En muchos sentidos, cada chico que nace carga sobre sus espaldas los aciertos -y los errores- que cometieron sus antecesores. Al menos, esto es lo que parecen indicar innumerables trabajos que exploran la relación existente entre la calidad del medio ambiente y la salud infantil.
Uno de ellos, por ejemplo, descubrió que al nacer un bebe puede tener en sus tejidos hasta 300 sustancias químicas que no se encontraban en los de anteriores generaciones.
"No es un buen comienzo", reflexiona el doctor Peter van den Hazel, especialista holandés que esta semana visita el país para asistir a la Primera Jornada Especial sobre Salud Ambiental Infantil para Pediatras, organizada por la Asociación de Médicos por el Medio Ambiente (AMMA) y que hoy se realiza en la Sociedad Argentina de Pediatría.
Según Van den Hazel, debido a los químicos tóxicos presentes en el medio ambiente infantil, en los últimos diez años la incidencia de alergias aumentó del 10 al 15%. "Antes, menos del 10% de los chicos las padecían, pero ahora ese índice alcanza el 15% -explica-. En Suecia ya se habla de que entre el 30 y el 35% de los chicos las sufren."
También está creciendo la incidencia de cierto tipo de tumores, como los de cerebro y las leucemias. "A pesar de que los accidentes siguen siendo la primera causa de muerte, ahora los tumores son la segunda, hasta los quince años -afirma la doctora María Cristina Della Rodolfa, oncóloga de la AMMA-. En modelos animales, hay muchos trabajos que demuestran que la exposición a químicos tóxicos está vinculada con la enfermedad oncológica."
Herencia indeseable
Según los médicos, no sólo hay infinidad de factores agresivos en el medio ambiente -como el ruido o la radiación-, sino que sus efectos pueden transmitirse de generación en generación.
"A lo mejor, la que estuvo expuesta a estas sustancias no fue el niño, sino su madre -aclara Lilian Corra, presidenta de la AMMA-. Debido a que el embarazo es un período de vulnerabilidad, ella puede haberlos transferido a su hijo."
"Se sabe -ilustra Della Rodolfa-, que en las mujeres que recibieron una hormona femenina en los años sesenta, en sus hijas y en las hijas de sus hijas, se registra una mayor incidencia de tumores uterinos."
"Sustancias, como los PCB, las dioxinas y los pesticidas -coincide Van den Hazel- se acumulan en la cadena alimentaria y pueden ser transferidas a los chicos a través de la placenta materna y el amamantamiento."
Entre las consecuencias crecientes que se registran en los chicos que fueron expuestos incluso a pequeñas dosis de estos contaminantes se cuentan los daños neurológicos, los problemas de aprendizaje y los trastornos del lenguaje.
Según el investigador, un número importante de estudios muestra que la acumulación de estas sustancias en el organismo infantil es preocupante: "Estamos viendo que las madres esquimales padecen los niveles más altos de químicos porque se alimentan de peces que se encuentran al final de la cadena alimentaria -afirma-. También, que los más expuestos a las dioxinas tienen mayores problemas de aprendizaje. Por otro lado, entre los chicos expuestos al plomo y otros metales pesados se observa un descenso del cociente intelectual. Estos metales son un riesgo incluso en niveles menores de lo que se suponía".
Los relevamientos realizados demuestran que la exposición a tóxicos puede ser causa cambios de comportamiento (como la hiperactividad o la agresividad) e incluso autismo, pero que además está generando un desplazamiento de la distribución del cociente intelectual en la población.
"Según la OMS -explica Van den Hazel-, este desplazamiento es de alrededor de tres puntos en chicos de inteligencia normal. En el nivel individual tal vez no incida demasiado, pero si uno extrapola ese índice a toda la población, se traduce en que menos personas pueden ir a la universidad y muchos más requieren cuidados especiales. Se calcula que esto puede costar miles de millones de dólares.
"En mi país -agrega-, el Ministerio de Salud decidió hace unos quince años formar un grupo de médicos especializados en estos temas que estuvieran en condiciones de asistir a las comunidades locales y asesorar al gobierno, porque descubrimos que cuesta mucho más controlar la contaminación cuando ya es demasiado tarde que mantener el control y verificar lo que está pasando."
El 23 del mes próximo se cumple un año de la ratificación del tratado que regula los Contaminantes Orgánicos firmado en Estocolmo, un convenio que la Argentina aún no ratifica.
Al igual que en otros casos, cabe recordar que, como afirma Van den Hazel, "al hablar acerca de la salud ambiental infantil, hablamos sobre los chicos, sobre sus hijos y sobre los hijos de sus hijos. Hablamos, ni más ni menos, que sobre el futuro".
Publicado el 22 de abril de 2002
El medio ambiente infantil
"Al nacer, un chico puede tener hasta 300 sustancias químicas en su organismo"
Lo afirma el especialista holandés Peter van den Hazel, de visita en el país.
