Vocación de servicio | 24 AGO 10

¿Por qué somos clínicos los clínicos?

"Entusiasmo por estar muy cerca del paciente en la eterna contienda de defender la salud y prevenir la enfermedad".
Autor/a: Dr. Carlos Alberto Yelin 


 
-Señor, ¿usted es médico?

-Sí.

-Qué especialidad?

-Clínico...


No era necesario ser muy perspicaz, para percibir que una conversación que prometía ser más prolongada, se agotaba, acompañada de un gesto perplejo, teñido de algo de desolación. El entusiasmo de la pregunta, y la curiosidad que llevaba implícita quedaba desdibujado, y nuestro ocasional interlocutor, de los más diferentes niveles socio-culturales, trataba de cambiar de tema o seguía en sus menesteres.

En general, esta pequeña experiencia, se nos ha repetido hasta la actualidad en forma constante, en toda la vida, y en las más distintas circunstancias.

Es interesante que, a pesar del tiempo transcurrido, siempre se reitera la misma percepción: ...He desilusionado a mi interlocutor ocasional, quizá le hubiera entusiasmado enterarse de que soy especialista en cirugía cardiovascular, ortopedia infantil, etc. Nosotros insistíamos en sentirnos satisfechos de ser clínicos, pero a la gente la seguía desorientando, provocándole el entendimiento que se imaginaba en una frase: ...Pobre...., se “quedó” en clínico...

Si tomamos como referencia la conceptualización que la gente sigue teniendo, salvo contadas excepciones, del significado de la especialidad de clínica , seguramente no es ésa la causa por la que la elegimos.

Si recordara el desencanto con el que el Prof. Juan Martínez, decía: “deberemos quedarnos con el ombligo, que el resto ya no nos corresponde”(Él era particularmente respetuoso de las incumbencias); tampoco allí encontraremos una explicación de la elección.

En la presente entrega, pretendemos hacer un personal análisis de las razones que nos motivan a los clínicos a elegir la especialidad.

En nuestro caso personal no tendríamos ninguna duda en afirmar, que la principal razón, que nos impulsó a dicha selección está vinculada a una definida tendencia a desentrañar las situaciones complejas. Partir de la complejidad para llegar a una solución simple. Esa matriz de pensamiento, que propone la reflexión de todas las situaciones médicas, y que estaría vinculada, a lo que Edgar Morin, pensador y filósofo francés, denomina pensamiento complejo.

En el año 1974, en la Facultad de Medicina de Rosario, con la gestación de un “mini” cambio curricular, un grupo de clínicos  reiniciamos el dictado de la materia Semiología, que tres años antes había sido reemplazada por “Semiotecnia”, proceso que consistía en enseñar en 30 días teóricamente, maniobras palpatorias.

Ese grupo de Clínicos, tenía como denominador común, la tendencia a la visión ampliada del espectro del paciente, y una concepción de integridad. Recordemos que el nuevo espacio docente se llamó “Medicina Integral del Adulto”.

Si analizamos a ese grupo, porque de lo contrario, para lograr alguna evidencia, tendríamos que efectuar una larga serie de entrevistas con un interrogatorio pormenorizado sobre las eventuales razones de la elección, nuestras comunes observaciones en ésos docentes, eran:

1: Tendencia a actuar como “moderadores” en la actividad médica.

2: Coordinaban los seminarios. 

3: Tenían la particularidad de ver los aspectos psicológicos y sociales de los casos biológicamente problemáticos.

4: Tendencia a la búsqueda del sustento fisiopatológico.

5: Buscaban siempre  la apoyatura semiológica.

6: Mayor tendencia a informarse de los datos del paciente, que de los estudios complementarios.

7: Especial proclividad a respetar los deseos de los pacientes para el procedimiento diagnóstico-terapéutico.

8: Estudiar lo imprescindible con exámenes complementarios.

9: Concebir el evento que traía al paciente a la consulta como una circunstancia en toda su problemática humana.

Si conjugamos los aspectos principales, surgía un perfil, o,  características comunes de los matices que nos condicionan a ser clínicos. Quizá, la enumeración consignada, puede resultar exagerada. No eran todos así, pero si hoy, 35 años después, analizamos en forma retrospectiva el comportamiento, ésa es la sensación personal que nos queda. Tampoco se nos ocurriría pensar que las observaciones consignadas son privativas del clínico. Todos los médicos, cualquiera fuese la especialidad, tienen en común preocuparse por el sufrimiento psicológico, social, o la coyuntura económica del paciente. Pero mientras el paciente imagina nítidamente, que el ataque de pánico, no le incumbe al ortopedista, o al especialista de imágenes, la pertinencia nuestra es para los enfermos mucho más amplia.

No es nuestra intención, en éste relato, hacer un estudio de las definiciones de clínico, internista, médico de atención primaria, generalista, o médico de familia. Es probable que, cuando nos referimos a “clínicos”, hablamos de todos ellos. La determinada elección dentro de alguno de los títulos  mencionados, se decidirá seguramente por rasgos personales que seleccionan el ámbito de la misma actividad en la que se sienten más cómodos.

Pero sí nos gustaría analizar la enumeración arriba consignada, para tratar de encontrar una especie de patrón de comportamiento, que constituya el disparador que nos impulsa a ubicarnos dentro de la tarea del clínico. Quizá la metodología a emplear, sean ejemplos prácticos, para de esta manera, intentar ser más objetivos.

1-Tendencia a actuar como moderadores de la actividad médica.

Cuando a una paciente intervenida por un cáncer de pulmón en los 3 años previos, se le descubre un nódulo en las proximidades del área quirúrgica: el cirujano recomienda intentar estudios complementarios; la oncóloga una Tomografía con Emisión de Positrones,(PET); el neumonólogo indica la cirugía, nuestra intervención se convierte en un  auxilio para la decisión de la paciente, que además tiene el ingrediente  que no desea ser intervenida. Con esto, no planteamos que nuestra opinión puede ser ni más importante ni definitoria. Simplemente que debemos educarnos en el ejercicio del consejo moderador de las situaciones confusas o conflictivas.

2-Coordinaban los seminarios.

Todos conocemos las funciones de un coordinador, con el clásico ejemplo de un director de orquesta, que no toca con precisión ningún instrumento, pero conoce la oportunidad  en la que cada uno debe introducirse para ser interpretado. Sabemos, que los grupos interactuados, no necesitan un coordinador. Pero reconozcamos que, la mayoría del ejercicio médico en nuestro medio, se realiza en el consultorio, y no es  la interacción profesional, la más usual de las modalidades.

 

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