Entrevista al Prof. Dr. José Luis Jiménez | 27 SEP 21

Virus respiratorios: “Si es pandemia, se transmite por el aire”

Fue uno de los primeros en cuestionar la postura de la OMS de que la Covid-19 se contagiaba por gotas. La evidencia de que los virus respiratorios se propagan por aire implica desafíos.
Autor/a: Celina Abud Fuente: IntraMed 

“Hay que cambiar el chip: no solo la Covid-19, sino que casi todas las enfermedades respiratorias como la gripe, los resfriados, el SARS y el MERS se transmiten por el aire”, indicó el Prof. Dr. José Luis Jiménez, quien se especializó en el estudio de los aerosoles primero para analizar su impacto en el cambio climático y, más tarde, su rol en la transmisión del SARS-CoV-2. Convencido, durante 2020 participó junto con un grupo de científicos de una carta abierta a la OMS, que entonces negaba esta vía de transmisión.

“La estrechez de miras nos ha perjudicado, por eso es importante que frente a este tipo de emergencias se formen equipos interdisciplinarios”, dijo Jiménez, quien es catedrático de Química y Ciencias Ambientales de la Universidad de Colorado, EE. UU, a la par que vaticinó que “la próxima pandemia que salte de animales a humanos o escape de un laboratorio será por un coronavirus o un virus de la gripe (influenza)”. A su vez sentenció: “Si llega a ser una pandemia, es porque se transmite por aire”.

Con el cambio de posición de la OMS, Jiménez celebró que se haya caído un dogma que rigió por 110 años y, en sus redes,  tiene como tweet fijado un escrito realizado junto a colegas sobre la transmisión aérea de virus respiratorios. “En 1945, William Wells publicó un paper predecesor en Science en donde demostraba que la tuberculosis se transmitía por aire y sugirió que la ventilación estaba descuidada. Nosotros, en 2021, vinimos a decir exactamente lo mismo”, remarcó. 


Conceptos importantes, en palabras de Jiménez

• ¿Por qué hubo tanta reticencia de la OMS de reconocer la transmisión aérea del SARS-CoV-2 como dominante? Para empezar existe una razón histórica, porque en epidemiología desde 1910 rige el paradigma de que las enfermedades infecciosas no se transmiten por el aire, salvo el sarampión y la varicela. Se pensaba que se transmitían por gotas, por lo cual la distancia ayudaba porque las gotas se caían al suelo. Estos postulados fueron del norteamericano Charles Chapin, quien recopiló evidencia de apenas 30 años después de que (Louis) Pasteur y (Robert) Koch habían demostrado los gérmenes. El problema es que la propuesta de Chapin tuvo demasiado éxito y se convirtió en un dogma. Como se pensaba que la transmisión por aire era casi imposible, la OMS formó un comité para ver cómo se transmitía la Covid, donde había seis expertos en lavarse las manos pero cero expertos de transmisión por el aire. Y como estaban convencidos de que no se transmitía por esa vía, llevaron 100 años sin estudiar los aerosoles, que son muy complejos. También hubo un factor sociológico, porque cuando quienes veníamos de estos campos remarcábamos que cometían errores tremendos, como por ejemplo que “los aerosoles eran de 5 micras”, nos trataban de ignorantes. Cuando para julio de 2020 se acumulaba evidencia de que la transmisión iba en parte por aire y de manera más reciente se demostró que esta era la única forma importante de transmisión hubo reticencias por razones prácticas y políticas. Prácticas porque la OMS pensaba “si decimos que es por aire se creará alarma, se pensará que es tan contagiosa como el sarampión y habrá preocupación por la falta de barbijos N95 en los países de menores recursos”. Pero lo que en verdad creó alarma es que no podemos frenar la pandemia porque no le están diciendo cómo se transmite. Y la razón política es porque la mayoría de los gobiernos están más enfocados en la economía que en la salud y ni bien pasen la ola de casos quieren aperturas lo antes posible. Para ellos un virus que va por superficie es menos alarmante, porque con no tocar o desinfectar ya estás a salvo. Mientras que para un virus que va por el aire requiere hacer más cosas, aunque la mayoría de las medidas son gratis o de bajo costo: abrir las ventanas, priorizar actividades al aire libre, ajustarse las mascarillas o invertir u$s 100 por colegio en un medidor de CO2.

•Medidas eficaces. Es mejor que las actividades se realicen al aire libre, sobre todo las que tienen que ver con hablar (donde se expulsa 10 veces más aerosoles que respirar) o cantar y gritar (donde salen 50 veces más). Al aire libre no hace falta llevar mascarilla si hay distancia pero sí cuando no se tenga. La distancia funciona, pero no para que las “gotas” caigan al suelo, sino porque al estar cerca de alguien, respiras el aire que sale de ellos. Es como un humo invisible. Si sientes en una persona su aliento a ajo, ese aire puede tener virus. Después están las mascarillas, que en interiores deben usarse siempre y estar bien pegadas a la cara para filtrar el aire sin dejar huecos (y no cómo se solía decir, para evitar la llegada de proyectiles). Después en ambientes cerrados, en primer lugar se debe ventilar (echar afuera el virus) y medir CO2 (dióxido de carbono) de tanto en tanto. Si no puedo ventilar paso a filtrar (me quedo con el aire pero voy a quitarle el virus) pero eso cuesta dinero. Si se construye un edificio nuevo, hay que colocarle el mejor filtro que aguante o si no comprar los filtros HEPA comerciales. Como tercera opción está desinfectar el aire (matar el virus aunque quede flotando). Una técnica que sí funciona es el uso los rayos ultravioletas, pero cuando se aplican de forma correcta, sale más caro que filtrar. Luego hay otras técnicas con productos químicos que reaccionan a las células del virus, pero no se recomiendan porque también podrían perjudicarnos a nosotros.

 

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