Respuesta social efectiva | 18 MAY 20

La ciencia social y del comportamiento en la respuesta a la pandemia COVID-19

La crisis requiere un cambio de comportamiento a gran escala y supone una carga psicológica importante para las personas, se pueden utilizar los conocimientos de las ciencias sociales y del comportamiento para implementarlo
Autor/a: Jay J. Van Bavel, Katherine Baicker, Robb Willer, et al  Fuente: Nature Human Behaviour DOI https://doi.org/10.1038/s41562-020-0884-z Using social and behavioural science to support COVID-19 pandemic response
INDICE:  1. Página 1 | 2. Comunicación | 3. Stress
Stress

Estrés y afrontamiento

Incluso para los hogares libres del virus, es probable que la pandemia funcione como un estresante importante, especialmente en términos de ansiedad crónica y dificultades económicas. Dichos efectos pueden verse exacerbados por políticas de autoaislamiento que pueden aumentar el aislamiento social y las dificultades de relación. En esta sección, consideramos algunas estrategias para mitigar las amenazas relacionadas con el virus a la conexión social, las relaciones íntimas y el estrés.

Aislamiento social y conexión

En ausencia de una vacuna, una de las estrategias más vitales para frenar la pandemia es el distanciamiento social. Sin embargo, el distanciamiento choca con el profundo instinto humano de conectarse con los demás216. La conexión social ayuda a las personas a regular las emociones, lidiar con el estrés y permanecer resistentes durante los tiempos difíciles217,218,219,220.

Por el contrario, la soledad y el aislamiento social empeoran la carga del estrés y a menudo producen efectos nocivos sobre la salud mental, cardiovascular e inmunológica221,222.

Los adultos mayores, que corren el mayor riesgo de presentar síntomas graves por COVID-19, también son muy susceptibles al aislamiento223. El distanciamiento amenaza con agravar los sentimientos de soledad y podría producir consecuencias negativas para la salud a largo plazo.

Los académicos han identificado estrategias que podrían mitigar estos resultados.

Primero, en términos psicológicos, la soledad se interpreta como el estado subjetivo de que uno no está experimentando suficiente conexión social, mientras que el aislamiento es una falta objetiva de interacciones sociales224.

Esto significa que uno puede estar aislado pero no solo, o solo en una multitud.

Por lo tanto, el término "distanciamiento social" podría implicar que uno necesita cortar las interacciones significativas. Un término alternativo útil podría ser "distanciamiento físico", para ayudar a resaltar el hecho de que la conexión social es posible incluso cuando las personas están físicamente separadas.

Las interacciones en línea también pueden fomentar un sentido de conexión. Tanto recibir como brindar apoyo en línea puede reforzar el bienestar psicológico225. Sin embargo, advertimos contra el uso pasivo mejorado de las redes sociales, ya que la investigación sugiere que puede no contribuir a la sensación de conexión social226,227.

En cambio, las tecnologías que son ricas en información, diádicas y temporalmente sincrónicas parecen más adecuadas para generar empatía y conexión228,229. Se debe prestar especial atención a ayudar a las personas que están menos familiarizadas con estas tecnologías a aprender cómo aprovechar las conexiones digitales.

Relaciones íntimas

Los efectos sociales de la pandemia también se extienden al interior de nuestros hogares, donde muchas personas se encuentran en una repentina y forzada proximidad con su familia inmediata. Las personas sujetas a cuarentena o autoaislamiento corren el riesgo de confusión y enojo230, tendencias emocionales que pueden ser explosivas cuando varios miembros del hogar los soportan simultáneamente durante semanas o meses. De hecho, algunos estudios sugieren que la proximidad forzada es un factor de riesgo para la agresión231,232 y la violencia doméstica233.

Incluso sin una proximidad forzada, el estrés, incluido el estrés económico234, está relacionado con dificultades de relación. A menudo cambia el contenido de las interacciones sociales (por ejemplo, más enfoque en la logística desagradable, menos enfoque en la conexión emocional) y socava los recursos psicológicos, como la empatía y la paciencia, que hacen que las interacciones desafiantes se desarrollen sin problemas235.

Un estudio de los efectos del huracán Hugo en 1989, por ejemplo, reveló que las áreas más afectadas experimentaron un aumento en la tasa de divorcios236. Sin embargo, las noticias no son del todo malas: el estudio de huracanes también documentó el aumento de las tasas de matrimonio y natalidad236.

Parece que los principales factores estresantes alteran las trayectorias de nuestras relaciones íntimas, pero los investigadores aún están desempacando cuándo, por qué y para quién estos efectos son perjudiciales o beneficiosos.

 

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