Fuente: La Nación
En muchos sentidos, cada chico que nace carga sobre sus espaldas los aciertos -y los errores- que cometieron sus antecesores. Al menos, esto es lo que parecen indicar innumerables trabajos que exploran la relación existente entre la calidad del medio ambiente y la salud infantil.
Uno de ellos, por ejemplo, descubrió que al nacer un bebe puede tener en sus tejidos hasta 300 sustancias químicas que no se encontraban en los de anteriores generaciones.
"No es un buen comienzo", reflexiona el doctor Peter van den Hazel, especialista holandés que esta semana visita el país para asistir a la Primera Jornada Especial sobre Salud Ambiental Infantil para Pediatras, organizada por la Asociación de Médicos por el Medio Ambiente (AMMA) y que hoy se realiza en la Sociedad Argentina de Pediatría.
Según Van den Hazel, debido a los químicos tóxicos presentes en el medio ambiente infantil, en los últimos diez años la incidencia de alergias aumentó del 10 al 15%. "Antes, menos del 10% de los chicos las padecían, pero ahora ese índice alcanza el 15% -explica-. En Suecia ya se habla de que entre el 30 y el 35% de los chicos las sufren."
También está creciendo la incidencia de cierto tipo de tumores, como los de cerebro y las leucemias. "A pesar de que los accidentes siguen siendo la primera causa de muerte, ahora los tumores son la segunda, hasta los quince años -afirma la doctora María Cristina Della Rodolfa, oncóloga de la AMMA-. En modelos animales, hay muchos trabajos que demuestran que la exposición a químicos tóxicos está vinculada con la enfermedad oncológica."
Herencia indeseable
Según los médicos, no sólo hay infinidad de factores agresivos en el medio ambiente -como el ruido o la radiación-, sino que sus efectos pueden transmitirse de generación en generación.
"A lo mejor, la que estuvo expuesta a estas sustancias no fue el niño, sino su madre -aclara Lilian Corra, presidenta de la AMMA-. Debido a que el embarazo es un período de vulnerabilidad, ella puede haberlos transferido a su hijo."
"Se sabe -ilustra Della Rodolfa-, que en las mujeres que recibieron una hormona femenina en los años sesenta, en sus hijas y en las hijas de sus hijas, se registra una mayor incidencia de tumores uterinos."
"Sustancias, como los PCB, las dioxinas y los pesticidas -coincide Van den Hazel- se acumulan en la cadena alimentaria y pueden ser transferidas a los chicos a través de la placenta materna y el amamantamiento."
Entre las consecuencias crecientes que se registran en los chicos que fueron expuestos incluso a pequeñas dosis de estos contaminantes se cuentan los daños neurológicos, los problemas de aprendizaje y los trastornos del lenguaje.
Según el investigador, un número importante de estudios muestra que la acumulación de estas sustancias en el organismo infantil es preocupante: "Estamos viendo que las madres esquimales padecen los niveles más altos de químicos porque se alimentan de peces que se encuentran al final de la cadena alimentaria -afirma-. También, que los más expuestos a las dioxinas tienen mayores problemas de aprendizaje. Por otro lado, entre los chicos expuestos al plomo y otros metales pesados se observa un descenso del cociente intelectual. Estos metales son un riesgo incluso en niveles menores de lo que se suponía".
Los relevamientos realizados demuestran que la exposición a tóxicos puede ser causa cambios de comportamiento (como la hiperactividad o la agresividad) e incluso autismo, pero que además está generando un desplazamiento de la distribución del cociente intelectual en la población.
"Según la OMS -explica Van den Hazel-, este desplazamiento es de alrededor de tres puntos en chicos de inteligencia normal. En el nivel individual tal vez no incida demasiado, pero si uno extrapola ese índice a toda la población, se traduce en que menos personas pueden ir a la universidad y muchos más requieren cuidados especiales. Se calcula que esto puede costar miles de millones de dólares.
"En mi país -agrega-, el Ministerio de Salud decidió hace unos quince años formar un grupo de médicos especializados en estos temas que estuvieran en condiciones de asistir a las comunidades locales y asesorar al gobierno, porque descubrimos que cuesta mucho más controlar la contaminación cuando ya es demasiado tarde que mantener el control y verificar lo que está pasando."
El 23 del mes próximo se cumple un año de la ratificación del tratado que regula los Contaminantes Orgánicos firmado en Estocolmo, un convenio que la Argentina aún no ratifica.
Al igual que en otros casos, cabe recordar que, como afirma Van den Hazel, "al hablar acerca de la salud ambiental infantil, hablamos sobre los chicos, sobre sus hijos y sobre los hijos de sus hijos. Hablamos, ni más ni menos, que sobre el futuro".