El 5 de junio de 1981, el informe del Centro de Control y Prevención de Enfermedades (CDC) de los Estados Unidos se imprimió con una noticia que cambiaría para siempre el curso de la medicina: el doctor Michael Gottlieb informaba desde Los Angeles, California, sobre cinco casos de una extraña enfermedad en pacientes jóvenes, inmunodeprimidos e invadidos por infecciones oportunistas. Aunque más tarde se supo que el sida era más antiguo y que su origen estaba en el África, estos casos pioneros en la literatura médica allanaron el camino a la investigación sobre la epidemia del siglo que pasó y, probablemente, del siglo que comienza.
En veinte años, el sida desplegó su poder devastador: mató a 22 millones de personas, dejó más de 13 millones de niños huérfanos y un saldo de 36 millones de personas que conviven actualmente con el virus del HIV. Con un subregistro notorio, y en el que no se incluyeron hasta ahora los portadores, la Argentina contabiliza oficialmente entre 1982 y 2000 un total de 18.824 enfermos notificados, de los cuales el 72% está vivo, el 25% ha fallecido y del 3% restante se desconoce su condición.
También en veinte años se logró lo inimaginable: en 1983, el equipo del doctor Luc Montagnier aisló el virus en el Instituto Pasteur de París y fue seguido por una experiencia similar por el doctor Robert Gallo en los Estados Unidos. En abril de 1987, más de cien países ya habían reportado casos de sida. Ese mismo año, el AZT se convirtió en la primera droga contra el sida aprobada por la Food and Drug Administration (FDA) de los Estados Unidos y sólo cinco años más tarde apareció la posibilidad de combinar este medicamento con otras drogas (DDI, DDC; 3TC, DT4). Fue el primer paso hacia las terapias combinadas que, a partir de 1996, redujeron la mortalidad hasta en un 90%. Hoy, no menos de veinte vacunas se ensayan en diferentes centros de investigación. Y, aunque en términos científicos podría decirse que el sida se ha convertido en una enfermedad crónica, en otros términos, no menos importantes, constituye, en palabras de Peter Piot, director de Onusida, "un desastre humano que condena a la pobreza a millones de familias" por culpa de "las medidas tibias que no tienen efecto" contra un mal tan virulento. (...)
En la Argentina, el primer paciente se diagnosticó en 1982. Se trató de un hombre que había contraído el virus en el exterior. Tres casos en el 83; cuatro en el 84, y 39 en el 86 (dos de ellos en menores de 13 años, un indicio de que probablemente ya existían casos de transmisión perinatal) daban cuenta del paulatino avance local de la epidemia.
Con políticas erráticas en materia de sida, la Argentina no cuenta todavía con un registro anónimo de infectados. "Estamos trabajando en eso -aseguró la funcionaria, que también prometió que- "la campaña que lanzamos tendrá permanencia". (...)
Publicado el 4 de junio de 2001
Sida
20 años de un mal que no cesa
En el mundo hay 36 millones de infectados; las nuevas terapias aumentaron la sobrevida, pero su distribución no es pareja.
Fuente: La Nación
El 5 de junio de 1981, el informe del Centro de Control y Prevención de Enfermedades (CDC) de los Estados Unidos se imprimió con una noticia que cambiaría para siempre el curso de la medicina: el doctor Michael Gottlieb informaba desde Los Angeles, California, sobre cinco casos de una extraña enfermedad en pacientes jóvenes, inmunodeprimidos e invadidos por infecciones oportunistas. Aunque más tarde se supo que el sida era más antiguo y que su origen estaba en el África, estos casos pioneros en la literatura médica allanaron el camino a la investigación sobre la epidemia del siglo que pasó y, probablemente, del siglo que comienza.
En veinte años, el sida desplegó su poder devastador: mató a 22 millones de personas, dejó más de 13 millones de niños huérfanos y un saldo de 36 millones de personas que conviven actualmente con el virus del HIV. Con un subregistro notorio, y en el que no se incluyeron hasta ahora los portadores, la Argentina contabiliza oficialmente entre 1982 y 2000 un total de 18.824 enfermos notificados, de los cuales el 72% está vivo, el 25% ha fallecido y del 3% restante se desconoce su condición.
También en veinte años se logró lo inimaginable: en 1983, el equipo del doctor Luc Montagnier aisló el virus en el Instituto Pasteur de París y fue seguido por una experiencia similar por el doctor Robert Gallo en los Estados Unidos. En abril de 1987, más de cien países ya habían reportado casos de sida. Ese mismo año, el AZT se convirtió en la primera droga contra el sida aprobada por la Food and Drug Administration (FDA) de los Estados Unidos y sólo cinco años más tarde apareció la posibilidad de combinar este medicamento con otras drogas (DDI, DDC; 3TC, DT4). Fue el primer paso hacia las terapias combinadas que, a partir de 1996, redujeron la mortalidad hasta en un 90%. Hoy, no menos de veinte vacunas se ensayan en diferentes centros de investigación. Y, aunque en términos científicos podría decirse que el sida se ha convertido en una enfermedad crónica, en otros términos, no menos importantes, constituye, en palabras de Peter Piot, director de Onusida, "un desastre humano que condena a la pobreza a millones de familias" por culpa de "las medidas tibias que no tienen efecto" contra un mal tan virulento. (...)
En la Argentina, el primer paciente se diagnosticó en 1982. Se trató de un hombre que había contraído el virus en el exterior. Tres casos en el 83; cuatro en el 84, y 39 en el 86 (dos de ellos en menores de 13 años, un indicio de que probablemente ya existían casos de transmisión perinatal) daban cuenta del paulatino avance local de la epidemia.
Con políticas erráticas en materia de sida, la Argentina no cuenta todavía con un registro anónimo de infectados. "Estamos trabajando en eso -aseguró la funcionaria, que también prometió que- "la campaña que lanzamos tendrá permanencia". (...)