“Lado B”, por Celina Abud | 06 OCT 21

No tienen Tourette, pero tampoco fingen

Un estudio describió al “functional tourette like”, calificado como una enfermedad sociogénica masiva inducida por las redes sociales. No existe componente biológico, pero igual se transmite. ¿Quiénes son más susceptibles a contraerla?
Autor/a: Celina Abud Fuente: IntraMed 

Pasar demasiado tiempo frente a las pantallas es una conducta que sin duda, repercutió en nuestra visión y nuestra postura. Pero más allá de estos problemas, ¿pueden los dispositivos digitales (o más bien, sus contenidos) “contagiar” otros padecimientos? ¿Existen poblaciones más vulnerables a presentarlos? ¿Hay chances de que surjan brotes de enfermedades sociogénicas o, en su versión más moderna, enfermedades sociogénicas inducidas por las redes sociales?  Así al menos lo postula un reciente trabajo de la Universidad de Oxford, que analiza el “functional Tourette like”, algo así como “Tourette imitativo funcional”, fenómeno para el cual se registraron “focos” en adolescentes de países como Alemania, Canadá y el Reino Unido.

En el Síndrome de Tourette, aunque difusa y discutida, existe una causa orgánica mientras que en el Tourette imitativo funcional no la hay. Sin embargo, el cuadro está lejos de ser un invento y en distintos países se están haciendo esfuerzos para conocer más sobre este fenómeno. A la vez, la Sociedad Europea para el Estudio del Síndrome de Tourette (ESSTS, por sus siglas en inglés) lanzó una encuesta para relevar manifestaciones que los diferencien.

Si bien los autores del estudio, titulado Stop that! It's not Tourette's but a new type of mass sociogenic illness, postulan que un experto entrenado puede diferenciar entre ambos cuadros, no siempre se llega al diagnóstico del Tourette imitativo funcional. Es que durante la evaluación de los pacientes, hay un factor que no se tiene en cuenta: la incidencia de las redes sociales y el aumento de su utilización en pandemia, en parte para hacerle frente a la ansiedad en tiempos de COVID-19.

El primer “brote” conocido fue en Alemania, con videos “virales” como vector. Fueron precisamente los del YouTuber Jan Zimmermann, más conocido como Gewinter im Kopf (Tormenta en la cabeza). A juzgar por sus apariciones, se podría decir que el joven, que saltó a la fama a sus 22 años, podría presentar una forma leve de Tourrette. Sin embargo, para sus autores, los síntomas que muestran son de clara naturaleza funcional, primero por ser los más “estereotipados” en el conocimiento popular: la coprolalia (expresión involuntaria de palabras obsenas), la copropaxia (gestos obsenos) y otros comportamientos socialmente inapropiados. Segundo, porque éstos cambiaban cada semana y los más populares entre los followers se repetían más.

El equipo de Oxford mencionó que tras la aparición del YouTuber y por un período de dos años, numerosos adolescentes consultaron por sospecha de Síndrome de Tourette, con manifestaciones similares a las de su ídolo. Hasta se llegó a decir que presentaban “formas resistentes” al no responder a los tratamientos propuestos. En ninguno de los casos se hizo un diagnóstico diferenciado de Tourette imitativo funcional ni se tomó en cuenta la interacción con las redes sociales. Pero cuando se empezó a ver que usaban hasta las mismas palabras que Zimmermann, se pudo constatar la diferencia, esa diferencia que un ojo aguzado bien podría haber visto, porque los jóvenes que cursaron el brote en Alemania presentaban ciertos desplazamientos de brazo exagerados, mientras otros movimientos simples y característicos, como el parpadeo o la acción de aclararse la garganta estaban casi ausentes. A la vez, las manifestaciones parecían crecer frente a tareas que les desagradaban y se aminoraban con las actividades favoritas.  

¿Simulación entonces? Para nada. De hecho, la neuróloga Suzzane O’Sullivan postula en su libro The Sleeping Beauties (Las Bellas Durmientes) que la evidencia sugiere que muchos médicos todavía no reconocen la diferencia entre la simulación y los trastornos funcionales. Y que, lamentablemente es esta fusión entre lo funcional y lo falso lo que explica por qué muchas personas están devastadas por el “trastorno funcional”: temen el juicio moral que traerá, siempre deslegitimando su padecimiento.

La misma autora, pero esta vez en su libro It’s all in your head (Todo está en tu cabeza), enfatiza en que dolencia no es sinónimo de enfermedad, sino que la primera, también llamada “padecimiento” es la respuesta humana a la enfermedad y describe la experiencia subjetiva  en cuanto a sensaciones, pero no explica que exista una enfermedad subyacente.

 

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