Alternativas terapéuticas para una enfermedad incapacitante | 31 AGO 20

Artrosis de rodilla

El dolor de la artrosis de rodilla sintomática genera un impacto significativo en la función y la calidad de vida de los pacientes que tienen esta condición
Autor/a: Hrnack S, Barber F Phys Sportsmed. 2014 Sep;42(3):63-70
Introducción 

La artrosis es una patología frecuente en adultos mayores. Afecta a cerca de 27 millones de personas en los Estados Unidos. Provoca síntomas discapacitantes en cerca del 10% de las personas mayores de 55 años. Esto se debe a que la actividad física cotidiana puede dañar el cartílago y agravar los síntomas.  

La artrosis también se denomina enfermedad articular degenerativa o simplemente artritis degenerativa. Existen dos tipos de artrosis: la primaria provocada por causas desconocidas y la secundaria, que tiene causas específicas como trauma, condiciones reumatológicas, deformidades congénitas y, a veces, trastornos metabólicos o endocrinos. 

Los pacientes con artrosis de rodilla tienen síntomas relacionados con la degeneración articular y la inflamación como dolor, hinchazón, rigidez, síntomas mecánicos y pérdida del movimiento. La pérdida del cartílago en la articulación sinovial lleva a cambios en el hueso, que se evidencian en radiografías con alteraciones como estrechamiento del espacio articular, osteofitos y quistes subcondrales. 

Los factores de riesgo para artrosis son la edad avanzada, el sexo femenino, daño articular previo, antecedentes familiares y obesidad.

La rotura de meniscos también se asocia con la artrosis , y se ha demostrado que las rodillas con desgarro de meniscos y extrusión de meniscos tienen un riesgo aumentado para el desarrollo de esta enfermedad. Además, las personas mayores suelen tener mayor trauma acumulado que las personas jóvenes. 

Existen opciones no quirúrgicas, como terapia física, plantillas de calzado e inyecciones intraarticulares que pueden ser efectivas. El objetivo de todas estas alternativas es disminuir el dolor y aumentar la función general del paciente. 

Modificación de la Actividad y Fisioterapia 

El dolor de la artrosis de rodilla provoca debilidad y pérdida de función muscular y pérdida de la propiocepción y control postural entre otros trastornos.

La fisioterapia es una opción muy poco empleada, aunque potencialmente beneficiosa. Esta puede enfocarse sobre ejercicios aeróbicos o de resistencia; en estadios avanzados es preferible aumentar la flexibilidad articular y el rango de movimiento.

La gimnasia acuática puede ser extremadamente efectiva, aunque estudios recientes demuestran que los ejercicios terrestres pueden reducir el dolor y mejorar la función en plazos cortos. El enfoque debe ser planteado sobre la base de las características físicas del paciente, sus preferencias y los recursos disponibles. 

Los adultos con artrosis suelen ser físicamente inactivos. En una revisión se encontró que la caminata aeróbica y los ejercicios de fortalecimiento del cuádriceps disminuyen el dolor y la discapacidad de la rodilla con artrosis, sin que se registraran diferencias entre ellos. La continuidad del ejercicio en el tiempo es el factor principal para que exista una mejora. 

Pérdida de Peso

 La pérdida de peso corporal reduce la carga sobre las rodillas y reduce el dolor. Este objetivo puede lograrse mediante la modificación del estilo de vida, lo que mejora la capacidad del paciente para realizar actividad física y disminuye el deterioro articular progresivo del cartílago.

En un estudio aleatorizado se demostró que la pérdida de peso disminuye de forma significativa el dolor, la rigidez y la función. Inclusive pérdidas del 10% pueden generar un descenso considerable en la carga de compresión de la rodilla durante caminatas comparado con pacientes que no adelgazaron. 

Si bien una pérdida de peso mayor tiene mayores beneficios, deben tomarse precauciones con adultos mayores dado que, en este grupo, se asocia a pérdida de masa ósea y muscular, lo que a su vez aumenta el riesgo de caídas y fracturas. 

Terapia farmacológica 

El paracetamol o acetaminofeno es un tratamiento seguro y eficaz para pacientes con artrosis de leve a moderada. Si bien no tiene actividad antiinflamatoria, es uno de los analgésicos más seguros para la mucosa gástrica, la presión sanguínea y la función renal, aunque puede tener toxicidad renal y hepática dependiedo de las dosis utilizadas.

Los antiinflamatorios no esteroides (AINE) son una de las alternativas más empleadas para esta condición. Reducen tanto la inflamación como el dolor de la rodilla y son más eficaces que el paracetamol, aunque una revisión sistemática no encontró diferencias significativas entre los distintos AINE y regímenes de dosis para el tratamiento de la artrosis de rodilla.  

Si bien son medicamentos accesibles, tienen riesgos gastrointestinales asociados que deben ser considerados. Los pacientes con deterioro renal o cardiovascular deben evitar estos fármacos, y los pacientes ancianos deben emplearlos con cautela. 

La evidencia actual ha demostrado que algunas formulaciones de liberación sostenida son eficaces. Por ejemplo, el diclofenac de liberación prolongada es tan eficaz como el tramadol (un opioide) en el tratamiento del dolor debido a artrosis de rodilla. Esta última formulación tiene la ventaja de provocar menos eventos adversos. 

Los opioides no son la medicación de elección para la artrosis de rodilla y deben ser usados solo cuando no exista otra alternativa. Los pacientes que emplean estos fármacos deben ser aconsejados respecto de la constipación, náuseas y sedación excesiva. El tramadol es un analgésico de acción central con actividad opioide leve que puede ser empleado en pacientes con artrosis de rodilla o cadera. 

 

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