Interviews

/ Published on October 5, 2004

Dr. Alberto Monchablón, vicepresidente de la Asociación Argentina de Psiquiatría

11° Congreso Internacional de Psiquiatría

Más cerca del evento, el presidente del mismo, Dr. Alberto Monchablón, profundiza en los temas que se tratarán durante el encuentro.

Author: Por IntraMed

Index
1. Patologías en la mira
2. La tragedia de Carmen de Patagones
3. Organización del evento

¿Cuáles serán los temas relevantes que presentarán durante el Congreso?
Nosotros presentaremos trabajos importantes. Por ejemplo, durante las II Jornadas de Psiquiatría Infanto Juvenil haremos lugar a la gran polémica que se da en este momento, que es si hay que medicar o no a los chicos. Y también, en caso de medicarlos, se discute cómo hacer para no caer en la sobremedicación. Otro gran tema es la tercera edad, porque Argentina tiene una población gerontológica muy elevada con muchísima patología psiquiátrica.
Otros temas serán la patología psiquiátrica de urgencia, la psiquiatría médico-legal que tiene altas implicancias para la justicia, el estrés postraumático y los trastornos por ansiedad.
Para tocar todos estos temas tratamos de armar mesas donde haya confrontación y equilibrio para poder sacar conclusiones interesantes. Invitamos a gente de la cultura: jueces, abogados, escritores porque se trata de un encuentro interdisciplinario. También participa la industria farmacéutica que apoya nuestra labor con sus simposios sobre las patologías clásicas.

En cuanto a la medicalización de los niños. ¿Cuál es el dilema en este caso?
La discusión surgió a consecuencia de una denuncia que hizo Hilary Clinton cuestionando la sobremedicación en los niños. La enfermedad imputada es el déficit de atención por hiperkinesia. El equilibrio ideal es complicado porque se trata de una entidad que involucra a maestras, psicólogos del colegio, compañeros y padres. Sin lugar a dudas, entiendo que en algunos casos hay que medicar en beneficio del propio chico. Pero el conflicto surge entre el nivel de tolerancia de las maestras, el tipo de alumnos que hay en ese colegio y los padres con su propio nivel de tolerancia. El diagnóstico tiene que ser interdisciplinario: docente, psicopedagogo, pediatra y psiquiatra. La batería diagnóstica se ha complejizado mucho, por eso el equipo tiene que trabajar y tomar sus decisiones en conjunto.
Por suerte en la Argentina todavía hay una tendencia a la hipomedicación y a la psicoterapia.

Otro tema al que se alude recurrentemente en los medios es el referido al abuso sexual infantil. ¿Se ha elevado el número de casos, o se trata de que ahora se denuncian?
Creo que estamos frente a un fenómeno doble. Hay más denuncias, eso es cierto, aunque abuso hubo siempre. Si bien hay casos denunciados en países desarrollados, en el tercer mundo el tema se torna muy dramático porque el abuso se relaciona con el hacinamiento y la promiscuidad. Sabemos que hay abuso en todos los niveles, pero es notable la cantidad que podemos relacionar con el hacinamiento, la miseria y la pobreza.
Según mi experiencia, el abuso sexual infantil era una patología que se veía una o dos veces por año; en la actualidad vemos un caso por mes. Por lo general no se denuncia porque la sospecha cae sobre un hermano, padrastro o esposo y se corre el riesgo de que el sostén económico del hogar vaya preso.
Otro tema relacionado con el abuso es la increíble hipererotización que se ha alcanzado en la población infantil. Por un lado, en casas donde convive mucha gente en pocos cuartos,  a veces los chicos presencian una relación sexual lo cual los afecta mucho. Pero también es perjudicial que un chico de  6 o 7 años acceda accidentalmente -por falta de control- a un canal pornográfico de cable o a un sitio de internet de esas características. Eso les hace mucho daño, genera hipererotización y conductas equívocas en el colegio.

¿Cómo se aborda esta problemática desde la Psiquiatría?
El enfoque es multidisciplinario porque esto viene encuadrado en el marco del estrés postraumático. Esta es otra entidad "de moda", que se describe como la secuela después de haber sufrido un trauma agudo. Si uno sufre un atentado, un secuestro, una violación, queda una secuela. Esa secuela, que siempre creímos era puramente psicológica, sabemos hoy que es una secuela cerebral: una cicatriz marcada en el cerebro. Por eso la gente que sufre de estrés postraumático suele tener reminiscencias en forma de flash backs -por lo general nocturnos- y revive con intensidad angustiosa lo que le pasó. He conocido pacientes que fueron abusadas en la infancia y lo siguen reviviendo después de 20 años. Por eso la consideramos una cicatriz gravísima.
Así se explica el enfoque interdisciplinario: en estos casos tiene que participar la policía, asistentes sociales, psicopedagogos de las escuelas, maestras, psicólogos infantiles, pediatras y psiquiatras. A veces no es sencillo hacer la denuncia, aunque cada vez se toma más conciencia de un problema que sigue ocurriendo y se relaciona con el abuso de sustancias como el alcohol y las drogas.

Frente a una realidad tan compleja, ¿cómo se plantan los psiquiatras?
El problema no se puede eludir. Antes se dejaba como un dato más de la historia clínica; ahora estamos averiguando hasta dónde repercute ese antecedente en la enfermedad actual del paciente. Estos casos tienen que ser encarados desde una psicoterapia especial para tratar el problema, porque esas secuelas de las que hablábamos no se curan con un tratamiento medicamentoso. Como este es un problema familiar, también entran a tallar psicoterapeutas especializados en familia.

Cada tanto resurgen ciertas patologías "olvidadas" o surgen algunas nuevas. ¿Por qué ocurre esto?
Hay ciertas patologías donde se pone la mirada en algunos momentos. Por ejemplo, hace dos años la American Psychiatric Association -que es la entidad que marca el rumbo clínico- puso de moda el déficit atencional del adulto; este año se puso en el tapete la enfermedad psicosomática. Creo que toda patología debe estar sometida al análisis y la revalorización.

Por último, ¿considera que entre nuestra población hay una tendencia a la automedicación?
Sí, la Argentina consume muchas benzodiacepinas. Son conductas vinculadas a la cultura:  mucha gente ha incorporado los ansiolíticos y, ante cualquier problema personal  o conflicto, se automedica para poder seguir haciendo su vida normal. Eso es más fácil que detener la propia vida y plantearse una psicoterapia. Se trata de un cambio cultural que escapa al control de los médicos, porque si bien considero que los médicos clínicos son grandes recetadores de ansiolíticos, los pacientes suelen "reciclar" las recetas.
Lo ideal es que si alguien sufre un trastorno leve, haga una consulta y comience una psicoterapia; si esto no funciona, que tome una medicación de manera controlada y por un período definido porque ninguna medicación es inocua.