En la consulta diaria, observamos cómo las alergias y el asma están influenciados por múltiples factores. Mientras la genética y el ambiente son ampliamente reconocidos, la alimentación emerge como un factor modificable que impacta significativamente en la evolución de estas patologías.
Este artículo ofrece herramientas prácticas basadas en evidencia para integrar la evaluación nutricional en el manejo de niños con enfermedades respiratorias alérgicas.
Aspectos clave en la anamnesis:
- Asma o rinitis de difícil control a pesar de tratamiento adecuado
- Consumo predominante de ultraprocesados (snacks, gaseosas, fast food)
- Dietas de eliminación autoimpuestas o mal supervisadas
- Sobrepeso u obesidad en pacientes asmáticos
- Síntomas digestivos concurrentes
- Infecciones respiratorias recurrentes
Preguntas útiles en consultorio:
- ¿Qué desayunó/almorzó hoy?
- ¿Cuántas veces por semana comen frutas y verduras frescas?
- ¿Qué productos envasados consumen y con qué frecuencia?
- En alergias alimentarias: ¿Quién supervisa la dieta? ¿Reciben suplementos?
- Ultraprocesados y respuesta inflamatoria
Un análisis del NHANES mostró asociación entre el consumo de ultraprocesados y mayor prevalencia de asma y eczema en población pediátrica. Estos alimentos contienen aditivos, conservantes y AGEs que pueden actuar como desencadenantes proinflamatorios (Kong et al., 2022).
En la práctica clínica: consumo frecuente → peor control de asma y eczema.
- Microbiota, inflamación y eje intestino–cerebro–pulmón
La evidencia actual muestra que la microbiota intestinal regula la respuesta inflamatoria, el neurodesarrollo y la inmunomodulación sistémica en pediatría (Borrego-Ruiz & Borrego, 2024). Esto influye de manera directa en la evolución del asma y la marcha alérgica.
- Dietas de eliminación y riesgos nutricionales
Los niños con alergias alimentarias que siguen dietas restrictivas sin supervisión pueden presentar déficits en vitaminas D y E, zinc y ácidos grasos omega-3, afectando la función inmune (Meyer, 2018). Siempre hay que evaluar quién supervisa la dieta.
- Inflamación sistémica y antioxidantes
Un patrón alimentario rico en frutas, verduras y frutos secos reduce las citoquinas proinflamatorias (IL-1β, TNF-α, IL-6), clave en el fenotipo Th2 (Rodrigues et al., 2023).
- Eje intestino–pulmón y fibra prebiótica
La fermentación de fibra produce ácidos grasos de cadena corta (especialmente butirato), que reducen la hiperreactividad bronquial y favorecen la diferenciación de células T reguladoras (Treg), esenciales en la modulación de la respuesta alérgica (Trompette et al., 2014).
- Obesidad y función respiratoria
La obesidad genera inflamación crónica de bajo grado mediada por adipocinas, reduce la capacidad pulmonar y empeora el control del asma (Menegati et al., 2023).
¿Qué promover? Frutas y verduras, alrededor de 5 porciones/día, priorizando colores variados. También pescados grasos: 2–3 veces/semana. El aceite de oliva extra virgen como grasa principal y los frutos secos en un puñado pequeño por día desde los 4–5 años. Las legumbres: 2–3 veces/semana, optando por cereales integrales en lugar de refinados.
¿Qué limitar? Ultraprocesados, bebidas azucaradas, comidas rápidas, exceso de lácteos en niños con alergia o intolerancia.
También hay que establecer estrategias por grupos etarios. En los lactantes se recomienda la introducción diversificada y progresiva de alergénicos según guías AAP. Hay que promover lactancia exclusiva hasta los 6 meses.
En preescolares y escolares hay que involucrarlos en la preparación de comidas. Es importante limitar los procesados en las viandas escolares y fomentar el modelo familiar como ejemplo.
Para los adolescentes, respetar la autonomía alimentaria e identificar dietas restrictivas riesgosas es esencial. También supervisar el uso de apps de nutrición.
Sobre la vitamina D, considerar dosaje y suplementación cuando:
- 25-OH vitamina D <20 ng/ml
- Asma de difícil control
- Múltiples alergias alimentarias
- Infecciones respiratorias recurrentes
- Escasa exposición solar
El omega-3 se considera cuando hay bajo consumo de pescado más un asma mal controlada.
Los probióticos (L. rhamnosus, B. lactis) en la dermatitis atópica moderada/severa, una antibioticoterapia prolongada o síntomas digestivos asociados.
1. Evaluación inicial:
Patrón alimentario habitual
Frecuencia de ultraprocesados
Consumo de frutas/verduras
Dietas restrictivas (quién las supervisa)
Peso y talla → evaluar sobrepeso u obesidad
Síntomas digestivos
2. Clasificación:
Alimentación adecuada: reforzar hábitos saludables
Alimentación inadecuada + factores de riesgo (obesidad, dieta muy restrictiva, predominio de ultraprocesados, múltiples alergias alimentarias) → Derivación a nutrición + enfoque multidisciplinario.
3. Intervenciones en consultorio:
Educación en alimentos proinflamatorios
Revisión de técnica inhalatoria
Recomendación de actividad física
Dosaje de vitamina D cuando corresponda
4. Reevaluación a los 3 meses:
Control sintomático del asma/rinitis, ver cambios en IMC, adherencia a los cambios de hábitos y se hacen ajustes del plan nutricional. La evaluación psicológica si hay dietas restrictivas graves es un considerando.
El abordaje nutricional no reemplaza la medicación, pero potencia su efectividad y mejora la evolución del asma.
La medicina actual exige mirar al niño en su contexto: el entorno que lo rodea, la alimentación que lo nutre, la calidad del aire que respira, la microbiota que lo acompaña y la
historia que lo atraviesa.
Es desde esa mirada pediátrica —donde convergen la alergología, la inmunología, la salud respiratoria y la medicina ambiental— que podemos ofrecer un cuidado verdaderamente preventivo, humano y basado en evidencia.