Numerosos estudios han investigado la asociación entre los hábitos alimentarios y el tipo de dieta con las enfermedades crónicas. Muchos de estos estudios fueron realizados con otros propósitos, incluyeron poblaciones muy mezcladas respecto a factores de riesgo, edad y otras variables o fueron de carácter retrospectivo.
La dieta Mediterránea tradicional se caracteriza por un consumo elevado de vegetales, legumbres, frutas, nueces y cereales, alto consumo de aceite de oliva y bajo consumo de lípidos saturados. A esto se asocia un consumo relativamente elevado de pescados, un consumo moderado de lácteos, un consumo bajo de carne y aves y un consumo regular pero moderado de vino tinto.
Este trabajo investiga la relación entre la dieta Mediterránea y la tasa de mortalidad global en una gran muestra de población de Grecia.
Métodos
El estudio Europen Prospective Investigation into Cancer and Nutrition (EPIC) tuvo lugar entre 1994 y 1999 e incorporó un total de 28.572 participantes entre 20 y 86 años de edad de todas las regiones de Grecia.
Los participantes debieron llenar un cuestionario, conducido por personas especialmente entrenadas, que incluyó 150 comidas y bebidas que habitualmente se consumen en Grecia. Se estableció un puntaje convencional para cada producto consumido.
Del total de pacientes mencionados se excluyeron 3874 por presentar algún tipo de patología, por lo que el número total de participantes fue de 22.043.
En la metodología estadística se utilizó el modelo Cox y se hicieron ajustes para sexo, edad, tabaquismo, grado educacional e índice de masa corporal.
Resultados
El seguimiento fue de 81.139 personas/años. Se observó que un incremento de dos puntos en el escore de la dieta Mediterránea se asoció con una reducción del 25% en la mortalidad total (p<0,001). El aumento del puntaje dependió de un aumento del consumo de grasas monosaturadas en relación a las saturadas y en una reducción sustancial del consumo de carne.
Se redujo más la mortalidad por enfermedad coronaria que por cáncer aunque en ambos casos fue significativa. La relación inversa entre la mortalidad global y el escore de la dieta Mediterránea fue independiente de las variables mencionadas en la metodología estadística. El beneficio de la dieta Mediterránea se hizo evidente en las personas mayores de 55 años.
Las ventajas de este estudio incluyen su naturaleza prospectiva, una población de gran tamaño y el empleo de un escore exhaustivo y previamente validado por otros estudios.
En conclusión, este estudio prospectivo de la población demostró que cuanto mayor es la adherencia a la dieta Mediterránea menor es la mortalidad global.
Figura. Porcentaje de reducción de los distintos tipos de mortalidad con un aumento de 2 puntos en el escore de la dieta Mediterránea. La reducción fue estadísticamente significativa excepto para la edad < 55 años.
Artículo comentado por el Dr. Ricardo Ferreira, editor responsable de IntraMed en la especialidad de Cardiología.