Los riesgos de la "infodemia" | 15 NOV 20

Ocho mitos persistentes del COVID-19 y por qué algunas personas aún creen en ellos

Sesgos y falsas creencias y su influencia en la conducta
Autor/a: Eduardo L. De Vito  MEDICINA (Buenos Aires) 2020; 80
INDICE:  1. Texto principal | 2. Referencias bibliográficas
Texto principal

Desde un virus creado por humanos hasta teorías de conspiración de vacunas, Tanya Lewis, editora asociada de la revista Scientific American reúne las afirmaciones falsas más insidiosas sobre la pandemia1 . El mundo está luchando además contra un tipo diferente de epidemia: la desinformación. Esta “infodemia”, tan dañina como el propio COVID-19, lleva a las personas a minimizar la gravedad de la enfermedad, y a ignorar los consejos de salud pública, en favor de tratamientos o “curas” no comprobados.

Tanya Lewis, menciona una encuesta reciente de la Fundación John S. y James L. Knight y Gallup (una fundación estadounidense sin fines de lucro dedicada a fomentar comunidades informadas y comprometidas) según la cual cuatro de cada cinco estadounidenses dicen que la difusión de información errónea online es el mayor problema que enfrentan los medios de comunicación1 . Incluso con evidencia ampliamente disponible que indique lo contrario, las creencias son difíciles de cambiar. Estas son algunas de las falsedades más insidiosas sobre la pandemia y por qué están equivocadas.

Lewis centra su artículo en EE.UU., no obstante, las similitudes en otras latitudes son asombrosas, lo que motiva la reproducción de su artículo en algunos de sus pasajes más relevantes y el agregado de citas bibliográficas que reflejan la preocupación sobre el tema en nuestro medio2, 3.

1. El virus fue el resultado de ingeniería en un laboratorio en China

Como sabemos, el patógeno surgió por primera vez en Wuhan, China. El presidente Donald Trump y otros han afirmado, sin evidencia, que comenzó en un laboratorio allí, y algunos creen que fue diseñado como un arma biológica1 .

> Por qué es falso: Las agencias de inteligencia de EE.UU. han negado categóricamente la posibilidad de que el virus haya sido diseñado en un laboratorio. Esto está de acuerdo con el amplio consenso científico de que el COVID-19 no fue creado por el hombre ni modificado genéticamente.

> Por qué algunos lo creen: Se busca un chivo expiatorio por el inmenso sufrimiento y las consecuencias económicas causadas por el COVID-19, y China, un país extranjero y competidor de EE.UU., es un blanco fácil. Debido a que las liberaciones accidentales de patógenos en el laboratorio son poco probables, pero no imposibles, esto proporciona la legitimidad suficiente para respaldar la narrativa de que China diseñó intencionalmente el virus para desencadenar la pandemia1 .

2. COVID-19 no es peor que la gripe estacional

También esta fue una afirmación de D. Trump, que minimizaba la gravedad del COVID-191 .

> Por qué es falso: La tasa precisa de mortalidad por infección de COVID-19 es difícil de medir, pero los epidemiólogos sospechan que es mucho más alta que la de la gripe: entre 0.5 y 1% en comparación con el 0.1% de la gripe influenza estacional. Los CDC estiman que esta última produce entre 12 000 a 61 000 muertes por año en los EE.UU. En contraste, hasta mediados de septiembre, COVID-19 había causado ya 200 000 muertes en ese país. El coronavirus no es “solo una gripe”.

> Por qué algunos lo creen: Porque ciertos “líderes de opinión” lo siguen diciendo, aunque la realidad lo desmienta. Por el contrario, es probable que las muertes comunicadas por COVID-19 estén subestimadas1 .

3. No es necesario usar máscara

A pesar de un fuerte consenso entre las autoridades de salud pública de que las máscaras limitan la transmisión del coronavirus, muchas personas se han negado a usarlas1 .

> Por qué es falso: Se sabe desde hace mucho tiempo que las mascarillas faciales son un medio eficaz para lo que los epidemiólogos llaman control de fuentes. Un artículo publicado en The Lancet analizó más de 170 estudios y concluyó que las mascarillas (barbijos) pueden prevenir la infección por COVID-194 . También se ha establecido ampliamente que las personas pueden infectarse y propagar COVID-19 sin desarrollar síntomas, por lo que usar una máscara puede evitar que las personas asintomáticas transmitan el virus5 .

> Por qué alguna gente lo cree: La orientación inicial sobre las máscaras fue confusa e inconsistente, lo que sugería que el público en general no necesitaba usar máscaras a menos que tuviera síntomas de una infección. La escasez de mascarillas quirúrgicas y N95 de alta calidad, impulsó en parte la idea de que éstas deberían reservarse para los trabajadores de la salud. A pesar de que las máscaras faciales ahora son especialmente recomendadas u obligatorias, hay quienes aún se niegan a usarlas porque lo consideran castrador o una violación de sus libertades civiles1 .

4. En EE.UU. las elites ricas están utilizando el virus para lucrar con las vacunas

En el libro y en la película Plandemic, Judy Mikovits, afirma, sin fundamento, que el director del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas, Anthony Fauci y el cofundador de Microsoft, Bill Gates, podrían estar usando su poder para beneficiarse de una vacuna COVID-19. Sin aportar evidencias, Plandemic afirma que el virus fue creado en un laboratorio y que el uso de máscaras “activa su propio virus”. Diversos grupos anti-vacunas compartieron el video de un tramo de la película que fue visto más de ocho millones de veces en YouTube, Facebook, Twitter e Instagram antes de ser eliminado8 .

5. La hidroxicloroquina es un tratamiento efectivo

Todo comenzó cuando un pequeño estudio en Francia sugirió que la hidroxicloroquina podría ser eficaz para tratar la enfermedad. Algunas personas han continuado promocionando el medicamento no obstante la creciente evidencia de que no beneficia a los pacientes con COVID-191 .

> Por qué es falso: Varios estudios han demostrado que la hidroxicloroquina no protege contra el COVID-19 en quienes están expuestos. La FDA inicialmente autorizó su uso de emergencia, pero luego advirtió contra su uso debido al riesgo de problemas cardíacos y finalmente revocó su autorización. En junio, los Institutos Nacionales de Salud de EE.UU. detuvieron su ensayo clínico, afirmando que, aunque no era perjudicial para los pacientes, no brindaba ningún beneficio.

> Por qué alguna gente lo cree: Porque los informes iniciales sugirieron que la hidroxicloroquina podría ser un fármaco potencialmente prometedor y es probable que muchas personas crean lo primero que aprenden sobre un tema, un fenómeno llamado sesgo de anclaje1 . La hidroxicloroquina no tiene ningún rol terapéutico en pacientes con COVID-19.

 

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