Nuevas herramientas clínicas de detección | 09 OCT 21

Investigaciones lingüísticas y alteraciones cerebrales en epilepsia

Aportes de científicos argentinos en el cruce entre las ciencias del lenguaje, la ciencia de datos y la neurociencia traslacional
Autor/a: Adolfo M. García y Sebastián Moguilner 

Desde sus primeras descripciones hace más de 3000 años, la epilepsia no deja de desafiar al canon médico. Luego de ser atribuida a castigos divinos (en tiempos homéricos), a excesos de flema cerebral (en la era hipocrática) y a espíritus malignos (en el Medioevo), hoy se la reconoce como una enfermedad neurológica crónica asociada con anomalías eléctricas a nivel cortical. Dichas descargas producen convulsiones de frecuencia e intensidad variables, con ocasional pérdida de conciencia y, en particular, múltiples secuelas cognitivas. Estas últimas revisten gran interés clínico, ya que la evaluación neuropsicológica es fundamental en los procedimientos diagnósticos y prequirúrgicos, tendientes a identificar y tratar el tipo de epilepsia específico de cada paciente. Sin embargo, las pruebas cognitivas clásicas suelen ser incapaces de discriminar entre la epilepsia del lóbulo frontal (ELF) y aquellas con foco en regiones posteriores. Este problema, más traslacional que definicional y más propio de la metodología que del misticismo, signa buena parte de la agenda actual del campo.

La ELF es un subtipo de epilepsia focal que representa cerca del 20% de los casos totales de epilepsia y que se caracteriza por convulsiones breves y recurrentes desencadenadas por patrones de actividad anómala en los lóbulos frontales. Los pacientes suelen presentar alteraciones en redes córtico-subcorticales relacionadas con la motricidad, además de movimientos clónicos contralaterales, actividad motora tónica unilateral o bilateral y automatismos complejos. Además, la ELF también implica déficits en numerosos dominios cognitivos, como la atención, la memoria de trabajo y la fluidez verbal. Tales deficiencias son relevantes para caracterizar el cuadro, pero resultan inconsistentes e insuficientes para diferenciarlo de otros tipos de epilepsia. De hecho, todos estos dominios también se ven afectados en las epilepsias de la corteza posterior (ECP), que incluyen la epilepsia del lóbulo temporal y otros subtipos menos comunes, como las epilepsias del lóbulo parietal y occipital. De ahí que resulte necesario establecer nuevos marcadores neurocognitivos que diferencien a la ELF de las ECP.

 

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