ 17.922 millones destinados hasta 2001, lo que genera un bache de unos $ 12.335 millones.
¿Cómo cierra la ecuación? Para volver atrás con los precios, poco y nada puede hacerse. Las expectativas se habían centrado en la desgravación de insumos importados, pero por un "error" en el articulado, la ley aprobada sólo beneficia a los importadores y la corrección de la iniciativa hoy transita lentamente por las comisiones legislativas.
¿Aumentar los ingresos? Tarea complicada. En el sector privado, las empresas líderes llevan una suba acumulada de cuotas del 25%, pero el resultado es la huida de afiliados y, por lo general, se van los jóvenes con poca demanda de servicios, lo cual desequilibra, porque se quedan los que requieren atención compleja. "Hay un 15% de desfase entre las cuotas y lo que se necesitaría cobrar sólo para llegar a un equilibrio", dijo Pablo Giordano, presidente de la Asociación de Entidades de Medicina Prepaga (Ademp). En las obras sociales, es de esperar alguna mejora en la recaudación por medidas recientes, pero las entidades sindicales, que según el superintendente de Servicios de Salud, Rubén Torres, cargan con deudas prestacionales por $ 970 millones, no pisan terreno firme aunque reciban algo más de dinero.
En los hospitales públicos se evidencia el cambio del perfil de los pacientes, efecto del desempleo y el empobrecimiento. "Hay menos gente por problemas poco complejos y más gente por problemas complejos; eso es en parte porque llega gente que perdió capacidad de ir a la prepaga o ya no tiene obra social", afirma Alfredo Stern, secretario de Salud porteño, que está a cargo de los hospitales de la ciudad de Buenos Aires. Si bien en el primer semestre la Ciudad recaudó un 18% menos, Stern teme por la incertidumbre cambiaria, pero dice confiar en la prioridad dada al sistema sanitario: del presupuesto de $ 860 millones para los hospitales, $ 60 millones financian medicamentos e insumos, y la partida ya debió aumentarse en $ 12 millones este año. Pero no sólo aumentaron los costos de medicamentos y tecnología. Según Adecra, los alimentos para los pacientes internados se encarecieron un 67,1% y los sueldos, que representan el 51% del gasto, aumentan en promedio un 15% por el decreto que ordena asignar 100 pesos.
Los prestadores mantienen además acreencias por deudas del PAMI y las de obras sociales sindicales por $ 2200 millones. Y la solución pedida por la comisión de obras sociales de la CGT que preside Juan José Zanola parece muy poco viable: los sindicalistas reclaman un bono para estatizar la deuda, además de advertir que en pocos meses el sistema entrará en colapso total.
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