Parte II: Cómo pensar la clínica | 04 SEP 21

La soledad de los datos (audiovisual)

Las enfermedades son fenómenos "situados" y sensibles al contexto. La fisiología describe pero, a veces, no explica las causas profundas de la clínica
Autor/a: Daniel Flichtentrei 

“Las ideas se tienen; en las creencias se está” (Ortega y Gasset).

Es nuestro propósito sacar a la luz los supuestos implícitos y los marcos teóricos que sostienen nuestra tarea. En momentos en los que el vértigo de los datos parece confundir información con conocimiento, nos hemos propuesto ofrecer una pausa reflexiva que devuelva el sentido a lo que hemos elegido hacer. El objeto de la medicina es el padecimiento humano. Es el "arte" de poner lo que sabemos al servicio de los valores y las necesidades de quienes lo necesitan. Es el arduo equilibrio entre lo general y lo particular, entre el caso y las poblaciones, entre lo analítico y lo reflexivo, entre las cifras y las historias personales. Ojalá ustedes también crean que esta instancia para pensar juntos es necesaria, es imperativa y es urgente.

“Lo corriente en el hombre es la tendencia a creer verdadero cuanto le reporta alguna utilidad. Por eso, hay tantos hombres capaces de comulgar con las ruedas del molino”. Antonio Machado, “Juan de Mairena”.

Hay preguntas que casi nunca nos hacemos. El sentido común da por probadas muchas de nuestras creencias y eso nos permite transitar por la vida con una seguridad que tranquiliza, aunque no tenga fundamentos. Formularnos ciertos interrogantes acerca de cosas que lucen obvias y autoevidentes nos saca del sueño narcótico de nuestra zona de confort. Es una experiencia a menudo amenazante, dolorosa, pero siempre necesaria.
 
La reflexión acerca de nuestros propios procesos mentales es infrecuente. Nos enfrenta a cosas acerca de las que creíamos no tener dudas pero de las que no tenemos pruebas. La metacognición es la base del escepticismo saludable y táctico. Pensar acerca de nuestro propio pensamiento es una forma de “higiene mental” reflexiva que nos protege de las falsas creencias y de las prácticas infundadas.
 
Tenemos una tendencia a buscar y encontrar patrones e improvisar teorías y narraciones. Al intentar dar sentido al mundo formulamos teorías y buscamos información que las confirme. Todo lo que sea ambiguo lo interpretamos a favor de nuestra teoría y desechamos lo que no encaja escondiéndolo -de nosotros mismos- en una zona de penumbra cognitiva. De se modo construimos una falsa sensación de conocimiento y seguridad que hace que nos moleste que alguien nos discuta o nos demuestre que estamos equivocados. Sesgo de confirmación, razonamiento motivado y muchos otros desvíos del pensamiento tienen como función impedir que la realidad nos saque de nuestra zona de confort.

 

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